Martes, 19 Agosto 2025 17:52

Una estrategia de “golpeteo y retroceso” para negociar: cooperación sí, invasión no – Por Gustavo Ferrari Wolfenson

www.Hoy24Horas.com   presenta a sus lectores la segunda parte de la entrevista con Gustavo Ferrari Wolfenson. El politólogo argentino radicado en México desde hace varias décadas analiza en este medio algunas de las mayores problemáticas que hoy enfrenta México y cómo estas dificultan, tensan y complejizan el clima en la relación bilateral con Estados Unidos, que acusa, de momento, una estrategia de “golpeteo y retroceso” como mecanismo de negociación, en criterio del observador.Clara Riveros:

El reportaje de investigación publicado en The Neue Zürcher Zeitung (NZZ) y que comentamos en días pasados, menciona que México fracasó en su demanda multimillonaria contra fabricantes de armas estadounidenses y que no hay demasiadas vías legales para detener el contrabando de armamento que cada vez hace más poderosos a los cárteles. ¿Cuál es su opinión y que mecanismos tiene México a diferentes niveles para enfrentar la situación?

Gustavo Ferrari Wolfenson: En 2021, México demandó a fabricantes de armas estadounidenses por $10 mil millones, acusándolos de negligencia al permitir el tráfico de armas hacia el país, factor que contribuye a la violencia y al poder del narcotráfico. La demanda alega que las empresas, como Smith & Wesson, sabían que sus armas estaban siendo vendidas a traficantes que las introducían ilegalmente al país.

Por su parte, la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que el gobierno mexicano no puede demandar a los fabricantes de armas estadounidenses por su presunta responsabilidad en la violencia desatada por el narco en México. El alto tribunal concluyó que la legislación estadounidense exime de responsabilidad a los fabricantes de armas y no admite la demanda del gobierno de México.

En ese ida y vuelta de reclamos, México y Estados Unidos acordaron nuevos mecanismos para combatir el tráfico de armas y explosivos que “contribuirán a desarticular redes criminales y a reducir el flujo de armamento ilegal en la región, reafirmando el compromiso compartido para combatir el narcoterrorismo. Estos acuerdos surgidos de la tercera Mesa Redonda sobre el Combate al Tráfico de Armas y Explosivos, integrada por  autoridades de ambos países, pretenden y lo pongo ente comillas: “desmantelar las organizaciones criminales trasnacionales y proteger a las comunidades a ambos lados de la frontera”.

Los acuerdos contemplan la incorporación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) a la unidad de investigación de tráfico de armas. México reafirmó su compromiso para promover el uso del sistema e-Trace, que rastrea y analiza armas de fuego y ayuda a identificar a traficantes de éstas, potenciales sospechosos y patrones de delitos violentos con armas para ayudar a que las agencias de la ley y el orden resuelvan casos de delitos. Además, acordaron fortalecer el aprovechamiento estratégico de la información relacionada con drones armados; se estableció un mecanismo permanente de intercambio de información sobre tendencias emergentes en el tráfico de armas de fuego, permitiendo una respuesta más ágil y coordinada ante las amenazas compartidas, estos son algunos de los compromisos y acuerdos, pero hay más.

Todo esto habla de cooperación intergubernamental. Pero desde ya que los funcionarios mexicanos han rechazado rotundamente, en público y en privado, las sugerencias de una acción militar estadounidense contra los cárteles de la droga en territorio mexicano. Como lo corroboró la presidenta Sheinbaum en los últimos días cuando señalo que Estados Unidos no va a intervenir en territorio mexicano o a utilizar sus fuerzas armadas dentro del territorio: “Estados Unidos no va a venir a México con los militares. Cooperamos, colaboramos, pero no va a haber invasión. Eso está descartado, absolutamente descartado”, dijo. La aclaración se da en respuesta a la noticia difundida de que el presidente Trump había ordenado al Pentágono enfrentar los cárteles de la droga que Estados Unidos considera organizaciones terroristas.

C.R.: ¿Cómo analiza la política de “abrazos, no balazos” promovida por el expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador? ¿Cuáles han sido los cambios sustanciales, para enfrentar este enorme problema, en la estrategia de seguridad de la sucesora y correligionaria de AMLO, la presidenta Claudia Sheinbaum?

G.F.W.: La política de «abrazos, no balazos» en México, implementada durante el gobierno de AMLO no ha logrado reducir significativamente la violencia y ha sido objeto de críticas por su falta de efectividad. La estrategia no logró contener la violencia, y algunos incluso consideran que fracasó. Si bien buscaba atender las causas de la violencia con programas sociales y evitar confrontaciones directas con grupos criminales, no logró una disminución notable en los índices de criminalidad. Un ejemplo en términos cuantitativos es que entre diciembre de 2018 y diciembre de 2023 se contabilizaron 170. 800 personas asesinadas en todo el país; más que en los sexenios de Calderón Hinojosa y Peña Nieto.

Otro dato interesante para destacar es que nunca México había estado más militarizado y nunca se había usado a las fuerzas armadas con tanta decisión para combatir a la delincuencia organizada como ahora. La frase de “abrazos y no balazos” fue una forma de no declarar nuevamente la guerra contra la delincuencia. Ahora, en la práctica, lo que se ve es la guerra contra el crimen y el delito, nunca antes el Ejército y la Armada habían tenido tanta presencia en todo el territorio nacional.

C.R.: ¿Considera que México está haciendo suficiente en la lucha contra el crimen organizado?

G.F.W.: Los mexicanos han visto pasar gobiernos de diferentes colores partidistas en los últimos 18 años que no han podido solucionar significativamente el que consideran el principal problema del país: la inseguridad. A partir de 2007, se empezó a registrar un gran aumento en las muertes producto de la violencia: hasta ahora se contabilizan más de 450.000 muertos, una alarmante cifra que no se había alcanzado desde la guerra civil de la Revolución Mexicana.

La violencia criminal varía enormemente entre los 2500 municipios del país: algunas localidades son remansos de paz, mientras que otras sufren devastadores enfrentamientos entre grupos criminales, muchos de las cuales tratan de controlar las alcaldías municipales. A medida que los grupos rivales se fragmentan y, por lo tanto, se multiplican, la intensificación del conflicto cobra la vida de muchos funcionarios locales con el agravante de que los gobiernos locales se cuentan ahora entre las instituciones más desprestigiadas del país y son vistos por muchos como cunas de la corrupción.

Paradójicamente desde que el expresidente Felipe Calderón emprendió una ofensiva frontal contra los carteles de la droga, hace casi dos décadas, México ha sufrido un aumento generalizado en los delitos violentos. El puñado de grupos que dominaba el panorama en la era de Calderón se desintegró, dando paso a más de 200 bandas criminales, repartidas de manera desigual por todo el país. En estados como Guanajuato, Guerrero, Zacatecas y Michoacán, alrededor de 80 municipios registran tasas muy elevadas de homicidios y otros delitos graves que continúan creciendo a medida que los grupos compiten por el control de las rutas de tráfico de drogas y migrantes, solo por citar dos de los lucrativos negocios ilícitos que asolan el país. Los grupos criminales han asesinado a cientos de alcaldes, concejales y candidatos locales. Proliferan las denuncias de complicidad entre funcionarios, fuerzas de seguridad y grupos criminales. Con la violencia letal rondando cerca de sus máximos históricos, las demandas públicas de protección contra la depredación criminal seguirán siendo un elemento fijo de la vida política en todos los niveles de gobierno.

En resumen, la delincuencia organizada se ha dado cuenta de que puede controlar gobiernos y territorios, expandir sus negocios, matar y difundir en videos sus actos barbáricos impunemente frente a instituciones y actores estatales incapaces de tocar sus intereses.

C.R.: ¿Cómo afecta o impacta puntualmente esta situación -el tráfico de armas desde Estados Unidos y el de drogas hacia Estados Unidos- en las relaciones comerciales y diplomáticas entre México y Estados Unidos?

G.F.W.: Las economías de Estados Unidos y México están profundamente vinculadas entre sí. Estados Unidos es, por mucho, el mayor socio comercial de México, mientras que México es el segundo socio comercial más grande de Estados Unidos.

Y aunque el volumen del comercio transfronterizo es enorme, lo que más caracteriza a la relación económica singular que existe entre Estados Unidos y México es la profunda integración de su manufactura. La mitad del comercio bilateral consiste en los insumos de producción, refacciones y materiales que se trasladan por la frontera en ambos sentidos, pues ambas naciones participan en la coproducción de toda clase de productos, desde automóviles hasta cerveza.

La integración económica y productiva —fomentada primero por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y después por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)— ha sincronizado las economías de Estados Unidos y México, las cuales ya suelen experimentar sus ciclos de auge y recesión de manera conjunta. Más profundo aún es el vínculo de competitividad que existe entre nuestras economías; gracias a la integración. Unos cinco millones de empleos de Estados Unidos dependen del comercio con México, y una cantidad igualmente extensa de empleos en México depende del comercio con Estados Unidos.

Con la llegada del presidente Trump se anunció una suba de aranceles a productos mexicanos y canadienses. Estos aranceles son considerados como una medida para motivar a esos países a detener el flujo de drogas ilícitas a través de las fronteras y a frenar la migración indocumentada. El presidente Trump tiene una perspectiva sobre todo del uso de la fuerza de manera unilateral que no simpatiza con la cooperación internacional y las organizaciones multilaterales.

En lugar de fortalecer la integración norteamericana, como había venido ocurriendo con el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., México y Canadá y su sucesor, el TMEC, la administración del presidente estadounidense ha optado por la “diplomacia coercitiva”, desdibujando los lazos con sus vecinos y con Europa.

La administración Trump se está conduciendo en varias bandas. Está por un lado trabajando la coordinación con México, pero por el otro lado también está elevando las amenazas y la posibilidad de romper esa colaboración, vía diplomacia coercitiva, con amenazas que alteran por completo el esquema de colaboración entre los países vecinos.

C.R.: Finalmente, ¿Cuáles son los retos y escenarios posibles para el México de la administración Sheinbaum ante esta desafiante realidad y en el marco de una relación que supone algún grado de complejidad y entendimiento con la administración del presidente Donald Trump?

G.F.W.: Evidentemente la administración de Claudia Sheinbaum se tropezó con un Donald Trump ‘reloaded’ que ha avanzado como nadie en ponerle un freno a la problemática que existe hoy en las relaciones entre los dos países en temas de inmigración ilegal, narcotráfico y fentanilo. Sheinbaum resaltó que México siempre buscará una buena relación con Estados Unidos desde una visión de iguales, como socios comerciales y economías integradas,  pero con tres mil kilómetros (km) de frontera en común y 40 millones de mexicanos en Estados Unidos, en ningún momento permitirá ninguna acción que afecte la soberanía del país y altere las vías diplomáticas históricas entre ambos países.

El gobierno de México debe convencer a su par americano de que están trabajando en el combate de los grupos delictivos; pero los índices de violencia deben ser palpables en la reducción de porcentajes; asimismo, que el combate a la producción del fentanilo no es un pasaje demagógico y que los asuntos migratorios deben encontrar una solución legal y en beneficio de ambos gobiernos. No es una tarea fácil, Sheinbaum planta cara a Trump con un estilo que al presidente norteamericano no le desagrada. Es golpeteo y retroceso para negociar. Así está siendo hasta ahora, al cumplirse casi un año de ambos en el poder.

Fuente: https://hoy24horas.com/entrevista/una-estrategia-de-golpeteo-y-retroceso-para-negociar-cooperacion-si-invasion-no/ 

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