Mientras al interior del bloque regional se sigue discutiendo en turno a su profundización o flexibilización (qué hacer con el arancel externo común) los demás Estados parte se están moviendo individualmente sin sacar los píe del plato del proceso de integración regional (Mercosur). Brasil, Uruguay y Paraguay parecen seguir los consejos de Milei con una postura ofensivas y proactivas frente a un mundo signado por la incertidumbre y la crisis del multilateralismo comercial como consecuencia del transaccionismo bilateral de Trump.
No sólo eso, los tres países buscan con sus acciones evitar la fractura de un sistema comercial ¨basado en reglas” dado el diagnóstico de que la fragmentación es un escenario muy desfavorable para la región.
Para contrarrestar la imposición de una suba de 50% de los aranceles, el gobierno de Lula parece decidido a profundizar la diversificación de vínculos para abrir nuevos mercados. Además de buscar fortalecer los vínculos con los BRICS + (Indonesia, Arabia Saudita), el presidente de Brasil viajó en abril a Japón y Vietnam en búsqueda de oportunidades de negocios en el sudeste asiático. A nivel regional, Brasil y México están fortaleciendo las (distantes) relaciones bilaterales tras la firma de dos acuerdos orientados al desarrollo de los biocombustibles y la promoción de inversiones.
Por su parte los dos socios menores del Mercosur también evitan la quietud frente a una economía internacional en ebullición. Según Financial Times, Uruguay y Paraguay están en conversaciones para sumarse a una iniciativa impulsada por Singapur y Emiratos Árabes Unidos (EAU) llamada “Future of Investment and Trade Partnership” (FIT-P) que busca agrupar a pequeñas y medianas economías para fortalecer sus vínculos comerciales y mantener vivo el “orden basado en reglas” que la administración Trump está derrumbando.
No sería un tratado sino un marco (framework) flexible para avanzar en agendas de facilitación de comercio y armonización regulatoria en temas como la digitalización de los documentos comerciales. Cabe recordar, que Paraguay lideró por el Mercosur la negociación del tratado concluido con Singapur y está encabezando la negociación en curso con EAU.
El activismo diplomático y comercial de nuestros socios del Mercosur contrasta con el (no) accionar de la Argentina. En los últimos meses la agenda parece estar concentrada exclusivamente en tener un “napkin deal” (acuerdo escrito en servilleta) con Trump, el cual sigue en negociación.
Si bien la Argentina quedó dentro de los países con el 10% de aranceles de base (mejor posición relativa) se espera que el dilatado acuerdo tenga novedades en relación a los aranceles sobre el acero y aluminio. Mientras tanto, la agenda internacional del presidente sigue concentrada en EEUU y Europa (con fututos viajes de tinte político) y una Cancillería sin capacidad de acción propia.
En definitiva, nuestros socios del Mercosur parecen agarrar la “lanza” para abrir nuevos mercados y el “escudo” para defender el sistema de las pulsiones proteccionistas y así lograr resiliencia frente a mundo cada vez más anómico, que se cierra, fragmenta. Estamos a tiempo de emularlos.



