Se trata de un régimen específico para atraer centros de datos, cómputo de alto rendimiento y capacidad de entrenamiento e inferencia de inteligencia artificial. Y, de paso, financia y fortalece el sistema de ciencia, tecnología e innovación y el esquema de política de emprendedores. Estimula, además, el uso de esos data center por parte de empresas brasileñas.
El régimen apunta a mejorar varias capacidades estratégicas: la capacidad de cálculo y la de desarrollar conocimiento, la de relacionamiento del sistema productivo con el científico y la del uso de gran capacidad de cálculo por parte de empresas locales, incluidas start ups.
El REDATA suspende por cinco años impuestos federales relevantes sobre equipos y componentes, entre ellos los impuestos de importación, sobre productos industrializados y las contribuciones PIS y COFINS (que se calculan sobre la facturación o los ingresos brutos de las empresas y sirven para financiar programas sociales y laborales).
Las empresas que ingresen al REDATA deberán invertir en Brasil un monto equivalente al 2% del valor de los bienes adquiridos o importados con los beneficios fiscales en proyectos de investigación, desarrollo e innovación vinculados con la economía digital.
Estos proyectos deberán realizarse con universidades, instituciones científicas y tecnológicas, entidades educativas, empresas públicas habilitadas u organismos brasileños de investigación aplicada.
El régimen establece, además, que como regla general al menos el 10% de la capacidad efectiva de procesamiento, almacenamiento y tratamiento de datos deberá destinarse al mercado brasileño. Esa obligación puede ser sustituida por una inversión adicional en I+D equivalente al 10% del valor de los equipos beneficiados.
Tiene, además, un elemento adicional interesante: parte de la capacidad reservada puede ser cedida gratuitamente a universidades, instituciones científicas o al sector público. Es decir, habilita expresamente a ceder capacidad de procesamiento, almacenamiento y tratamiento de datos a instituciones de ciencia y tecnología, o del conocimiento, o gubernamentales, para desarrollar políticas públicas entre las que se incluyen programas de fomento a startups y al ecosistema digital.
Contiene también una dimensión territorial de política industrial. Al menos el 40% de los recursos destinados a I+D derivados de estas obligaciones deberá dirigirse a proyectos en las regiones Norte, Nordeste y Centro Oeste. Con esto se apunta a fortalecer las capacidades de estos recursos estratégicos más allá de los grandes polos del sudeste brasileño.
De paso, el proyecto aprobado de REDATA tiene una dimensión relevante positiva para la Argentina. La versión aprobada habilita la posibilidad de que los proyectos beneficiados puedan abastecerse con generación térmica a gas natural. Esto favorece indirectamente al gas de Vaca Muerta. Brasil combina su política de atracción de infraestructura de inteligencia artificial con una matriz energética flexible para sostener grandes consumos eléctricos.
Brasil le agrega capacidad de cómputo a las ventajas competitivas que ya posee (mercado interno grande, disponibilidad de energía limpia, extensión territorial). Utiliza de manera explícita política fiscal, industrial, tecnológica y energética para hacerlo.
Los números empiezan a ser evidentes. En un marco de apetencia de los países por tener en su interior los grandes centros de datos que hacen falta para el funcionamiento de las tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial, los proyectos de centros de datos que solicitaron estudios para conectarse a la red brasileña pasaron de 19,8 GW a 26,2 GW en apenas dos meses después del impulso inicial del REDATA, de acuerdo a información de la Empresa de Pesquisa Energética.
Los buenos ejemplos hay que seguirlos y copiarlos. Argentina tiene que tener una política activa de impulso a la inteligencia artificial. A la aplicación de inteligencia artificial en las empresas. A la capacitación para aprovechar mejor las nuevas tecnologías.
Por supuesto, considerando todos los recaudos que hay que tener, pero el norte debe ser claro. Este cambio tecnológico es una oportunidad para mejorar en productividad. Tener capacidad de cálculo nacional es clave y es estratégico. Si no se diseñan bien, el enclave de grandes centros de datos es sólo problemático, sin beneficios, y con costos ambientales y energéticos.
Las iniciativas de estímulos para tener capacidad de cálculo tiene que buscar fortalecer el sistema de innovación, ciencia y tecnología y tiene que financiar el I+D local. Tiene que contribuir de manera clara y explícita la formación en todos los niveles en capacidades que permitan aprovechar el cambio tecnológico. Tiene que fortalecer la capacidad de cálculo nacional tanto estatal como privado, y tiene que facilitar el generar en nuestro país empresas y servicios de alta tecnología.
Fuente: https://nuevospapeles.com/nota/brasil-usa-los-data-centers-como-politica-de-desarrollo-una-leccion-para-la-argentina/


