Jueves, 30 Septiembre 2021 16:24

Facundo Manes: "Tomamos la mayoría de las decisiones con el piloto automático" - Por Leticia Blanco (EL MUNDO – España)

Escrito por Leticia Blanco

El neurólogo Facundo Manes reúne en 'Ser humanos' (Paidós) los grandes avances de la ciencia del cerebro de los últimos años y analiza qué influye en la toma de decisiones y en el comportamiento colectivo. 

Facundo manes era un joven estudiante de Medicina cuando vio por primera vez un cerebro en un bote de cristal lleno de formol. Fue en su primera clase de anatomía. «Pensé en todos los sueños, los amores, los odios de esa persona que había existido. Nunca tuve dudas de que ahí está todo», recuerda.

Desde entonces, este neurocientífico experto en psiquiatría que fundó el Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires no ha parado de investigar un órgano que, en muchos aspectos, sigue siendo un misterio («seguimos sin saber qué es la conciencia») y que en la última década y media ha vivido una extraordinaria época de descubrimientos. Manes los ha condensado en Ser Humanos. Todo lo que necesitas saber sobre el cerebro (Paidós), escrito durante el confinamiento y con una conclusión: la inteligencia colectiva es superior a la individual, nos necesitamos los unos a los otros. La soledad crónica mata ya más que la polución ambiental y tanto como la obesidad. «En cinco años lo más cool será el contacto humano. Estar enganchado al móvil no estará bien visto», pronostica.

Manes ha desarrollado buena parte de su carrera como neuropsiquiatra en Estados Unidos. Hoy, de vuelta a su Argentina natal, sigue viendo a algunos pacientes (sobre todo a los de Párkinson y Alzheimer, que suelen estar deprimidos) y dedica buena parte de su tiempo a la divulgación. «Me interesa la idea de cómo América Latina puede salir de la pobreza y llegar al Primer Mundo. No lo conseguiremos con materias primas, sino con el desarrollo humano, que es la principal riqueza de un país», sostiene.

Por eso en su ensayo le dedica una parte importante a nociones como el cerebro social, los sesgos que determinan las decisiones colectivas y el impacto de las normas sociales. «Existen dos sistemas de toma de decisiones: uno es racional, deliberado, analítico, que usamos a veces. No todo el día, porque requiere un gasto cognitivo y nuestros recursos no son ilimitados. Pero la mayoría de decisiones las tomamos sin pensar demasiado, están basadas en aprendizajes y experiencias previas. Funcionamos en modo piloto automático más de lo que creemos», apunta. Y eso tiene consecuencias directas en la conducta colectiva.

«Un ejemplo muy claro de ello es cuando aquí salió un ministro diciendo que teníamos que comer más verdura y menos carne. Está claro que aunque el mensaje sea acertado, muchos no le van a hacer caso. Hasta ahora las políticas públicas las han hecho economistas, juristas y funcionarios, pero creo que cada vez veremos a más expertos en conducta participando en ellas si queremos que realmente sean efectivas», explica.

Los motivos por los que hacemos las cosas no están siempre claros, incluso cuando lo que nos mueve parezca ser el altruismo. «En Alemania pocas personas donaban sus órganos al morir, mientras que en Austria, un país similar en historia, carácter, cultura y renta per cápita, sí. La explicación está en cómo se preguntaba: en Alemania, en el formulario para sacar el carné de conducir había una pregunta al respecto: si marcabas la casilla, donabas los órganos. Nadie la marcaba por default y por eso el índice de donaciones era tan bajo.

En Austria la pregunta estaba planteada al revés: tenías que marcar la casilla para no donar tus órganos. Así que todo el mundo los donaba». También se ha argumentado siempre que, si se pagara dinero por donar sangre, las donaciones descenderían porque el aspecto económico «obturaría la gratificación psicológica del acto de donar».

Otro ejemplo que a Manes le gusta explicar es los lavabos masculinos del aeropuerto de Ámsterdam. «Tenían un problema: todos meaban fuera del urinario. Si hubiesen puesto un cartel en la entrada con el mensaje: 'por favor, no meen fuera del lavabo', probablemente no hubiese pasado nada. Lo que hicieron fue dibujar una mosca en el mingitorio, de aspecto muy real. A partir de entonces, casi todos los varones, al orinar, apuntaban sin pensarlo a la mosca. Lo que quiero decir con esto es que nuestros recursos cognitivos son limitados y tendemos a reservarlos. Y el mundo actual, con todas sus distracciones, lo que hace es poner un impuesto sobre esos recursos porque estamos todo el día con redes y WhatsApp».

La buena noticia es que el cerebro humano es el único órgano que puede auto optimizarse. «Podemos reflexionar sobre la manera de pensar y mejorarla. El cerebro crea la realidad, así que podemos cambiar la manera como sentimos en función de cómo pensamos».

«La mentira, la manipulación y la capacidad de autoengaño han sido también motores de la evolución que nos han llevado a tener el cerebro tan maravilloso que hoy tenemos», sostiene Manes, que afirma que mentimos para convivir y procrear. «Todos mentimos, excepto los autistas, que no pueden y son literales. Todos nos auto engañamos y nos creemos más guapos e inteligentes de lo que somos. En realidad, deberíamos ser mucho menos optimistas. Sólo los depresivos son realistas», asegura el neuropsiquiatra.

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