Domingo, 17 Abril 2022 02:02

El calvario de alquilar en Buenos Aires: 130.000 pisos vacíos que nadie oferta - Por José Pablo Criales (EL PAIS- España)

Escrito por José Pablo Criales

Una regulación más estricta y la poca confianza a largo plazo en la moneda nacional derrumban el mercado. 

En los alrededores de la calle Jorge Luis Borges, una de las arterias principales del corazón cool de Buenos Aires, las agencias inmobiliarias trabajan a puerta cerrada. “No tenemos nada, pero estamos atentos a la página web”, dice un agente consultado sobre la calle Borges un lunes de abril.

“Subimos algo y como tiene 300 visitas en la primera hora se reserva en el día”, revela. El agente invita a pasar a su oficina y toma los datos del posible inquilino, aunque sabe que no hará negocio con él. Los empleados cumplen el horario mientras las ofertas caducadas en vitrina se despintan al sol. Algunas llevan expuestas más de dos años. A dos cuadras del Jardín Botánico de la ciudad, ya por la tarde, otra empleada asoma apenas la cabeza por la puerta entreabierta. “¿Vio esa pareja que se acaba de ir?”, apunta con la nariz calle abajo. “¡Reservaron el único departamento que teníamos!”.

La capital argentina tiene más de 130.000 viviendas vacías (el 9,2% del total), según el Instituto de Vivienda de la Ciudad, pero estos días las agencias no tienen nada para ofrecer.

Los aumentos anuales del alquiler trepan hasta el 75%, los gastos de servicios han llegado a valer lo mismo que un mes de renta y los salarios ya no cubren un alquiler básico. La economía argentina lleva más de tres décadas bajo la sombra de la inflación (este año supera el 50%), pero nunca, como ahora, supuso un gran problema para el mercado inmobiliario. La ley de alquileres, en vigencia desde julio de 2020, ha dinamitado el mercado.

Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en regular un mercado tradicionalmente opaco e informal. La norma elevó de dos a tres años el contrato mínimo de locación, dejó en manos del Estado la actualización anual del costo del alquiler basado en la inflación y los salarios y relajó las garantías exigidas a quien busca piso. Obligó además a los propietarios a declarar el contrato ante el fisco, es decir a pagar impuestos por el dinero recibido cada mes.

Para las agrupaciones de inquilinos, la ley fue una victoria para los nueve millones de argentinos cuya suerte habitacional estaba atada al humor de un arrendador. Pero las cosas no salieron como se esperaban. La combinación de más plazos, garantías más laxas, mayor presión fiscal y, sobre todo, una economía en pesos cade vez más imprevisible ahuyentó en manada a los dueños de pisos. Una mayoría prefirió vender o mantener sus casas vacías antes que someterse a la nueva regulación.

La calle Borges conecta la avenida Santa Fe, una de las principales de la zona rica de la ciudad, con el Palermo que reúne bares, galerías de arte, plazas con olor a marihuana y cafés llenos a media semana. Jorge Luis Borges, el poeta definitivo de la Argentina, nació aquí, en la antigua calle Serrano que ahora lleva su nombre. “Una manzana entera pero en mitá del campo / expuesta a las auroras y lluvias y sudestadas”, escribió Borges sobre el barrio de su infancia, rebautizado por la industria inmobiliaria como Palermo SoHo.

Mirándose en el espejo aspiracionista del bajo Manhattan de finales del siglo XX, donde los artistas de Nueva York se mudaron a un área renovada de la ciudad en lo que podría ser el primer gran hito de la gentrificación, Palermo SoHo se llenó, primero, de jóvenes bohemios, y después de dólares y tiendas de diseño. La marca fue tan exitosa que al barrio adyacente donde se asentaron las productoras de cine y televisión le pusieron Palermo Hollywood.

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