Argentina en el Mundo (349)

 

El Gobierno de Macri se reúne en Nueva York con los responsables del Fondo para obtener un dinero clave para sortear el impago de la deuda.

Argentina y el Fondo Monetario Internacional inician una semana crucial de conversaciones, pero con un regusto amargo a simulacro, en tanto que el FMI no cree que el actual Gobierno siga aún en unos meses y ese actual Ejecutivo duda de que vaya a seguir ahí.

La contundente victoria del candidato peronista Alberto Fernández en las primarias del pasado agosto hacen más que probable su victoria en los comicios de octubre y, con ella, la desconfianza del organismo internacional. Sobre la mesa hay un problema de corto plazo, el envío de 5.400 millones de dólares pendientes del rescate que el país necesita, y otro de largo, el auxilio de un país plagado de incertidumbre. Sobre ese último nadie se atreve a hacer cálculos.

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, y el presidente del Banco Central de Argentina, Guido Sandleris, se reunirán este martes en Nueva York con el director gerente interino del FMI, David Lipton, y el jefe para las Américas, Alejandro Werner, además de con inversores. El miércoles, en Washington, los dos altos cargos argentinos se verán con el jefe de la misión para Argentina, Roberto Cardarelli.

El objetivo de Lacunza es desbloquear el giro de 5.400 millones de dólares que estaba previsto para septiembre y que el Gobierno de Mauricio Macri requiere para afrontar los vencimientos de deuda de este mes y sortear el impago.

El FMI acordó con Argentina entre junio y septiembre de 2018 el mayor rescate de la historia de la institución, un préstamo de 57.000 millones de dólares, que equivalía al 10% del producto interior bruto (PIB) del país y suponía rememorar algunas de las peores pesadillas económicas en ese trozo de América. A cambio, el Gobierno de Mauricio Macri se comprometía a cuadrar las cuentas públicas —es decir, no gastar más de los que el Estado ingresa— en 2020, un objetivo que hoy, entre otros, parece inalcanzable.

En agosto, cuando Fernández, candidato de Frente a Todos, ganó con autoridad las primarias, los mercados financieros se echaron a temblar en un lunes negro en toda regla, temerosos como estaban de la situación de interinidad que se produciría en el Gobierno durante meses y de los riesgos para el rescate del FMI ante un nuevo presidente de corte peronista que se había dedicado previamente a maldecir el plan diseñado en Washington. La desconfianza retroalimentó la crisis argentina.

Acto seguido, Macri despachó una batería de medidas sociales para contener las heridas de la crisis, con una bajada de impuestos a la clase media, la subida de la ayuda a los más pobres y la congelación del precio de los servicios públicos y la gasolina. Y este paquete, previsto hasta diciembre (fecha en que ya habrá el nuevo Gobierno surgido de los comicios), también aleja al Ejecutivo de los compromisos asumidos con el FMI.

Así es cómo ha funcionado el circulo vicioso con Argentina, que tiene por delante un periodo muy complicado con los acreedores privados (en los próximos cuatro meses deben renovar alrededor de 15.000 millones de dólares en deuda, de los que 10.000 se encuentran en manos privadas) y con los públicos. El Fondo ha dicho muy poco en público.

El portavoz, Gerry Rice, ha insistido ante la prensa en que "las situaciones de mercado complejas y la actual incertidumbre en las políticas complican aún más la situación", mientras procede a revisar el programa. Fuentes cercanas a las conversaciones van más allá y hacen explícito el temor a las políticas peronistas que se avecinan, lo que puede convertir cualquier nuevo compromiso del actual Gobierno en papel mojado.

El Fondo no quiere, sin embargo, repetir los errores de la crisis griega, cuando el exceso de austeridad también reavivó la crisis y las metas financieras se revelaron poco realistas.

El calendario de revisión no está claro y la situación de interinidad en el propio Fondo —a punto de ratificar a Kristalina Georgieva como nueva directora gerente, en sustitución de Christine Lagarde—, tampoco ayuda. La semana pasada, el Gobierno declaró la emergencia alimentaria, con los comedores gratuitos desbordados por todas las familias que no pueden pagar la comida. Cuando los elefantes se pelean, la que sufre es la hierba que hay debajo.

 

Los problemas económicos son tierra fértil para eufemismos oficiales e invenciones más o menos ingeniosas de los operadores del mercado.

El 10 de diciembre de 2015, horas después de jurar como presidente, Mauricio Macri presentó a los argentinos “el mejor equipo [de Gobierno] de los últimos cincuenta años”. El calibre de la apuesta fue contra los “70 años de fracasos” que Macri consideró inaugurados por Juan Domingo Perón. Los resultados de gestión de aquel conjunto de notables, sin embargo, no fueron los esperados y la frase inició una larga lista de máximas presidenciales, eufemismos y jergas de nacimiento espontáneo que hoy sirven para traducir el progresivo deterioro de la economía argentina.

La lista es larga e incompleta, como cualquier enumeración de este tipo. Incluye frases que quedarán en la memoria popular y hasta términos recuperados de crisis anteriores. El conjunto es un vocabulario original que quita dramatismo a las consecuencias de un nuevo fracaso.

“Pesada herencia”

Durante los dos primeros años de gobierno de Mauricio Macri, todos los males de la economía argentina eran culpa de la “pesada herencia” recibida del kirchnerismo. La lista de descalabros era amplia: un Banco Central con reservas al mínimo, cepo cambiario, deuda en default con los llamados fondos buitre, inflación en torno al 25%, un déficit fiscal de 7% del PIB y una pobreza que rondaba el 30%.

El Gobierno enfrentó la “pesada herencia” con “gradualismo”, otro clásico del inicio macrista que refirió al ajuste escalonado de la economía. Para financiar el “gradualismo”, el Gobierno se endeudó en dólares. El endeudamiento será ahora parte de la “pesada herencia” que recibirá el próximo gobierno.

“Segundo semestre”

Es posible afirmar que la promoción del “segundo semestre” como un tiempo de bonanza y prosperidad fue tal vez el mayor error político de Macri. El “segundo semestre” debía empezar en julio de 2016, un momento mágico en que las penurias iniciales se convertirían en crecimiento sostenido. La oposición a Macri se mofa del optimismo de aquellos primeros meses de Gobierno, tanto como de las promesas de “pobreza cero” y “revolución de la alegría” que tanto impactaron en la opinión pública durante la campaña electoral que llevó al poder al macrismo.

“Lluvia de inversiones”

“Segundo semestre” y “lluvia de inversiones” forman parte de la misma serie. Macri llegó al Gobierno convencido de que su sola presencia en la Casa Rosada entusiasmaría tanto a los mercados que lloverían dólares sobre la economía argentina. Pero la “lluvia” nunca cayó y el “segundo semestre” nunca llegó.

“Sinceramiento tarifario”

Durante el primer semestre de Gobierno, Macri impulsó un aumento de las tarifas de los servicios públicos que en algunos casos superó el 1.000%. El objetivo fue la eliminación progresiva de los millonarios subsidios estatales con que el kirchnerismo había mantenido por los suelos el valor de la electricidad, el agua, el gas y el transporte. Para evitar términos antipáticos a la opinión pública como el usual “tarifazo”, el Gobierno habló de “sinceramiento tarifario”, esto es, ponerle a los servicios el valor que corresponde y no avalar más “la mentira kirchnerista”.

“Recalibrar las metas”

La lucha contra la inflación fue la batalla más dura del Gobierno de Macri. Durante la campaña, Macri dijo que bajar la inflación era “lo más fácil del mundo” y que las cifras anuales de dos dígitos heredadas del kirchnerismo eran evidencia de una mala gestión.

La realidad fue, sin embargo, más dura de lo que el presidente esperaba. El 28 diciembre de 2017, el equipo económico tuvo que subir las metas de inflación. Predijeron entonces que para 2018 la subida máxima no sería del 10% sino el 15% y que en 2019 los precios crecerían un 10%, frente al 5% del cálculo original.

El jefe de ministros, Marcos Peña, dijo que sólo se trató de “recalibrar las metas”, una estrategia surgida de información que antes, cuando asumieron, no tenían. El “recalibramiento” precipitó la renuncia del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, que sintió resentida su independencia del Ejecutivo. “Recalibrar” no fue suficiente, vistos los resultados. 2018 cerró con una inflación del 47,6% y la de 2019 alcanzará el 60%.

“Lo peor ya pasó”

El 1 de marzo de 2018, Macri dio un largo discurso ante el Congreso durante la tradicional apertura anual de sesiones. 2017 había mostrado una economía con “brotes verdes”, otro clásico de la época, y el presidente dio por terminada la crisis. “Lo peor ya pasó”, dijo ante los diputados y senadores que lo escuchaban. La frase se hizo popular para referir con ironía a situaciones traumáticas sin solución.

“Pasaron cosas”

Ante la evidencia de que lo peor estaba en realidad por venir, Macri acuñó otra frase que pronto se volvió célebre. Tras “lo peor ya pasó” vino “pasaron cosas”. Durante una entrevista en junio de 2018, el presidente intentó explicar el descalabro cambiario de abril y la disparada de la inflación. Dijo entonces que el país se había quedado sin crédito externo debido a la subida de tasas en EEUU y que la guerra comercial entre Washington y Pekín habían hecho estragos en la débil economía argentina. Recordó también la sequía, la peor en 40 años, que golpeó las exportaciones agrícolas que son el motor de las exportaciones. Macri resumió la situación con pocas palabras: "Veníamos bien, pero de golpe pasaron cosas”.

“Apoyo financiero”

Entre mayo y septiembre del año pasado, el directorio del Fondo Monetario Internacional aprobó la entrega a Argentina de un préstamo de 57.000 millones de dólares, la mayor cifra jamás otorgada por el organismo. El presidente Macri vinculó la dimensión de la ayuda a la confianza que el mundo depositaba en su Gobierno. En aquel momento, el Gobierno no habló de “rescate” del FMI sino de “apoyo financiero”.

“Reperfilar”

En agosto de este año, días después del triunfo del kirchnerista Alberto Fernández en las elecciones primarias del día 11, el Gobierno asumió que no podría cumplir con el cronograma de pagos de su deuda con el FMI y los tenedores privados de bonos. Anunció entonces un “reperfilamiento” de los vencimientos a corto plazo en pesos y el inicio de negociaciones con Fondo. Evitó así hablar de refinanciación o “default” (cesación de pagos), como llamaron las calificadoras de riesgo a la decisión del Ejecutivo argentino.

Dólar “blue”

El mercado de cambios fue activo en el surgimiento de jergas más o menos novedosas. La crisis recuperó para el vocabulario popular referencias al dólar nacidas durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El dólar “blue” nació durante gestión anterior, tras el control o “cepo” cambiario que desplazó la mayor parte de las operaciones de compra y venta de divisas al mercado negro.

A ese dólar, hasta un 80% más caro que el oficial, se lo llamó “blue”. El “blue” volvió a la calle tras el control de cambios impuesto por Macri el 1 de septiembre, que limitó a 10.000 dólares mensuales el límite de compra a las personas físicas. Durante los años 70, a ese dólar paralelo se le llamó “dólar negro”. El origen de su deriva cromática actual es incierto.

Dólar “contado con liqui”

Si el “blue” es la estrella del mercado ilegal, con cierta infraestructura en el exterior es posible sortear los controles que limitan la compra y venta de dólares. Una forma creativa consiste en comprar en pesos acciones o bonos que coticen en Argentina y también en otros mercados, fundamentalmente Wall Street: los blue chips. Los bonos o acciones se transfieren al extranjero y allí, lejos de los controles argentinos, se venden en dólares. La operación se llama “contado con liquidación” o “contado con liqui”, según la jerga de los operadores

“Dólar bolsa”

Otra forma de evadir los controles consiste en la compra de activos que coticen tanto en dólares como en pesos. Se los paga en pesos al adquirirlos y luego se los vende en dólares. El mercado llama a las divisas adquiridas mediante este mecanismo “dólar bolsa”.

“Rulo”

Se trató de un mecanismo que, durante los primeros días del cepo cambiario y hasta que el Banco Central le puso freno, permitió ganar hasta 7% en dólares en sólo unos minutos y en forma legal. El inversor compraba dólares en el mercado oficial, con ellos compraba bonos de la deuda argentina y los revendía el mismo día en pesos. 32Una operación rápida que en el camino dejaba saldo a favor para el interesado.

“Bucle”

Limitado el “rulo”, nació el “bucle”. La operación es la misma, pero con suma inicial de más de 10.000 dólares. La cantidad supera las restricciones impuestas por el Banco Central al “rulo”.

Federico Rivas Molina

 

El gobernador peronista no puede pagar los salarios públicos, pero quintuplica sus propios ingresos.

La crisis argentina contiene una subcrisis que empieza a descontrolarse: la provincia de Chubut vive una situación de emergencia. Los funcionarios públicos cobran sus salarios de forma parcial y tardía, la justicia permanece paralizada, los docentes llevan dos meses protestando y sin dar clase y las arcas provinciales, con una deuda cercana a los mil millones de dólares, están vacías. El gobernador Mariano Arcioni es acusado de mala gestión, pero no contempla la posibilidad de dimitir. Lo que ha hecho ha sido quintuplicarse el sueldo.

Las protestas de los docentes, que bloquearon en varias ocasiones las carreteras para exigir que se les pagara puntualmente, se desbordaron el miércoles tras la muerte, en accidente de tráfico, de dos maestras que regresaban a la ciudad de Comodoro Rivadavia tras participar en una marcha en Rawson. El miércoles se celebró una manifestación de protesta frente a la Casa de Gobierno de Chubut y el jueves se realizó un paro de escuelas públicas en toda Argentina. La revuelta de los maestros había suscitado en días pasados actos violentos por parte de trabajadores del petróleo, quienes atacaron a los piquetes que no permitían que los camiones circularan.

Chubut es una provincia rica. Produce por el momento más petróleo que Neuquén, donde se encuentra el yacimiento de Vaca Muerta, y obtiene por ello una renta anual cercana a los 24.000 millones de pesos (más de 400 millones de dólares). Eso hace más difícil explicar que Chubut haya contraído una deuda en dólares cercana a los mil millones, que tenga un déficit presupuestario superior a los 4.000 millones de pesos (70 millones de dólares) y que no pueda pagar puntualmente a los 61.000 empleados públicos, más del 10% de la población provincial.

El gobernador Arcioni exige al gobierno argentino que le facilite fondos para superar la crisis. Pero en la Casa Rosada afirman que esta semana ya han sido enviados 1.300 millones de pesos, lo que eleva el volumen de transferencias realizadas en los últimos cuatro años hasta los 57.000 millones, y que corresponde a Arcioni frenar el gasto. Recuerdan también que se le permitió emitir deuda adicional por un importe de 500 millones de pesos. En el primer semestre de este año, según el Consejo de Responsabilidad Fiscal, los gastos corrientes primarios del gobierno provincial aumentaron un 93,4%.

Arcioni se ha convertido en un personaje incómodo para todos. Para el candidato peronista a la presidencia, Alberto Fernández, porque es uno de los gobernadores que le respaldan. Fernández alega que Arcioni ha sido víctima de los bajos precios del petróleo. Para el presidente, Mauricio Macri, porque representa un riesgo de desestabilización para una situación económica y política muy precaria. Y para Sergio Massa, puntal reformista de la candidatura de Fernández, porque Arcioni fue uno de sus socios más cercanos en la extinta Alternativa Federal. Massa acusa a Macri de haber estrangulado financieramente a Arcioni.

Mariano Arcioni heredó la gobernación provincial en 2017 tras la muerte del gobernador Mario Das Neves, de quien era vicegobernador, y revalidó el cargo en las elecciones del pasado 9 de junio. Para lograr esa victoria electoral, Arcioni concedió a los empleados públicos un generoso aumento salarial del 40%. Casi de inmediato comenzaron los problemas para abonar los sueldos y las protestas sindicales. Arcioni no logró aprobar presupuestos provinciales ni en 2018 ni en 2019, ha tenido cuatro ministros de Economía en dos años y está en minoría en la Legislatura de Chubut.

El lunes, las autoridades educativas parecían cercanas a algún tipo de acuerdo con los sindicatos de docentes. Pero todo volvió a estallar cuando se supo que el gobierno provincial acababa de enviar a la Legislatura un proyecto de ley sobre incremento de los sueldos de los políticos. El salario mensual del gobernador Arcioni iba a pasar de los 84.137 pesos mensuales netos de la actualidad, a 384.291 pesos. Arcioni afirma que el aumento “está totalmente justificado”.

Enric González

 

Manifestantes kirchneristas irrumpen en tres centros comerciales de barrios acomodados porteños.

El hambre ha llegado al Obelisco. Tras el control cambiario instaurado la semana pasada por el gobierno de Mauricio Macri, se frenó la devaluación del peso y la situación se calmó, pero sólo a nivel macroeconómico. En las villas miseria y entre las familias de clase baja los efectos de la crisis aumentan, ya que un tercio de la población argentina vive bajo la línea de pobreza. Las huelgas sectoriales y las manifestaciones son casi diarias en Buenos Aires, y ahora se han sumado los piquetes movilizados por organizaciones sociales que atienden a los más pobres.

Centenares de personas irrumpieron el miércoles en la avenida 9 de Julio con la intención de cortarla y acampar dos días frente al ministerio de Desarrollo Social, a pocos metros del Obelisco. Pese a la intervención e incidentes con la policía, lograron su objetivo, pasaron la primera noche y ayer mantenían ocupada la mitad de la céntrica arteria, mientras en la Cámara de Diputados se discutía con urgencia un proyecto de ley para la declaración de la emergencia alimentaria en el país, principal reivindicación del piquete.

Manifestantes kirchneristas irrumpen en tres centros comerciales de barrios porteños

Macri se resistió porque la ley supone aumentar el gasto fiscal, pero finalmente el presidente dio el brazo a torcer y su bloque parlamentario apoyó el proyecto en vista de que los distintos grupos peronistas –que sumados tienen mayoría parlamentaria– se iban a poner de acuerdo para declarar la emergencia, lo que representa incrementar en un 50% las partidas presupuestarias de ayudas sociales destinadas a “alimentación y nutrición”. Entre 62 y 160 millones de euros extraordinarios, según como se interprete el presupuesto.

La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, calificó de “extorsión” la actitud de los piquetes, dirigidos por dos organizaciones: Barrios de Pie, cercano a un sector del peronismo, y Polo Obrero, del Partido Obrero, la izquierda más radical.

El principal candidato peronista a las elecciones de octubre, Alberto Fernández, cuya arrolladora victoria en las primarias de agosto lo convirtió en virtual futuro presidente, generando la actual incertidumbre, pidió a los piqueteros levantar la acampada y que “la gente evite la calle” para no causar incidentes. Sin embargo, una portavoz de Barrios de Pie, Silvia Saravia, le respondió que tiene “independencia política” e insistió en exigir “que se entreguen los alimentos” y suba “el salario social”. Los líderes piqueteros aseguraron que permanecerían acampados hasta hoy a pesar de que la ley de emergencia alimentaria iba a quedar aprobada ayer, a falta de su ratificación por el Senado.

La tensión en las calles crece y el miércoles otro grupo de piqueteros liderado por el kirchnerista Juan Grabois –cercano a Cristina Fernández y al Papa Francisco– irrumpió en tres centros comerciales de barrios acomodados porteños para exigir la emergencia alimentaria.

Robert Mur

 

La Cámara de Diputados aprueba más dinero para los comedores gratuitos por “emergencia alimentaria”.

La inflación vuelve a dispararse en Argentina. Los precios subieron un 4% en agosto, como consecuencia de la devaluación sufrida por el peso hace un mes, y la inflación interanual se situó en el 54,5%.

El dato es más grave en lo referido a los alimentos, que aumentaron un 4,5%. Poco antes de que el Instituto Nacional de Estadística diera a conocer el dato, la Cámara de Diputados aprobó una declaración de emergencia alimentaria que suponía un incremento del 50% en la dotación presupuestaria para comedores gratuitos.

El presupuesto para 2020, con el que deberá manejarse el Gobierno que salga de las urnas el 27 de octubre, es moderadamente optimista acerca del futuro control de la inflación: considera que el actual repunte será temporal y estima que el año próximo la subida de precios se reducirá hasta el 34%, una cifra aún muy elevada pero lejos de la actual. Argentina, sin embargo, seguirá en recesión.

El Producto Interior Bruto debería crecer en 2020, según el proyecto de presupuesto, un 1% (a final de 2019, la contracción rondará el 2,6%), pero incluso los técnicos del Ministerio de Hacienda admiten que es más probable una bajada cercana al 1%, dadas las circunstancias creadas por la devaluación posterior a las elecciones primarias de agosto, al nuevo impulso inflacionario y a la incertidumbre creada por la suspensión de pagos parcial sobre la deuda pública y la implantación de controles sobre la compraventa de divisas.

Horas antes de que se conociera el dato de inflación de agosto, un portavoz del Fondo Monetario Internacional, Gerry Rice, señaló que las perspectivas eran oscuras: "Reconocemos las condiciones complejas del mercado y la incertidumbre que hace difícil la situación", dijo, para añadir que la institución multilateral seguía "comprometida" con Argentina.

Añadió que, al menos hasta junio, Argentina "no había incumplido las reglas". No dijo, sin embargo, si el FMI desembolsaría o no los 5.400 millones de dólares correspondientes a septiembre dentro del préstamo de 57.000 millones concedido en 2018. El ministro de Hacienda argentino, Hernán Lacunza, viajará a Washington a finales de mes para intentar desbloquear el desembolso, necesario para contrarrestar la sangría de dólares que sufre el sistema desde la devaluación del 12 de agosto.

Gobierno y oposición se pusieron de acuerdo el jueves para aprobar por unanimidad en la Cámara de Diputados un proyecto urgente sobre la emergencia alimentaria en el país. Los diputados de la coalición gobernante respaldaron el texto presentado por los peronistas, aunque precisaron que no estaban de acuerdo con la oposición en cuanto a "la magnitud de la situación que se está viviendo". El candidato a la vicepresidencia junto a Mauricio Macri, Miguel Pichetto, aseguró el miércoles en una entrevista que no se podía "hablar de hambre" en Argentina, porque era "una exageración".

El diputado oficialista Héctor Flores recordó que seguía vigente la Declaración de Emergencia Social formulada tras el colapso de 2002 y que en 18 años no se había conseguido resolver el problema de la pobreza estructural. "Hubo emergencia social cuando la economía no crecía y hubo emergencia social cuando crecíamos a tasas chinas", señaló, en referencia a los años de gobierno kirchnerista. El texto aprobado en la Cámara, que ahora pasará al Senado, supone un aumento del 50% en las dotaciones presupuestarias para comedores gratuitos.

La cuestión de la pobreza empieza a comportar complicaciones políticas para la candidatura del peronista Alberto Fernández, gran favorito para ganar la presidencia en octubre. Tras varios días de movilizaciones y bloqueos de transporte en Buenos Aires, impulsados por sindicatos y entidades sociales situados en el ala izquierda del kirchnerismo, y tras graves choques con la policía en pleno centro de la capital, Fernández pidió "tranquilidad en las calles". Le preocupaba que la actitud de los sectores más radicales asustara a sus electores moderados y que la protesta se descontrolara.

Parte de las organizaciones que exigen un aumento en los subsidios sociales y más dinero para los comedores públicos rechazaron el mensaje del candidato. "El gobierno en ciernes comienza mal", declaró Eduardo Beliboni, dirigente de Polo Obrero, para quien era "necesario mantener las protestas y ganar la calle".

Según estas organizaciones, la emergencia alimentaria declarada por la Cámara de Diputados no resolvía nada y había que exigir más dinero al gobierno de Macri para acabar con las deficiencias nutricionales. Uno de cada tres argentinos adultos, y uno de cada dos argentinos jóvenes, viven en la pobreza.

Enric González

La visita oficial a Pedro Sánchez no existió, desapareció del ciberespacio de Moncloa y se transformó en un breve encuentro privado con el presidente en funciones

 

El candidato peronista Alberto Fernández, de visita en Madrid, resalta a ABC la importancia de la presencia española.

En Argentina todo puede pasar. Pero si la tendencia sigue como hasta ahora, el peronista Alberto Fernández se convertirá en el próximo presidente de los argentinos. El candidato presidencial del Frente de Todos (con Cristina Kirchner como vicepresidenta), alcanzó en las primarias (conocidas como las PASO) un 49,49% de los votos (afirmativos), obteniendo 12.205.938 de sufragios, dejando muy atrás al actual presidente, Mauricio Macri, con un 32,93%, es decir, 8.121.689 votos.

Las elecciones generales llegarán el próximo 27 de octubre y con esta diferencia puede que no haya necesidad de una segunda vuelta, ya que para ganar es necesario sacar más del 45% de los votos afirmativos o el 40% y una diferencia de más de 10 puntos respecto a la fórmula que le sigue.

Tras el triunfo, una de las primeras decisiones de Fernández fue viajar a España, donde ha mantenido reuniones esta semana con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez; el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero; la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, y diversos empresarios. También mantuvo un encuentro con el ministro de Exteriores, Josep Borrell, e impartió una clase en la Universidad Camilo José Cela.

Durante su visita, declaró ayer a ABC que «España ha sido siempre el principal inversor que tuvo Argentina. Nunca debemos olvidarlo», afirmó Fernández a este diario.

Mensaje de tranquilidad

El candidato del Frente de Todos quiso, al mismo tiempo, trasmitir un mensaje de tranquilidad a los inversores de España y el resto de Europa: «Argentina necesita de la inversión externa y va a dar la seguridad necesaria a esas inversiones», añadió.

Fuentes cercanas a Fernández desmintieron que el candidato argentino evitara una reunión con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, aunque recalcaron que el interés de Fernández era la reunión con Sánchez de la que ha salido muy satisfecho, confirmaron.

En una conferencia en el Congreso de los Diputados, el candidato peronista aseguró que lo único que dejará el Gobierno de Mauricio Macri al país son «cinco millones de nuevos pobres», además de un «enorme deterioro» en todos los sentidos «que estamos dispuestos a afrontar». informa Efe. Según Fernández, Argentina «ha sufrido mucho, sufre mucho, y el lastre es la deuda». Tras su visita a España, Fernández pondrá rumbo a Portugal para reunirse con el primer ministro luso, António Costa.

Josefina G. Stegmann

Ante el agravamiento de la crisis económica argentina, el exministro de Fernando de la Rúa considera imprescindible que haya consenso político entre el oficialismo y la oposición peronista.

 

 

El presidente mexicano quiere esperar el resultado de la elección para no generar tensión extra con Trump y Bolsonaro.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, no tiene previsto reunirse con Alberto Fernández. Así lo confirmaron a LPO fuentes de la Cancillería así como también del Palacio Nacional, donde alegaron que este fin de semana el presidente estará de gira en Tamaulipas.

Hoy martes circuló en la prensa argentina la versión de que este domingo Fernández podría arribar a México desde Madrid para entrevistarse con AMLO. Ahora desde el Gobierno mexicano lo niegan. El candidato a la presidencia llegó a España en las últimas horas y mantendrá este jueves una reunión con el presidente Pedro Sánchez en la Moncloa. A diferencia del mexicano, Sánchez no tuvo problemas en agendar una reunión con el argentino.

Alberto Fernández se reúne con Sánchez y Borrell y elude una cita con Podemos

Sucede que para el protocolo mexicano no es usual que un presidente en funciones se reúna con candidatos. Podría si entrevistarse con presidentes electos algo que Fernández será, según las encuestas, después del 27 de octubre. En Argentina los tiempos están precipitados porque la fórmula peronista vapuleó al gobierno de Macri en las elecciones primarias con lo cual ya se descarta el regreso de ese signo político a la Casa Rosada.

Existen, más allá de las normas, complicaciones adicionales del tablero regional. Macri está fuertemente respaldado por Donald Trump y Jair Bolsonaro y de momento el Gobierno de la 4T cuida al extremo cualquier tipo de conflicto con esos dos países. Fotografiarse con Fernández podría ser un problema en ese sentido, especialmente por el affaire Venezuela: el peronista tiene definiciones oscilantes sobre la situación de ese país (un discurso muy similar al de AMLO) pero que podría generar fricciones en caso de una recepción.

En su fase inicial, además el Gobierno de AMLO ha mostrado sintonía práctica con Macri. La prueba más rutilante es que la Cancillería mexicana respalda al gobierno argentino en un litigio en la justicia de EU referido a las acciones de la petrolera YPF. México y Chile son los "amicus curiae" que juegan para Argentina en ese conflicto.

 

La moneda local deja de caer tras las restricciones impuestas por el Gobierno de Mauricio Macri a la compra y venta de dólares.

El peso argentino soportó bien el tirón de los mercados, tras el establecimiento, el domingo, de mecanismos de control sobre la compraventa de divisas. Ayudado por los controles y por el cierre de Wall Street a causa del Día del Trabajo estadounidense, el peso subió ligeramente frente al dólar en una jornada de poca actividad. El precio de la divisa estadounidense pasó de 61 unidades el viernes a 57 el lunes. “Creo que vamos a mantenernos en este rango de precios”, dijo el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, “porque es suficientemente alto y hay reservas para absorber cualquier contingencia”.

El presidente Mauricio Macri reunió por la mañana a su Gobierno y siguió las evoluciones del mercado con cierto alivio. Dio instrucciones a sus ministros para que evitaran declaraciones conflictivas y peleas con la oposición, con el fin de “preservar la tranquilidad y no crispar más la situación del país”. Tras la reunión, el ministro de Hacienda compareció ante la prensa y explicó que los controles de cambio, una medida que el Gobierno hizo todo lo posible por evitar porque suponía el reconocimiento del fracaso en la liberalización de los mercados financieros, no fueron consensuados con la oposición peronista. “Les informamos de las medidas, pero no hay cogobierno, seguimos gobernando nosotros”, afirmó.

Los nuevos controles cambiarios establecidos por el Banco Central limitan a 10.000 los dólares que las personas físicas pueden comprar mensualmente. Empresas e instituciones, incluyendo los bancos, deben pedir autorización para acceder al mercado de cambios. Las sociedades extranjeras necesitarán también autorización para repatriar beneficios. En general, se intenta dar la mayor libertad posible a los ciudadanos (no hay por el momento restricciones sobre tarjetas de crédito ni límites al ahorro en dólares), y son las empresas las que cargan con las principales limitaciones.

Algunos sectores, como el inmobiliario, han señalado que los controles agravarán una situación ya muy deprimida tras tres años de recesión y una continua baja del consumo por la caída cercana al 12% en los salarios reales. José Urtubey, ex presidente de la Unión Industrial Argentina, declaró al diario La Nación que no era posible “estar de acuerdo con este tipo de medidas, que encima llegan tarde”, y añadió que los controles cambiarios demostraban “el fracaso del modelo económico de Macri”. El presidente canceló el almuerzo que tenía previsto el lunes con los dirigentes de la Unión Industrial.

Macri y Lacunza creyeron que el “reperfilamiento” de la deuda (demora en los plazos de pago y renegociación de las condiciones del préstamo con el FMI) anunciado el pasado miércoles sería suficiente para frenar la continua devaluación del peso. No lo fue. Jueves y viernes se registraron nuevas depreciaciones y el Banco Central tuvo que seguir subastando dólares. A lo largo del mes de agosto, la autoridad monetaria efectuó subastas cercanas a los 300 millones diarios y corría el riesgo de agotar sus reservas en los próximos meses. El control de cambios resultó inevitable.

Enric González

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