
Crisis. Crisis de todo tipo y por todos lados ha habido en la historia de todos los tiempos. Esta crisis que nos toca vivir a nosotros, viene con cola. Podría ser, como decimos a veces, la gota que colmó el vaso.
Pandemia que nos ubica en el mismo lugar que está todo el mundo, pero, que en el nuestro, tiene sus particularidades. Además de sumarse al dengue en una crisis de salud pública, está en interdependencia con una crisis social grave, con una crisis económica asfixiante, con la justicia argentina en crisis, la educativa y de valores, con políticas en crisis, con zonas de crisis ambiental, etc. -paremos mejor de contar-, que empujan el riesgo país a los confines de un país en riesgo.
Desde que tengo uso de razón vengo escuchando asociada a la palabra crisis, la palabra oportunidad: “Crisis significa peligro + oportunidad”. Nada en su etimología griega porta esa significación, porque la palabra que fue así entendida, viene de los chinos, sí como el coronavirus.
Pero en este caso el huésped infectó a su agente. Un huésped occidental que mal interpretó los dos caracteres de los que se compone. A todo el mundo le gustó esa interpretación, cobró relevancia, buena publicidad y se viralizó. Exactamente como usted lo pensó, como un cuento chino.
Bueno, entérese que en la palabra crisis, acá o en la China, no anida ninguna oportunidad.
Esta interpretación de los dos caracteres chinos que conforman la palabra crisis, resulta forzada, aunque sin lugar a dudas, conveniente como herramienta política, recurso retórico para el área de los negocios y por supuesto una fast food imprescindible al creciente mundo de terapias psicológicas alineadas con la inmediatez de resultados.
¿Se podría decir que hay interpretaciones oportunamente oportunistas?
Así lo asevera el sinólogo y filólogo Víctor H. Mair quien dice que “probablemente no haya ningún tema en la tierra sobre el que se transmita más información errónea y circulen más malentendidos que los caracteres chinos o sinogramas” y argumenta que mientras el primer carácter significa peligro, riesgo, precario, precipitado, miedo, pavor, el segundo significa punto crucial, crítico, y no oportunidad. El significado solo, acuerdo, es preocupante e indeseable.
Lamento, entonces, decepcionar a algunos, pero no podría continuar este escrito sin esta aclaración. Porque si no sabemos transitar la crisis como tal y, rápidamente, la pintarrajeamos de oportunidad, éste sufrimiento no resultará más que el oportunismo para gestar otra “avivada” argentina, cuyos retoños no tardaran en aparecer con más miseria que en sus gestores.
La crisis es dolor en la incertidumbre, emergencia de pérdidas sobre lo perdido, sufrimiento y desorden, inseguridad, confusión y falta de capacidad para comprender, incomodidad, impotencia, y un sinfín de etcéteras, tantos como tantas personas las padecen.
Cada quien la transita con sentimientos, emociones y angustias diferentes. Es un duelo, es el trabajo subjetivo complejo que cada sujeto debe hacer con su perdida. Nadie está exento, todos hemos pasado alguna perdida. Tenemos experiencias previas, seguro, nada como una pandemia, pero en la vida íntima de cada uno ha habido duelos que hacer.
Más o menos traumáticos, más o menos dolorosos, más o menos importantes. Lo imprescindible es saber que es inevitable, que ese trabajo se debe hacer. Rechazarlo, ocultarlo, olvidarlo rápidamente, negarlo, reducirlo, como así también cronificarlo no lo resuelve, no resulta el tratamiento necesario.
Pero también es el consentimiento que, como comunidad, como pueblo, debemos hacer de lo que somos, de dónde estamos, de cómo llegamos hasta aquí, de nuestra responsabilidad, de lo que hemos perdido y seguiremos perdiendo si no nos plantamos acá, en este duelo. Si no lo elaboramos hasta construir un camino solidario en el que seamos coparticipes activos.
Fomentar el sentimiento de oportunidad en una crisis puede provocar una salida fantaseada, un sueño, una creencia inútil. La sola resistencia en el ostracismo a la espera de que suceda algo.
Alimentar el valor de cada uno en su singularidad y en su capacidad de invención, puede aportar un baño de alivio a la dignidad con la que se sufre. Y fortalecer los lazos no solo para resistir, sino para protagonizar la reconstrucción de un país.
No sabemos cuándo podremos terminar de atravesar este pandemonio. Sin embargo, acá estamos en este encierro como si fuésemos un virus más, entre la vida y la no vida. Resistiendo en una temporalidad extraña que se robó el mañana y hace del tiempo presente un continuo insoportable.
Este gobierno se llevará de esta experiencia la respuesta en concomitancia de su pueblo. No sabemos aún si lograremos los resultados esperados, pero sí sabemos que, salvo excepciones, los argentinos hemos respondido como ciudadanos responsables y respetuosos a las decisiones de nuestro presidente y sus colaboradores.
Esta es una muestra inmensa de lo que el gobierno actual tiene en sus manos, de lo que como ciudadanos fuimos capaces de lograr. No sale de una maquinita que fabrica voluntades, sale de nuestro inconmensurable esfuerzo cotidiano y conjunto.
Señores gobernantes ya no hay excusas.
Acá estamos: Juntos.
Ahora les toca a Ustedes,
Lic. Marcela Pimentel M.N.: 28.377
Psicóloga- Universidad Kennedy
Psicoanalista - Escuela de la Orientación Lacaniana (E.O. L.).


