La miran atentamente dos hermosos pájaros de pecho amarillo prudentemente parados en alguna rama del limonero cercano. Esperan su oportunidad para variar su menú de semillas, insectos y algún gusano que despistado sacó su cabeza luego de su desayuno de raíces.
Todos esperan y buscan su oportunidad para saciar un instinto inapelable. Dependen recíprocamente, ya que la cadena puede invertir su sentido y el gato darse un banquete avícola y los gusanos aprovechar los despojos. En algún punto el menú incluyó eso verde que llamamos vegetales y que se alimentó del suelo, el aire, el agua y ese sol que hoy nos mantiene vivos a todos, y a mi animoso.
Surge Von Uexküll y su intriga sobre como verán el mundo que vemos nosotros los humanos y de qué manera lo interpretan y se vinculan. ¿Se preguntarán, si ese pasto tierno, esa paloma regordeta, esa flor llena de polen sufren cuando pasan a formar parte del alimento que los mantiene vivos?
Probablemente sientan algún dolor pero no sufrimiento y en particular, a diferencia de los humanos, no podemos estar seguros que sufran o tengan culpa por el dolor de los otros del que son necesariamente responsables. Gran tema la culpa, Castilla del Pino le dedico un interesante libro y Sor Juana Inés de la Cruz sus redondillas. Creo es parte de lo que domina a los veganos y a muchas otras posturas extremas.
Parecida a la culpa que alguna vez sintieron los sobrevivientes de alguna tragedia. Culpa por seguir vivos, culpa por no haberla previsto, culpa por no haber ayudado a evitarla. A veces culpa hasta por haber sido feliz sabiendo que no todos lo son. Una particular manifestación de la sensibilidad y la empatía. Juana ahora dormita al sol y yo sigo divagando.
En qué nos diferenciamos Juana y yo, si los dos somos animales y aunque de diferente forma inexorablemente obedecemos al mandato biológico: nacer, mantenerse vivo, crecer, reproducirse manteniendo la especie y finalmente el ocaso. Como lo he aprendido, me abstengo de decir para…pues eso implicaría entrar en el terreno de la teleología.
No parece haber un fin o un sentido manifiesto en tanto no hay un creador, un diseño por él concebido y parece que tampoco nuestra capacidad de conocerlo, a lo sumo lo fantaseamos para tranquilizarnos. La evidencia es la estatua pero no revela al escultor.
¡Eureka! me parece voy entreviendo la diferencia entre Juana y yo. Mientras yo pienso, es decir establezco asociaciones satisfactorias por su coherencia, certeza, falta de ambigüedad, formulo preguntas y busco respuestas, se me enfría el café. Juana maravillosamente me señaló su hambre, se abalanzó sobre su plato mirando desconfiada a los dos pájaros y a su alrededor y quizás reaccionó en forma inmediata y mecánica a su hambre y a ese Guillermo que se hace rogar para llenar su cuenco, pero que al fin apareció.
Entonces surge una nueva modalidad (Dennet dixit) para mirar esta diferencia y es preguntarse cómo es que Juana y Guillermo son diferentes, en vez de por qué o para qué lo son. Sonrío, la miro a Juana dormitar y reconozco la diferencia. Yo me pregunto por todo esto e inclusive cambio pícaramente la pregunta ante la dificultad de respuestas definitivas y contundentes, ella ya no tiene hambre, yo sigo pensando y tengo que hacerme de nuevo el café.
Yo enamoré y me enamoré de Virginia y formamos una familia; Juana entra en celo y sufre la violenta persecución del gato marrón y peludo del vecino, al que cómicamente Virginia imbuida de reivindicaciones de género, persigue como si fuera un acosador/violador pertinaz de la indefensa pero seductora Juana.
Todo ha pasado por los sentidos, son señales portadoras de información de todo, lo propio, ajeno, interno, externo, tangible o intangible. Son procesadas en redes de creciente complejidad y organización jerárquica que nos integran y vinculan. En un falso reduccionismo decimos cerebro cuando en realidad deberíamos decir sistema nervioso. Doble Eureka y un Ajá. Allí radica la diferencia Juana versus Guille.
Creo tener uno no necesariamente más grande aunque ya sabemos que no es en el tamaño donde radica lo importante, sino en la complejidad y número de de conexiones/asociaciones posibles. Rechazo toda intención de connotaciones porno referidas al tamaño. Nueva taza de café en mano.
Por la necesaria interrupción y relectura, me pregunto cómo es que vine a parar a este punto. Respuesta con marca profesional: porque anoche me fui a dormir atosigado de pandemia, cuarentenas y de noticias reveladoras de las miserias de todo tipo de las que hacen gala los dirigentes a nivel universal y local.
El problema es que a nivel local, que me afecta personalmente, nosotros no solo llevamos las banderas, sino que somos los dueños y el chofer del camión de los obcecados manifestantes. Frase vieja, quizás del 45. Vuelvo por un instante a Juana y yo. Los dos tenemos certezas y por eso confiamos y podemos tener conductas apropiadas.
Si Juana pide y me llama es porque tiene hambre o sed y espera confiada que yo le provea de alimentos y agua. A mi vez yo espero confiado que vaya y coma o beba, no que me arañe o muerda o salga corriendo.
El problema con el hombre es que sobre sus instintos primitivos, su fondo biológico, su parte más animal, ha montado capas o mecanismos de organización, control y adaptación evolutiva que posibilitan y sostienen su éxito como especie. Surge el lenguaje y la vida social.
Todo bien si no fuera que el lenguaje además del afecto y la advertencia positiva, posibilita la orden, el insulto, la inducción de creencias y lo más peligroso la mentira. Hay varios tipos de ella pero la más frecuente y preocupante es aquella en uso por políticos y dirigentes de educación, moral y éticas de baja calidad o francamente deficitaria. Van en contra de esa tarea maravillosa de nuestro sistema nervioso consistente en la búsqueda de coherencia y generación de certezas que son como el diseño y los ladrillos, basamento de una construcción sólida. Confiamos y por eso creemos y actuamos.
La honestidad, en mi modesta opinión, no es más que la coherencia generadora de certeza y confianza entre lo que pensamos, sentimos, deseamos y lo que decimos y hacemos. La ruptura de esta cadena es en realidad la generadora de desconfianza, miedo y angustia. El niño tiene miedos valiosos y primordiales por los cuales se protege, su base es la ignorancia, el desconocimiento.
Por eso la oscuridad, los rostros no familiares, los espacios nuevos. Los abandona gradualmente ante los aprendizajes generadores de confianza a cargo de los adultos vinculados estrechamente con él.
El valor de sostener y acunar, alimentar, acariciar, llevar de la mano, interpretar un llanto como necesidad o dolor y advertir de riesgos antes que se sufran las consecuencias. No dejar que se pinchen con las espinas para saber que esa rosa que tratarán de oler, de tomar para regalarle a mamá o a algún amor, las tiene. Educar sin prohibir, en realidad es hacer conocido o cognoscible lo oculto en un determinado tiempo y lugar.
El lenguaje hace eso. Podemos hablar de cosas que no existen, divagar como yo en este momento, o merced a su función simbólica dialogar, consensuar o disentir y especular en ausencia de los objetos reales, sean ellos materiales o no. Una mesa, Juana, el amor, la bondad y la física cuántica. También crear ideologías, religiones, actos de fe y cuanto una mente pueda hacer, entre ellas, reitero, mentir, falsear, ocultar deliberadamente. Ya voy terminando el café,
Juana regresa por más comida y tengo ganas de leer una novela. ¿Por qué en esa terra incógnita del inconsciente, en el caldero de mi sueño gestó esto que voy dando a luz? Pues porque el problema esencial de este momento es la falta de credibilidad generalizada, en especial en los dirigentes.
Sin certezas y con ambigüedades es imposible convivir, pues no hay confianza. El problema es de larga data, denunciado entre otros por Jefferson, al menos está inscripto en el Capitolio. Se puede engañar a pocos mucho tiempo, a muchos, algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo. Principio rector de las democracias con balances y controles del poder incluyendo la libertad de opinar y hacer públicas las opiniones.
Lamentablemente la posibilidad de mentir y ocultar ha dominado muchas veces y lo hace ahora. Internet y toda la gama de medios de comunicación hacen la tarea de mentir y ocultar más difícil, pero no imposible.
La diferencia entre un científico cabal y un político actual es que el primero reconoce abiertamente su ignorancia, lo que desconoce y es eso lo que lo mueve en búsqueda de mayores y nuevos conocimientos y certezas que tomará Popperianamente como transitorias y pasibles de ser contrastadas por otras ideas. Siempre es cauteloso, cuidadoso, crítico y se somete al escrutinio a veces despiadado de sus pares. Los malos políticos, quizás mayoría aquí y ahora, son todo lo contrario. Manipulan, ocultan, niegan, apelan a lo más primitivo, no aceptan el disenso y por ende no les interesa el consenso.
Quieren sumisión y obediencia aunque declaman cooperación y comprensión desde o en busca del poder total. Apelan a la animalidad de Juana en vez de la comprensión de Guille. Asumen un falso rol paternal de sabios y preocupados cuidadores con el que nos tratan como niños, más bien como rebaño.
Siempre influenciado por mis lecturas, veo a mis conciudadanos reverenciando y obedeciendo a algún líder circunstancial o a ideas ya superadas y fosilizadas en ideologías no vigentes, quizás obsoletas.
Distorsión profesional mediante por la que me diferencio, los veo como niños, adolescentes y aún adultos fijados en la figura paterna de la niñez, la que dio seguridad y protección, cosa ya innecesaria sino imposible más adelante, ya crecidos e independientes. Hace falta hacer esa transición a la figura del padre de la vida adulta, querible, ni totalmente bueno o malo, simplemente humano con quien aprendemos a convivir y querer de una manera más sólida por lo que realmente es y por lo que le debemos.
La transición suele simbolizarse como “matar al padre”. No es fácil y siempre tiene un dejo doloroso. Si no damos ese paso como sociedad, paso que dependerá de la educación y la libertad, no habrá salida exitosa de esta situación actual en el mundo y en especial aquí.
Nos referimos al padre precisamente porque en nuestra cultura representa la autoridad, el poder, la posibilidad del no y la ley. La madre contribuye de otras formas tanto o más valiosas, comenzando por albergarnos en su seno y posibilitar nuestra existencia.
No vale la pena enredarse en discusiones de género sobre quién es más valioso, menos aún pensar que el cambio de una letra lo subsana. Si en vez de una novela leo el diario de hoy, el día se nubla, cosa que por algún misterio está sucediendo. Juana astutamente trepó al ciruelo, inspeccionó el jardín desde lo alto y buscó en lugarcito con sol sobre la pared. Sale nuevamente un tímido sol y con él la esperanza. Yo abro para releer La Sombra del Viento de Ruiz Zafón.
(*) Médico Neurocirujano
Psicólogo



