Lo que seguramente es diferente es la velocidad con la que emergen esos incidentes que modifican los patrones mentales vigentes. Las invenciones ocurren a cada instante y muchas de ellas se han asomado para alterar definitivamente el modo de concebir la existencia.
Las crisis recurrentes tampoco plantean noticias tan infrecuentes a estas alturas. También suceden de tanto en tanto invitando a reinterpretar todo tipo de relaciones interpersonales.
El coronavirus es, sin embargo, una disrupción singular con atributos muy particulares, que ha impactado en casi todo el accionar humano perturbando los vínculos políticos, económicos, sociales y culturales.
Es por ello que no debería analizarse con semejante superficialidad este episodio como si fuera uno más, de esos que han acaecido a lo largo de la historia. Esa tendencia a minimizarlo no ayuda a comprenderlo y mucho menos a aclimatarse activamente ante el complejo escenario que propone.
Lo que se está transitando es provocador y original. Por ese motivo debe ser observado con detenimiento para no caer en la trampa de restarle relevancia y subestimar en demasía sus inexorables derivaciones.
Tampoco se debería apelar al extremo opuesto convirtiéndolo en el sinónimo de lo apocalíptico. El planeta seguramente sobrevivirá a este tropiezo y obtendrá múltiples aprendizajes luego de esta experiencia.
Lo que es innegable es que la habitual inercia repleta de esperables mutaciones ha tomado un vigoroso impulso ante la intempestiva presencia del covid-19 que insinúa una agenda plagada de amenazas, pero también de oportunidades que habrá que aprovechar al máximo.
Las ciudades lucen muy distintas, la gente lleva a cuestas sus barbijos, la actividad comercial se implementa con restricciones, las escuelas siguen cerradas o con sistemas muy delimitados, el transporte urbano ya no es lo que era. La vida no es la misma y es demasiado evidente el contraste.
Luego de tantas contradictorias sensaciones, el mundo aspira a encontrar un razonable equilibrio, ese que aún no ha conseguido identificar con precisión, pero que es el protagonista principal de su incesante búsqueda.
Lo que debe quedar absolutamente claro durante este proceso es que mucho de lo conocido ya no será igual. La ilusión de que todo volverá a la normalidad debe ser desterrada. Adaptarse es imprescindible para seguir avanzando. Resistirse a dar todos los pasos necesarios no ayuda para nada.



