Viernes, 25 Junio 2021 11:32

La Unión Cívica Radical, el partido político más antiguo de la Argentina y uno de los de America Latina cumple 130 años - Por Diego Alberto Barovero

Tener un partido como la UCR es un lujo. No lo digo yo, porque me caben las generales de la ley, lo escribió hace 40 años el maestro Félix Luna (que había sido militante radical y ya había dejado de serlo) y sigo sosteniendo la validez de su afirmación para la tradición política y cultural argentina. 

La República Argentina ha superado ya los dos siglos de historia como Nación independiente y más de la mitad de ese tiempo la UCR ha sido parte protagónica de ese derrotero, independientemente de triunfos o fracasos desde el punto de vista electoral, ya que el radicalismo ha transcurrido más tiempo de su vida en el llano que en el gobierno. Porque culturalmente el radicalismo es una permanencia y no una circunstancia, ajena al pragmatismo y al oportunismo. Es "la corriente histórica de la emancipación del pueblo argentino", según su Profesión de Fe Doctrinaria.

La doctrina radical establece fines y objetivos generales de orden democrático, programa diseñado oportunamente por los constituyentes de 1853, que permanecen inalterables. Lo que si cambia necesariamente son los medios e instrumentos para llevar a cabo esos principios. Ninguno de los grandes líderes que el radicalismo obsequió a la historia de la República (Alem, Yrigoyen, Alvear, Lebensohn, Balbín, Illia, Alfonsín) planteó jamás un alejamiento de los valores históricos esenciales y constitutivos de nuestra nacionalidad condensados en la Constitución.

La UCR tiene por razones morales un peso cualitativo igual o superior al número de sus seguidores o sus votantes ya que tiene a su cargo un deber adicional al del resto de las colectividades partidarias: su condición de agente pacificador y de búsqueda del bien común y el bienestar general, aún a costa de sus propios intereses de facción. Vale decir que en sus fines es superior el solidarismo por sobre el individualismo.

Las crisis y rupturas radicales han aparejado discontinuidades institucionales de notoria incidencia social poniendo en emergencia la gobernabilidad democrática. Las mayores tragedias institucionales argentinas derivaron de las divisiones radicales, 1924 y 1956 básicamente.

Su rol desde su fundación y el tránsito a través de tres siglos de vida sigue siendo fundamental en la construcción para el país de una agenda política republicana y democrática pero orientada decididamente a la construcción de una sociedad igualitaria con progreso social.

Esa es a mi juicio la justificación histórica y la misión electoral que ha tenido y tiene la Unión Cívica Radical. En gran medida dependerá en el futuro de que haga honor a ese compromiso.

 (#) Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.

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