El aula era la última a cerrar por su condición en las tareas de socialización, horarios, disciplina, alimentación, etc. Por supuesto afectando a más del 50 % de la población juvenil que está por debajo de la línea de pobreza y que no tenía alternativa para desarrollar las actividades señaladas. Lo dicho aleja la mentirosa realidad de priorizar la lucha contra la pobreza postergando estas actividades y condenando a millones de jóvenes a una disminución de su capacidad futura.
Completando el dislate y creyéndose iluminados propusieron el lenguaje inclusivo, obligando el Estado a su uso. Vaya como recuerdo a fines del siglo 19 y las primeras décadas del S 20 cuando la oleada de inmigrantes hizo que casi millones de argentinos hablaran un pseudo idioma llamado geringoso”, y sin embargo a nadie se le ocurrió su enseñanza obligatoria... Por suerte este disparate ya fue descartado por la Real Academia Española.
Me viene el recuerdo de la última reunión de la Academia de la Lengua en la ciudad de Rosario donde después de un debate encabezado por el inolvidable Roberto Fontanarrosa, él mismo incorporó una palabra que para muchos es descalificadora. No quiero igualar a los que tuvieron la iniciativa condenable con ese vocablo, pero sí demuestra que hay quienes hacen trascender disparates para exhibirlos ante la opinión pública.
Mucho va a costar recuperarnos de estos desaciertos que creo que aplicando el viejo dicho “para muestra basta un botón” marca la decadencia en esta como en tantas otras áreas a las que nos ha llevado el oficialismo.
Ante la proximidad electoral que la ciudadanía tenga en cuenta en su decisión soberana la acumulación de los errores y desaciertos cometidos.
(#) Ex Senador de la Nación
(UCR- CABA)



