Miércoles, 08 Septiembre 2021 23:50

La oportunidad de que la moneda caiga con un buen canto – Por Ricardo Gerardi

Escrito por Ricardo Gerardi

En un poema a Buenos Aires, Borges expresa que “no nos une el amor sino el espanto, y por eso la quiero tanto”, algo que -tal vez- podría extenderse a la Argentina. 

De ser cierto lo anterior, una posibilidad de cambio para salir del espanto del incremento sostenido de la pobreza, de la decadencia económica y educativa sea la de poder llegar a un acuerdo -fundamentalmente- político, pero también social y económico, que se sostenga en el tiempo.

Un espanto “más concreto que el anterior” es que la Argentina, luego del 14 de noviembre y hasta el 31 marzo del año que viene no logre un acuerdo de mediano plazo con el FMI para refinanciar su deuda. Es un requerimiento de ese organismo que el mismo sea concertado con la mayor parte de la oposición.

Este es un “incentivo” para acordar, en especial para el Gobierno, dado que de no hacerlo podría caer en un escenario similar o peor al del 2001. Por más radicales que resulten algunas de las posturas del oficialismo, allí hay una dirigencia que ha dado muestras de no querer “suicidarse políticamente”.

Seguramente la oposición podrá requerirle que retire la reforma judicial y respete la concepción republicana de la división de poderes, y coincidirá con el enfoque de Guzmán acerca de un ordenamiento macroeconómico sustentable y también con el de Massa y los movimientos sociales para generar trabajo “genuino”, con el de Beliz y lo que se viene trabajando en el Consejo Económico y Social…en definitiva elementos concretos de un plan de desarrollo y educativo.

Para que ello se sostenga en el tiempo habría que desplegar un dispositivo institucional que tenga como pilares: A. Un acuerdo político donde se incluyan bases programáticas mínimas traducidas legislativamente en un presupuesto plurianual.

B. Un presupuesto plurianual

C. Un sistema de indicadores -tipo semáforos- elaborados por la Oficina de Presupuesto del Congreso, auditado en su cumplimiento por la SIGEN y la AGN, que funcione como un sistema de “alarmas” cuando pase de amarillo a rojo (tanto en las iniciativas parlamentarias futuras como en el desvío del cumplimiento de lo acordado).

Que sea obligatoria su publicación (símil ley propaganda electoral) en los principales medios de comunicación para posibilitar un debate público, que incida en la participación y movilización ciudadana. Lo importante es que al pasar a “indicadores rojos”, la situación en la práctica podría transformarse en un “escándalo” con el inevitable “costo electoral y de imagen” que esto supone.

Para que este acuerdo se sostenga se requerirá también del apoyo de una ciudadanía activa y movilizada realmente convencida de que ello permitirá superar -en gran medida- la grieta y entrar en un sendero de desarrollo equivalente a un escenario “ganador-ganador”.

Se considera que esta característica cultural será la “principal garante” de un acuerdo de este tipo. Según la expresión de un reciente texto de Pablo Gerchunoff y Roy Hora, ojalá que la moneda “caiga con un buen canto”, que resulte en desempate virtuoso, y que no desperdiciemos esta oportunidad para llegar a una tercera vía en la que los principios igualitarios del populismo y la valoración de la competitividad de sus opositores se traduzcan en términos de un reformismo social con modulaciones distintas en el peronismo y en el no peronismo.

*Socio del CPA

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