Domingo, 30 Enero 2022 00:09

La educación, hundida en un abismo (I) - Por Eduardo Montoro *

Rota la asimetría entre maestro y alumno, sin orden en el aula y en medio de una aplastante abulia estudiantil, la única receta de los mentores del modelo es apostar por más contención e inclusión. La escuela como depósito de niños. 

Nuestra educación ha sido arrasada, está en el peor momento de la historia. Nos encontramos sin lugar a dudas en la crisis educativa más profunda de la historia argentina. Una enorme cantidad de escuelas se encuentran desbordadas. Estadísticamente el 50 por ciento de los jóvenes en edad de secundario no lo termina, y de la mitad que lo termina el 50 por ciento son analfabetos funcionales, no pueden comprender textos de una complejidad mediana y no saben resolver más que operaciones simples de matemática. En palabras del ex Ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich (mientras era ministro en ejercicio en conferencia en la Universidad de San Andrés), en la educación respecto del egresado secundario "se está cometiendo un fraude".

La calidad educativa, desde hace treinta años a esta parte, se ha deteriorado a niveles catastróficos, a niveles de fraude institucional, que nos hace preguntarnos si es de verdad educación o más bien una parodia.

De hecho, la sensación más frecuente en nuestro trabajo de gabinetistas que reportan los docentes y directivos es de estar insertos en un "como si": los profesores y directivos hacen "como si enseñasen" y los alumnos hacen "como si aprendiesen".

El problema real de los últimos 30 años en la educación está muy lejos de ser pedagógico, al menos no en sentido estricto. Está más bien en una serie de cosmovisiones deconstructivas, que con una cierta "buena intención", han puesto en jaque los pilares más profundos que sostienen el proceso educativo.

Autoridad

Uno de esos pilares más profundos es la asimetría docente-alumno destruida por un empoderamiento acrítico adultomorfo (que no responde ni siquiera mínimamente a las necesidades reales evolutivas) y enloquecido a través de la adulteración, también enloquecida, de conceptos de suyo sanos como "contención" e "inclusión", que vueltos ejes acríticos y absolutamente descontextualizados del proceso educativo, han terminado de dar por resultado el estado actual de la educación.

La educación ha sufrido una suerte de ensañamiento terapéutico donde los mentores de estos modelos, aunque en apariencia y de nombre puedan haber sido distintos en los últimos treinta años, como único recurso sólo han propuesto aumentar la dosis, sin siquiera preguntarse si no es el mismo remedio el que está causando la enfermedad.

Como decía Maslow, quien tiene un martillo tiende a creer que todas las realidades son clavos. Desde esos paradigmas deconstructivos de diversa naturaleza, sostenidos hegemónicamente desde el poder, lo único que se ha propuesto es aumentar la dosis al infinito y volver a los docentes víctimas exoculpógenas (que les es impuesta una culpabilidad generada desde afuera) de la no aplicación de las bondades de tan maravillosa lectura de la realidad.

El docente (y el directivo a la postre) no son el perfecto arquetipo de recursos humanos, psicológicos, antropológicos, pedagógicos, prudenciales, etc. que deberían ser para que la educación funcione. De ese modo se los vuelve la única variable de ajuste. Entonces cuál ha sido el remedio para mejorar los resultados desastrosos de cada época: "capacitar a los docentes", con capacitaciones que en palabras de un docente con 30 años de experiencia (que es la sensación que en off se animan a transmitir la mayoría absoluta de los docentes) "son más de lo mismo".

Con toda precisión, ese docente describía la realidad. No hay otra clave de lectura que ese paradigma hegemónico y por eso si el antibiótico no ha funcionado, no es un problema de falla en el diagnóstico, ni de que la enfermedad no sea esa, sino que no se ha aplicado la cantidad suficiente de remedio, por lo tanto siempre la propuesta ha sido duplicar la dosis.

Agresión

En este contexto no sólo la educación, en tanto que calidad del resultado de un proceso, se ha visto afectada. Ciertamente que la convivencia es lo que más ha sufrido en base a estos paradigmas de lectura deconstructiva. Los niveles de agresión y violencia, en sus distintas manifestaciones, también han crecido estadísticamente a niveles intolerables.

Desde esa lectura deconstructiva se ha "empoderado" a toda la sociedad en la exigencia de derechos, sin el justo equilibrio y balance contrapesante de las obligaciones. Todos tienen derecho a todo. Y donde dos individuos se sienten con derecho a objetos contrapuestos, en la mayoría de las ocasiones se termina en una situación agresiva.

Como decía Chesterton: "Para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar "derechos" a sus anhelos personales y "abusos" a los derechos de los demás".

Lo único que puede regular y moderar los derechos de todos es la ley. Pero en la empoderación en base al puro derecho (sin el contrapeso de la obligación) la ley desaparece. Al desaparecer la ley desaparece la sana convivencia social.

Simplemente una consecuencia de esto se pudo observar en las últimas pruebas Pisa donde la Argentina se encuentra entre los peores países, sino el peor, en los ítems "orden en el aula" y "felicidad en la escuela".

Tenemos una de las educaciones más caóticas del planeta y que generan niveles de infelicidad notable. Cosa desde todo lugar obvia ya que uno de los parámetros más eficaces del bienestar emocional es la autoeficacia.

Contención

En el contexto educativo se pueden observar con experiencia palmaria y refrendado por la casi unanimidad de los docentes una aplastante abulia generalizada. En su gran mayoría tenemos alumnos que no quieren nada, no les interesa nada y no les importa nada.

La solución ha sido el ensañamiento terapéutico, "más contención", "más inclusión", hasta el punto de que se pierde de vista la especificidad de la institución educativa. El resultado es una mera contención física.

En una de las escuelas que pertenecen al Gabinete Zonal de Pocito, en ocasión de un taller con alumnos y directivos, ya a punto de comenzar el mismo, estando docentes y directivos presentes en el taller, un alumno permanecía acostado sobre un banco, usando la mochila de almohada y usando el celular, sin ningún tipo de registro sobre nada que tenga que ver con participar de una comunidad educativa, ni una mínima percepción de la necesidad de respeto de la asimetría que imponía tal actividad, ni siquiera respecto de sus propios directivos y docentes que asistían pasivos al espectáculo.

Esto no es un caso aislado. Ejemplos como ese pueden darse en varias instituciones. Las nociones de "inclusión" y de "contención" vueltas únicas claves de lectura de la realidad han terminado por vaciar absolutamente la verdadera inclusión y contención. Hemos llegado al punto que la escuela se ha convertido en el depositario físico de alumnos, donde no importa lo que el alumno haga siempre permanecerá en la escuela. Esa es mera contención física.

Sólo hay dos instituciones en el contexto social argentino en las cuales uno puede hacer cualquier cosa y siempre va a permanecer adentro: la cárcel y la escuela. En cualquier otra institución hay "reglas de pertenencia" que hacen que quien las traspase deja de pertenecer, se queda afuera.

El problema es que la mera contención física no enseña nada en absoluto. Las cárceles son posgrado del crimen. No readaptan a nadie, al menos tal y como son en la Argentina.

En las escuelas la contención y la inclusión adulteradas simplemente logran tener a esos alumnos dentro de ciertas paredes unos años, sometiéndolos al esquizofrénico mensaje, propio del doble vínculo, de que hacen como que aprenden y que deberían aprender, pero en realidad no sucede eso. Y por eso a través de la inclusión adulterada lo menos que hacen es incluir, se condena a esos alumnos a la más monstruosa de las exclusiones, la imposibilidad de acceder a la movilidad social.

Actualmente, de las personas que son consideradas clase social baja, solamente el uno por ciento accede al nivel universitario. Porcentaje catastróficamente menor que el de 30 años atrás. Lo paradójico es que, desde la actual mirada atrofiada, se califica a aquella educación de "excluyente", "disciplinar" o "educación basada en el orden". En aquel momento ni siquiera se hacía uso de palabras como inclusión, exclusión o contención; simplemente se hacía ejercicio de una inclusión y contención no ideologizada con resultados de movilidad social mucho más eficaces que los actuales.

Entonces se da la aberrante situación de que, por incluirlos por medio de la inclusión adulterada, los pobres en la Argentina están sufriendo la mayor exclusión de movilidad social y educativa jamás vista en nuestro país, en base a un ensañamiento terapéutico de dosis tóxicas de contención e inclusión adulterada.

Principios

Hay tres principios absolutos, parte del proceso educativo, que si se violan no se produce educación alguna:

Todo acto tiene su consecuencia: se es libre de hacer lo que uno quiera, pero no se es libre, jamás, de escapar a las consecuencias de tales actos.

Sin ley no hay sociedad: en la salida de la simbiosis materna hasta la plena autonomía del adulto se da en la apropiación de la ley la cual nos permite la interactuación armónica con los diversos círculos sociales que van ampliando las interrelaciones de la situación simbiótica original.

Sin frustración no hay apropiación de la ley: comme il est habituel dans l"évolution concrete des choses pour celui qui a triomphé et qui a conquis la jouissance, devient completement idiot, c"esta-dire incapable d"autre chose que de jouir. Pendant que celui qui en a été privé garde tout le rapport humain, car lui a reconnu le ma”tre et il a donc la possibilité d"etre reconnu par lui, c"est-a-dire qu"il engagera la lutte ˆ travers les siecles pour etre reconnu par celui qui peut efficacement le reconna”tre. ("Como suele ocurrir habitualmente en la evolución concreta de las cosas, quien triunfó y conquistó el goce se vuelve completamente idiota, incapaz de hacer otra cosa más que gozar. Mientras que el que ha sido privado de él (el goce) conserva toda la relación humana, porque ha reconocido al maestro (maetre) y, por tanto, tiene la posibilidad de ser reconocido por él).

Nos dice Lacan que, a aquél que se le brindan todas las cosas, sin frustración, se lo vuelve idiota, sobre todo en el sentido griego de "vuelto sobre sí mismo", sin conexión con lo social, sin conexión con el mundo, con un conjunto de aspiraciones idiotas que entran en contraste agresivo con el entramado social. El único modo de apropiación de la ley es la frustración.

* Docente. Licenciado en psicología.

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