El largo plazo de la Argentina requiere de reformas estructurales, cambios profundos, operaciones que el Gobierno no acometerá de cara a al decisivo 2023. Por eso Santángelo insiste: "Acá el objetivo de los próximos 18 meses es aguantar, llegar, durar y estabilizar la inestabilidad". Nada más.
Alta Tensión
-Se debate en el Congreso el proyecto de acuerdo con el FMI. Hay metas fiscales y objetivos monetarios, está el tema subsidios, crecimiento. ¿Cómo ve todo ese combo?
-Es un típico acuerdo del Fondo Monetario al que se llega más por necesidad que por convicción. Está claro que tanto el Gobierno argentino como el Fondo podemos suponer que tienen todo arreglado. Ninguno de los dos quiere llegar al problema mayor de la cesación de pagos. Siempre supimos que el 22 de marzo llegaba el primer vencimiento impagable que Argentina tenía que enfrentar este año ante el FMI. Por eso antes del 22 de marzo o hay acuerdo o hay incumplimiento de pago.
-¿Qué tipo de acuerdo se perfila?
-Y, es un acuerdo que tiene como objetivo llegar a las elecciones presidenciales de 2023. O sea un año y medio como máximo, estabilizando la inestabilidad. No es un programa para estabilizar la economía. Va a seguir siendo una economía inestable, con inflación, brecha, riesgo país y volatilidad. Pero hay que ver si se la puede administrar, estabilizar. Contiene las típicas metas fiscales, monetarias y cambiarias, sin incluir por pedido del Gobierno ninguna reforma estructural. Es decir, ninguna solución de fondo a los problemas estructurales que tenemos.
-¿Eso se debe precisamente a que el supuesto acuerdo es a corto plazo?
-Los acuerdos son siempre a tres años. Lo que es a diez años, esta cosa que se explicó muy mal, es el nuevo préstamo. Argentina irá recibiendo en cuotas un nuevo préstamo para pagar el viejo préstamo, donde el nuevo crédito en lugar de ser a tres años como los Stand-By es a diez años en total. Ahora, las reformas estructurales, llámese una cuestión previsional, tributaria, la relación con las provincias, lo laboral, los grandes problemas de fondo que la Argentina tiene, no se incluyen porque el Gobierno argentino tiene cero vocación de llevarlas a cabo. Acá hay que hacer una diferencia muy importante. El Fondo no está entrando al país sin nada de deuda original o de acreencia original. Va a desembolsar para cobrar. Entre comillas, está medio obligado porque sino la alternativa es el default. Y bueno, no tiene más alternativa que entrar con eso.
Corto Plazo
-Cuando mira estos números planteados a corto plazo, ¿piensa que son sustentables?
-Primero hay que ver los números: hay uno fiscal, uno cambiario y otro monetario. El fiscal es livianito porque implica una pequeña reducción del déficit primario, que el año pasado fue de 3 puntos, a 2,5%. Tiene como gran escollo político y económico los subsidios a las tarifas y al transporte, donde el Fondo no aceptó el aumento nominal de tarifas que implicaba una baja en términos reales, que fue propuesto por el Instituto Patria y los entes reguladores.
Va a venir más aumento que eso. Ahí lamentablemente el incremento del precio internacional de la energía por el conflicto entre Ucrania y Rusia le corre el arco a los números. Lo que se iba a ganar por el aumento de tarifas, más que se pierde por el aumento de los precios internacionales. Aunque hay que ver en qué valor se quedan. Hecha toda esta introducción está claro el muy relevante rol que tienen los subsidios a las tarifas y de la insuficiencia de lo que se va a pagar. Eso porque estuvimos tres años congelados.
El origen del problema es que hace tres años que las tarifas están casi congeladas y la inflación fue 50% anual. El problema fiscal de la Argentina sigue requiriendo de una alta inflación que licúe el gasto público y potencie la recaudación de impuestos. Entonces esto cierra con una inflación probablemente superior a la del año pasado.
-¿Ese es el año que proyecta para 2022?
-Repito lo que dije al pasar, este es un programa para un año y medio. Si bien está escrito para dos años y medio, el destino final son las elecciones presidenciales del año que viene, o incluso antes si deciden darlo por finalizado, suspendido o frenado. Se había anunciado como un programa a diez años y ahora se anuncia como un programa a dos años y medio. Es un programa de un año y pico.
-Es difícil que haya austeridad fiscal en un año electoral
-El año que viene, dejame decir que en junio o septiembre va a haber una suspensión o una cosa así y reformularán todo de nuevo cuando haya otro gobierno.
-Sobre el acuerdo se ha montado la imagen del acuerdo o el abismo. Hay voces que sostienen que existe la posibilidad de pagar el vencimiento y volver a negociar. ¿Es viable esa tercera posición?
-No. La única manera de afrontar esto es con un acuerdo con el Fondo porque los chinos no ponen dólares, los rusos no ponen dólares, nadie pone dólares en la Argentina. Los dólares que pone la exportación obviamente que son los obligados, los que tienen que entrar efectivamente y no alcanzan.
La respuesta es no. O hay acuerdo o hay incumplimiento. Yo todavía no usé la palabra abismo. Un incumplimiento sería una muy mala noticia, nos sumaría más problemas a los que ya tenemos en términos de mercado cambiario, dólar paralelo, brecha, riesgo país, tasas de interés, tasa de inflación. No sé si la palabra abismo es la apropiada, pero sería una turbulencia importante. Sobre llovido, mojado.
Aire Fresco
-¿El nuevo préstamo de u$s 5.000 millones que otorgaría el FMI serviría para tranquilizar mercados, frenar la inestabilidad y de alguna manera ayudar a que se cumplan los objetivos del acuerdo?
-Viene a fortalecer las reservas, reservas que van a estar en las vitrinas. Porque no son reservas para ser usadas, para ser vendidas. Son reservas para ser acumuladas. Sin dudas sería una buena noticia. Siempre es mejor tener más que menos reservas. Pero el tema pasa por la voluntad de enderezar los números tanto de la política fiscal, la política monetaria o el sector externo.
Argentina debe tener un déficit fiscal cercano a lo que dice la meta, por lo menos medido en porcentaje del PBI, no sé si en términos nominales; tendrá que tener una política monetaria que no sea el viva la pepa de los últimos dos años, y tendrá que dejar de perder reservas en el mercado cambiario.
Que la exportación esté gauchita, que aporte las divisas que el mercado necesita, y eso el año anduvo muy bien y este año también va a andar bien porque tenemos los precios internacionales de exportación más altos de la historia. Pero al mismo tiempo la alcantarilla de los que se llevan esos dólares está muy abierta.
-El presidente de la Nación habló de un objetivo de u$s 100.000 millones en exportaciones para este año. ¿Se puede alcanzar esa cifra?
-Cuando se habla de u$s 100.000 millones se incluyen los servicios. El dato más relevante de exportaciones de mercancías es que pueden andar en el orden de los u$s 84.000 millones. Eso tienen que ir a financiar las importaciones, que les han puesto un tope a partir de la última norma del Banco Central, la demanda de los particulares ya sea para tarjeta de crédito o atesoramiento; la demanda de las empresas para servicios, seguros, fletes, pagos de deuda; y la acumulación de reservas. Por supuesto que está todo sujeto al contexto internacional y al escenario local, pero estamos muy justitos con la cuenta. No es un acuerdo que es soplar y hacer botella, está todo muy justito.
-¿Las medidas de fondo a tomar para enderezar la economía pueden abordarse con este gobierno o necesariamente deberá ser otra gestión la que tome esa posta?
-Argentina tiene un problema político estructural que es este tema de que los gobiernos duran cuatro años y cada dos años hay elecciones. Todavía no se sentó un gobierno y ya está pensando en la próxima elección. Y tiene un problema económico fundamental que lo arrastra mínimo desde los últimos diez años. Para los próximos dos años o año y medio el objetivo es durar y llegar.
El objetivo del gobierno es llegar al minuto 90 o al round 15. No es ganar, gustar y golear. Ahora, para el 2023 dependerá de lo que elija la sociedad y de lo que proponga el que salga ganador. Ahí se abre una nueva ventana donde no es sólo cambiar el gobierno y las expectativas sino establecer un programa económico integral, consistente y creíble. Para eso falta mucho. Acá el objetivo de los próximos 18 meses es aguantar, llegar, durar y estabilizar la inestabilidad.



