Pienso que es muy difícil. Básicamente porque en las dos oportunidades en que dos presidentes peronistas hicieron eso fue cuando tenían mucho poder. Me refiero a Perón y a Menem. Perón lanzó su programa económico de austeridad y racionalidad en 1952, cuando estaba en la cima del poder. Acababa de ser reelecto con el 62 por ciento de los votos. Al tiempo que ya venía desplegando una política de acercamiento a los Estados Unidos. A veces los peronistas no lo recuerdan, pero fue el general Perón quien quiso enviar tropas a la Guerra de Corea en 1950, del lado de los norteamericanos, desde luego..
Y Menem en los 90..
Menem llegó al poder en circunstancias históricas muy singulares. Llegó al poder cuando se derrumbaba el socialismo real, cuando se caía el Muro de Berlín y cuando se deshacía el imperio soviético, dando fin a la Guerra Fría. Y Menem hizo un giro realista apenas después de haber ganados las elecciones. De hecho Menem anunció que iniciaría un camino a una "economía popular de mercado" en junio de 1989, antes de asumir. Cuando anunció un programa de apertura, privatizaciones y reforma del Estado. Por otra parte, políticas que el propio Alfonsín había tratado de hacer en el tramo final de su gobierno, cuando ya no tenía poder.
Usted sostiene que es fundamental el poder político para hacer reformas...
Por supuesto. Siempre recuerdo la frase de un dirigente radical muy inteligente, que es Jesús Rodríguez. El dijo que el problema del gobierno de Alfonsín fue que cuando tuvo poder, no supo qué hacer. Y que cuando supo qué hacer, ya no tenía poder. Por eso creo que Menem interpretó correctamente esa realidad y en cierta forma fue un gran beneficiario de las lecciones de Alfonsín, al comprender en qué se había equivocado. Por eso hizo todas las reformas de entrada y tuvo éxito.
¿Y ahora usted cree que el kirchnerismo está gastado? ¿Derrotado?
Me da la impresión de que están intelectual, política y hasta espiritualmente vencidos. Virtualmente agotados. Da la impresión de que en esta cuarta administración kirchnerista ya no hay iniciativa y solo hay repetición de ideas equivocadas. Algunas verdaderamente disparatadas, como creer que usted puede controlar los precios por decreto o poniendo un policía en cada comercio. A veces resultan casi enternecedores. El otro día una senadora muy cercana a la vicepresidente dijo que para bajar el precio del dólar había que mandar un patrullero a las casas de cambio. Un delirio. En términos talleyrandianos podría decirse que no aprendieron nada y olvidaron todo. Ni siquiera la Unión Soviética pudo tener éxito en materia de economía planificada.
¿El kirchnerismo es incapaz de reformarse a sí mismo?
Fíjese una cosa. La ministra recién designada dice que admira a Gelbard. La verdad es que si así comienza, es un problema. Porque el Plan Gelbard terminó en un desastre. Y además revela profundas equivocaciones. Porque en materia económica, el Perón más interesante es el del 52 y no el del 73.
El Perón del Segundo Plan Quinquenal...
Cuando Perón advirtió el sentido de los límites e impuso una política realista en materia económica y en su política exterior. Perón advirtió que el modelo económico que había heredado en 1946, y que él había profundizado a través de las políticas de Miguel Miranda, estaba agotándose. En rigor Perón ya venía insinuándolo desde hacía al menos tres años.
En enero de 1949 había realizado un cambio de gabinete determinante cuando lo sacó a Miranda y armó un equipo económico con Alfredo Gómez Morales y otros ministros. Entre ellos Antonio Cafiero, que luego fue ministro de Comercio. A comienzos de los años cincuenta Perón supo cambiar a tiempo. En eso demostró que era un estadista. Usó positivamente el capital político. Algo que parecería que hoy nadie quiere hacer.
¿El kirchnerismo cree que se puede gobernar sin pagar costos políticos?
Lo han hecho siempre. En Santa Cruz lo hicieron. En el orden nacional lo intentaron. Pero hoy es muy evidente que el reino de las fantasías se ha terminado. La idea de que usted puede gastar hasta el infinito y financiarse con emisión, con impuestos alocados o con deuda, está totalmente agotada.
¿Cuál será el legado del kirchnerismo?
Primero hay que tener en cuenta que el kirchnerismo ha hegmonizado la vida política argentina durante veinte años. Un periodo larguísimo. Piense que los gobiernos radicales de 1916 a 1930 duraron catorce años, Perón gobernó nueve años, Menem diez. Ni siquiera el general Roca gobernó tantos años. Solamente Rosas gobernó tanto tiempo. En ese sentido, la magnitud del fracaso de estos veinte años de kirchnernismo es colosal. Llevaron el gasto público del 30 al 47 por ciento del PBI durante los años de gobiernos kirchneristas y pasaron la pobreza del 30 al 45 por ciento. O más. Es un fracaso evidente. Por supuesto, los kirchneristas le echan la culpa siempre a otro. A la pandemia, a la guerra, a Macri, al neoliberalismo, al imperialismo yanki o los mosquitos pero la realidad es que acá quienes han hegemonizado el poder en estos veinte años son ellos. Por eso la mayor responsable de este desastre es Cristina Kirchner. Yo creo que en algún punto, ella misma debe percibirlo. Por eso se esconde. Y las pocas veces que habla elucubra ideas contradictorias, la mayoría equivocadas, sobre el funcionamiento de la economía.
¿Qué le pasó a Macri?
Fijese que en las áreas en las que Macri hizo un cambio rotundo, tuvo grandes éxitos. En política exterior, sin dudas. En muy poco tiempo logró revertir la imagen muy pero muy mala que tenía Argentina al final del gobierno de Cristina Kirchner, cuando teníamos prácticamente relaciones positivas solo con el bloque chavista sudamericano y hasta había llegado a firmar un pacto con el régimen islamista de Irán. Lo mismo pasó en materia de Seguridad, donde Macri tuvo grandes logros, así como en ciertos debates en materia educativa.
Pero indudablemente en materia económica hubo problemas. Haber mantenido dividida la conducción económica tal vez no fue lo mejor. La historia enseña que es necesario tener un ministro con capacidad de coordinar todas las áreas de la economía. Por otro lado es probable que haya habido un error en los tiempos en que fueron aplicadas algunas políticas. Al comienzo hubo un cierto gradualismo y cierta expansión y en el final se tuvo que hacer un ajuste muy fuerte. Pero hay problema en nuestro sistema, en el diseño institucional, del que de alguna manera fue víctima el gobierno de Macri.
¿Cuál es ese problema?
Una vez Luis Lacalle Herrera (padre del actual presidente uruguayo) me dio una gran enseñanza. Me dijo que ellos en Uruguay eligen el presidente y todo el Parlamento por cinco años. Y no tienen reelección. Por lo tanto el presidente que asume tiene un año para aprender, tres para gobernar y uno para organizar su legado.
Si gobierna muy bien recién puede intentar volver en cinco años. Por eso el sistema es funcional a que un gobierno tome decisiones pensando en lo que es correcto y no en cómo ganar la elección intermedia o en su reelección. En cambio en nuestro sistema estamos sometidos a una especie de campaña permanente y eso conspira contra el buen gobierno porque gobernar no es repartir caramelos sino a menudo tomar decisiones que son duras en el presente pero son las correctas en el largo plazo.
¿Qué deberá hacer un nuevo gobierno? ¿Con qué circunstancias históricas lo compararía?
El próximo gobierno tendrá que reorganizar una economía totalmente distorsionada, llena de parches, regulaciones absurdas, privilegios a sectores en detrimento del conjunto y plagada de impuestos cuasi-confiscatorios. En ese sentido el escenario se parece al de fin de los 80 y hacen falta reformas, apertura y racionalización del Estado como en los 90.
En otros aspectos sigue estando pendiente la meta del desarrollo. En ese plano hace falta una política como la de Frondizi, quien durante su gobierno modernizador llevó adelante exitosamente un plan de desarrollo y al mismo tiempo un plan de estabilización.
Por último, usted fue embajador en Israel y se suele hablar sobre el milagro israelí. En pocas palabras, ¿en qué consiste?
No existe el milagro israelí. Los milagros no existen. Lo que existe es el esfuerzo y el sentido del realismo. Básicamente haber adoptado una política económica de mercado, de apertura y de racionalidad en el gasto público. Y por sobre todas las cosas, haberla mantenido durante décadas.
Mariano Caucino es abogado y analista de relaciones internacionales. También ha incursionado en los estudios de la historia.
Ex embajador argentino ante Israel y Costa Rica.


La aceleración de la crisis económica, sus consecuencias políticas y sus posibles derivaciones institucionales. Y la posibilidad de que la Vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner termine teniendo que asumir el poder para completar el año largo de mandato hasta diciembre de 2023. Para reflexionar sobre estos asuntos, hablamos con el analista de política internacional e historiador Mariano Caucino. 