Nietzche dijo que Dios había muerto, matado por el hombre soberbio en la ciencia como verdad absoluta. Ese hombre del siglo XVIII-XIX que no sabía simplemente existir aceptando los avatares que eso implicaba, y disfrutando de la belleza de las cosas que lo rodeaban. Sospecha un bucle inabarcable, habla del eterno retorno que podría sernos anunciado por un demonio hablando de infinitas vidas ya vividas y por vivirse.
Era un iluminado que creaba y anticipaba. La ciencia con la física cuántica calzan a su medida cuando duda de la realidad y elucubra con multiversos. La inteligencia artificial, la robótica, la clonación, si bien son pasos evolutivos del heredero de antropitecos varios, parecen partir en una nueva ontogenia y filogenia no biológica. Lo humano de los humanos subyace como incógnita y copias de su cerebro parecen cobrar ¿vida? existencia propia.
Dios o dioses, homínidos, homo sapiens, económicus, ludens, informaticus oscilan en mi mente en ese territorio de lógicas borrosas. Reaparece Nietzche y su idea de lo religioso como una imposición negativa para el hombre, al menos en la cristiana y me atrevo a decir en las tres monoteístas. Dividen las conductas en base a una ética ad hoc con el bien y el mal según épocas y circunstancias pero que además al ser encarnadas tropiezan con el misterio no solo del por qué y el para qué, sino por ahora con el insoluble del cómo es que lo hacemos.
Los acontecimientos provocados por humanos, no por dioses comenzaron con Abraham, siguen con Jesús y terminan con Mahoma. Terminan, es un decir, ya que sus prédicas religiosas, en el fondo buenas guías de convivencia social, continúan en los hombres de buena fe. Según algunos pensadores el problema surge cuando la tradición inicialmente oral, va sufriendo los cambios, deslices y variaciones de las lenguas, generando múltiples versiones e interpretaciones que no mejoran con las constancias de la escritura.
Finalmente, la psicología descubre en la teoría del rumor, como un mensaje degradado por la falta del control recursivo puede terminar diciendo algo muy diferente de la versión original. Este control es una herramienta fundamental de nuestro funcionamiento biológico que da precisión y evita, minimiza, errores o continuidades sin freno. También filósofos y científicos coinciden en que el error, las fortalezas y las debilidades del lenguaje contribuyen por igual; metáforas, metonimias, sesgos, falacias, consonancias, sintaxis, prosodia, semántica y por supuesto la tremenda capacidad para mentir. El relato, la información, la propaganda son maneras de influir y determinar en la comunicación humana. Son además contagiosas cual las virosis que no las podemos visualizar. En términos actuales no los “vemos venir”. La profundidad de lo molecular es equiparable a lo inconsciente y tienen ambos la fuerza y el poder del mecanicismo fisicoquímico y la valoración afectiva.
Algunos religiosos/filósofos de la antigüedad propusieron el mito de Babel, un Dios todo poderoso castigando una supuesta enorme y pretenciosa construcción para llegar al cielo y así asemejarse a él. El castigo fue precisamente multiplicar las lenguas y con eso los errores e imposibilidades de traducción y entendimiento. En realidad el mito fue una advertencia sobre el poder de la palabra como determinante de las acciones. Quizás también un producto de los claustros y las iglesias para mantener su poder controlante. Quien controla la lengua, detenta el poder pues con ella guía la información, el conocimiento, los aprendizajes y los saberes. No es casual que en el mundo actual la posesión y/o el control de los medios es un objetivo fundamental.
Un respiro, un sorbo, y quedo pensando de donde vino todo esto. El gatillo fue la guerra ya desatada entre un estado, Israel, fruto de una creación por otro estado, el Británico, movido por el intento de dar solución compensatoria a un pueblo sometido a reiteradas diásporas y un genocidio. Lo hizo, quizás con buenas intenciones, entregándoles un territorio cuya posesión puede ser reclamada por múltiples habitantes a través de milenios.
Lamentablemente lo inconsulto hizo que la convivencia natural de pueblos con tradiciones incluyendo las religiosas convergentes, fuera ignorada, tergiversada, al amparo de ideologías políticas e intereses inconfesables. Así sus pueblos sufren y luchan por sobrevivir en vez de hermanarse y existir mientras sus dirigentes pelean en vez de dialogar. Reaccionan en espejo y así solo puede anticiparse una escalada y reiteración inacabable, que además tecnología mediante, se deshumaniza y adquiere dimensiones catastróficas. Mueren millones de personas víctimas de armas manejadas a distancia con información de servicios de espionaje que ahora también pueden ser manejados en redes. Reaparecen mercenarios como en las guerras de la antigüedad. Todo es mercable.
Cito al conflicto de medio oriente porque acaba de subir en escala, pero el mundo está lleno de situaciones similares aunque a veces las ignoramos porque no sabemos o no nos dejan ver. Por casa andamos igual.
Entonces no puedo evitar mi formación y la pregunta es por el hombre. Las fundadores de las religiones monoteístas fueron seres humanos de carne y hueso que lidiaban con sus circunstancias lo mejor que podían Eran muy peculiares, hoy decimos místicos. La ciencia los llamaría delirantes pues no hay manera de dar confirmación a su prédica de diálogo y obediencia con un Dios, creador sin testigos. No obstante el delirio no margina y la locura no necesariamente está definida por él. En esos casos y en el de muchos artistas, sus vidas con sus delirios produjeron cosas maravillosas e ideas por el bien común. Existen desgraciadamente otros delirantes que al decir de un famoso Psiquiatra (Juan C. Goldar), en realidad no es el delirio lo que los caracteriza, sino una idea sobrevalorada de la que derivan el fanatismo y la megalomanía. Esos personajes, a diferencia de los otros, generan acontecimientos catastróficos, guerras, genocidios, grietas, odio, negación del otro como un semejante y la creación de enemigos con los que polarizar en los fanatismos extremos con respuestas espiraladas y en espejo.
Hay en el territorio de la psicopatología casos peores como los psicópatas. Convivimos con ellos, pueden no verse y contagian. Como dice M. Benasayag, no debemos responder en espejo. Debemos conocer, saber y ayudar a corregir y superar. Regreso a Nietzche y su invocación a crear valores humanos, no impuestos por ideologías políticas o eclesiásticas.
Termino con un proverbio que suelo usar como una plegaria laica que no anula el sentimiento religioso: Dios dame fuerzas para cambiar lo que deba ser cambiado, resistencia para soportar lo que no pueda ser cambiado y sabiduría para diferenciar entre ambos. Agrego a mi abuela siempre presente, que no sabía académicamente lo de la recursividad, pero sabía que el hombre tropieza varias veces con la misma piedra y recordando su Galicia natal decía frente a las reiteraciones inútiles o perjudiciales “vuelta la burra al trigo”
Médico neurocirujano, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema, La era del neuro Todo y La era del neuro Todo II.
Publicados por editorial Miño & Dávila


Mañana gris y lluviosa, alentadora de ideas un tanto sombrías, que ni el jarrito de café ni la contemplación del jardín logran disipar. El sueño puso la mezcladora en marcha para clasificar y archivar ideas que cual materia prima, como diría el Chavo, lo hace “sin querer queriendo”. 