Viernes, 18 Febrero 2022 12:34

Cuadernos: una valla menos en un camino hacia el juicio oral que está lleno de obstáculos - Por Diego Cabot

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Los juicios de corrupción en la Argentina tienen una particularidad: la sedimentación de cuestiones procesales que se acumulan durante años -décadas en algunos casos- sepultan los hechos que se juzgan. 

Que haya quedado firme el procesamiento de la vicepresidenta Cristina Kirchner es, claramente, un hecho procesal. La Sala I de la Cámara de Casación Penal, por mayoría de dos a uno, dijeron que no era pertinente un pronunciamiento del tribunal. Que aquella apelación al fallo de la instancia inferior, la Cámara Criminal y Correccional, no acreditaba “la existencia de cuestión federal o verificación de un supuesto de arbitrariedad”. Por esta decisión es que aquella resolución quedó firme. 

Los vericuetos procesales se empiezan a agotar. Ya son siete los jueces que han revisado y se han adentrado en la causa -el juez de instrucción, tres de Cámara y otro tanto de Casación- y también son tres las instancias que se han pronunciado y en diferentes momentos, procesaron o confirmaron las imputaciones contra Cristina Kirchner como jefa de una asociación ilícita. Además, con diferentes tipos legales, otros 152 procesados han transcurrido un camino paralelo. A ellos les falta el pronunciamiento de Casación ya que este se limitó a definir la apelación presentada por al expresidenta. Pero nada hace suponer que los mismos integrantes se van a apartar de la letra que ya escribieron.

Es necesario, ahora sí, entender cuáles son las acusaciones que quedaron firmas hoy. Por caso, la remanida y poco efectiva, al menos hasta ahora, argumentación de que se trata de fotocopias. “Muchas de las defensas cuestionaron el valor de estos cuadernos como evidencia en el proceso De ahí que se los invoque como «las fotocopias» o «las imágenes» en un curioso intento de desprestigio, cuando tal apelativo no deja de reconocer correspondencia con un original del cual es derivación. Pues bien, esas fotocopias de los cuadernos escritos por [Oscar] Centeno, y que él mismo reconociera en su declaración llegaron a revelar 205 transacciones de dinero”, dice la Cámara en la resolución que ahora quedó firme.

Sólo para recordar lo qué la Justicia, al menos estas tres instancias, considera que sucedió en la Argentina de los bolsos. De acuerdo a los fallos en los que reposan las acusaciones en la pirámide de poder se estableció una asociación ilícita. “No se trató de una simple organización criminal ubicada en estratos medios del escalafón administrativo. Su estructura piramidal con eje en los máximos representantes del Poder Ejecutivo del Estado Nacional le dio características extraordinarias: de inusual y poderosa capacidad de acción, medios extraordinarios basados en la estructura jerárquica para lograr sus fines y, sobre todo, de una impunidad sin precedentes. Corrupción con rasgos definitivos de gravedad y descomposición institucional, increíblemente prolongada en el tiempo”, se lee en el fallo sobre el que se construirá la línea acusatoria cuando inicie el juicio.

Aquí sí hay qué hacer un punto. ¿Cuándo empezará el juicio oral? Pocos, o nadie, en realidad, se animen a jugarse con alguna fecha. Hay 150 defensas cuya principal estrategia es justamente, que jamás empiece el debate público. A contramano de lo que querría cualquier acusado injustamente, que seguramente querría que esa instancia empiece inmediatamente como para demostrar la inocencia, en los casos de corrupción siempre se apuesta por la dilación y el correr del tiempo. En el camino, por ahí un bache tumba la causa.

Este camino tiene, además, un aliado: la falta de recursos. Una manera sutil de ralentizar los procesos es no entregar recursos extraordinarios a causas que salen de lo común. Atender los requerimientos de alrededor de 150 defensas, todas asumidas por enormes estudios de abogados, requiere personal y espacio, entre otras cosas.

Los pedidos para autorizar algún empleado más en las salas o las fiscalías que tramitan el expediente han tenido como respuesta el silencio. Con sólo mirar el Boletín Oficial a diario se podrán leer miles de designaciones que el Poder Ejecutivo realiza a diario, la mayoría de ellas, como excepción al convenio colectivo de los estatales ya que no cumplen con los requisitos mínimos para el cargo.

Mientras los juicios definitivos no lleguen, la Argentina jamás podrá salir del estado de sospecha que se respira. Porque una sociedad que no exhibe a sus culpables con sentencias inapelables tampoco puede mostrar a los inocentes. Sin Justicia, da todo lo mismo. Los acusados acusan a los juzgadores y de esta manera, invalidan en la opinión pública sus decisiones. Nadie cree en nada. Y ahí, en ese punto, la sociedad se desmoviliza y despeja el camino de los oportunistas.

Diego Cabot 
Ilustración: Alfredo Sábat

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