Sábado, 11 May 2024 00:44

Hombre mirando al sudeste o la gran pregunta que las neurociencias aún no responden y las humanidades tampoco - Por Guillermo Javier Nogueira

Como suele suceder con los artistas, esta imagen de la película Hombre mirando al sudeste, una ficción, ya había sido vivida realmente por mí cuando siendo un joven médico residente, en una lóbrega noche de guardia, tuve que realizar la autopsia de un niño con quien horas antes había estado bromeando. 

Estaba muy enfermo y no teníamos diagnóstico como para poder ayudarlo. Solo pude acompañarlo en ese pasaje. Con su cerebro en mis manos me atravesó la misma pregunta que expresa el personaje de la película observando el  mismo objeto, pero perteneciente a un paciente fallecido en el manicomio: “Con esto se habla, se ama, se odia, se sueña…” , en realidad una mezcla de ruego, fascinación, intriga y tristeza que nos precede, acompaña y sospecho nos sucederá. 

Como no surge una respuesta, la pregunta se desvanece en el silencio de lo ignorado y puede tornarse en angustia por la fundada sospecha que hay un universo  del cual, según los que lo exploran, solo conocemos el 5% de todo lo existente. La ficción y la realidad convergen de la mano del artista y del joven neurocirujano. ¿quién imita a quién? 

Difícil de saber. J.Eccles dijo “lo fascinante es el cerebro estudiando al cerebro”. A eso me he dedicado toda mi vida probando distintos anteojos para evitar reduccionismos extremos, ideologías y sesgos. Lo mejor que he podido lograr es reconocer mi ignorancia que me ayuda a mantener  la curiosidad y el interés, resguardados por la duda metódica, el pensamiento complejo y la convicción que lo importante es el camino cuando la meta parece y quizás sea inalcanzable.

Con este bagaje a cuesta que incluye libros, experiencias y por sobre todo grandes maestros, hombres de la pregunta y con el no sé a flor de labios, observo la actualidad. Me golpea, a veces me fastidia, cuando veo circular por los medios de comunicación opiniones que aducen funciones cerebrales para explicar todo.

Las redes agigantan y aceleran el fenómeno sin cuidar la veracidad. Se googlea y ya está.   Lo hacen divulgadores, vulgarizadores, periodistas, políticos, influencers, gobernantes y hasta el hombre de la calle, que con una educación precaria se anima no obstante a juzgar como insano a quien lo fastidia  y como genio a un deportista porque lo entretiene y alegra.

Acepta además que todo lenguaje es literal cuando abundan las metáforas, las falacias, los sesgos y las simple y llanas mentiras. Fallan todos en poder diferenciar realidad de ficción, símbolo, signo y señal. Así repiten a pie juntillas que hay un cerebro argentino, otro peronista y que tal parte del cerebro hace que votemos izquierda o derecha, o elijamos un sexo o un género una pareja una bebida o una droga usando un hemisferio o el otro.  En realidad lo criticable no es la atribución al cerebro de las conductas humanas, sino el hacerlo con un reduccionismo extremo y abusivo que lo hace aparecer como el único responsable. Se ignora la plasticidad, la evolución y los aprendizajes, que al existir incorporan, generan y transmiten cultura llena de intangibles.

Sumido en estas reflexiones y ante una invitación a dar una charla, propuse como tema Paranoia y actualidad. No fue casual ya que la conducta de líderes universales y locales es etiquetada con bastante ligereza en base a diagnósticos psiquiátricos no formulados por expertos sino por los habituales opinólogos. No necesariamente están equivocados, sino que al no profundizar el tema, solo miran a un lado de la ecuación, el líder, ignorando a sus seguidores, el vínculo y sus causas.

Para investigar es preciso definir el objeto de estudio. El lenguaje a veces no es suficiente, la polisemia puede confundir y la pobreza educativa impide su correcta comprensión y uso. Por lo tanto me parece útil definir algunos términos a veces tomados por análogos sin serlo.

El objeto de estudio: El ser humano y sus conductas

Es un animal único e irrepetible. Somos semejantes, pero no idénticos. Los atributos únicos que lo colocan como el más evolucionado de los seres vivos es poseer un sistema nervioso con una enorme capacidad de procesamiento que posibilita niveles de abstracción enormes. Eso es pensar, es lo mental.

La oposición del pulgar y la bipedestación otrora considerados paradigmáticos quedar muy reducidos en comparación con el lenguaje. Este entendido como la capacidad de simbolizar y así poder idear, imaginar, transmitir, ordenar, sugerir, crear, ordenar, mentir, alabar, castigar, enseñar, consolar y mucho más todo en  ausencia del objeto percibido o inventado no resiste comparación y nos coloca en la cima.

El hombre posee esa notable capacidad de poder hablar de cosas que no existen o no están presentes. Toma a través de los sentidos la información del mundo que lo rodea, la organiza, la coteja constantemente con la que va llegando y finalmente decide accionar. Ejecuta, controla y regula proactivamente y toma su propia ejecución junto al resultado como nueva información que trata recursivamente.

Por eso configura, se auto configura y es configurado por su entorno. Conoce una mínima parte de este proceso: lo consciente. La mayor parte lo ignora, aunque en ciertas condiciones puede acceder a ese contenido aunque distorsionado. El inconsciente, que Freud señalaba como rector de nuestras conductas. Mal que nos pese, antes de ser conscientes de una decisión y de la manera de ejecutarla, hay evidencias que el cerebro ya lo ha hecho sin que lo supiéramos. Lo que en el fondo no sabemos y es más importante aún que ese procesamiento ajeno a nuestra conciencia, es como es que pasamos de la materialidad biológica a la inmaterialidad de las ideas, de lo abstracto. Del mecanicismo a la posibilidad de variar, errar, ignorar, crear, aprender, el mundo de la cultura. De lo tangible a lo intangible.

Debemos admitir resignadamente entonces que somos mezcla de naturaleza y cultura. La difícil tarea para el observador es ante cada conducta poder saber con certeza cuánto depende de la naturaleza y cuánto de la cultura. Me anticipo a decir que la tarea ¿imposible?  de los hombres de las neurociencias en general,  es evaluar con precisión esa proporción. Es peor aún en el caso de psiquiatras y psicólogos, que deben  definir ante una conducta considerada anormal, su génesis considerando esas dos variables.

Se suma el desafío que por ser un sistema abierto e inestable el problema puede ser generado tanto fuera como dentro del sujeto o en el vínculo de ida y vuelta según las circunstancias. Se puede alucinar o delirar en una encefalitis o en la ingesta de una droga o inducido por el discurso o las acciones de otro sujeto u otra cultura o en un templo.

Por eso, a pesar de estar a nivel de la biología molecular en el abordaje del hombre y sus conductas desde “abajo hacia arriba” (bottom up) o poder encararlo con  precisión y riqueza merced a las neuroimágenes, los test y la observación reglada en el modelo de “arriba hacia abajo (top down),  no hemos logrado aún su convergencia y amalgama en un todo.

Surge además el problema de la epistemología en primera persona, subjetiva, y aquella en tercera persona, objetiva ¿cuál aporta más conocimiento y saberes? Información no es igual que conocimiento y este no es igual que sabiduría; así como más no es siempre mejor que menos, rápido que lento y la excitación no es siempre la positividad la que pone en marcha una acción; cuando muchas veces es la inhibición selectiva de todas las otras opciones menos la favorable, la que desencadena una conducta.

Definiciones a modo de diccionario

Locura: privación del juicio o uso de la razón. Despropósito. Desacierto

Psicosis: distorsión de la percepción de la realidad. Alteración significativa del funcionamiento mental

Psicopatía: falta de sentido moral

Esquizofrenia: trastorno mental grave con delirios, alucinaciones, agitación, catatonía, aplacamiento afectivo, pensamiento desordenado, reacciones inapropiadas, fobias.

Ilusión: Percepción distorsionada de un estímulo real. Interpretación      errónea  de un estímulo.

Delirio: Creencia irracional que persiste a pesar de la evidencia. Idea o conjunto de ideas irreales percibidas como reales

Alucinación: Percepción falsa sin una percepción externa real

Estamos, llegado a este punto, en condiciones de encarar la actualidad teniendo en cuenta la presencia de líderes a nivel mundial y nacional capaces de producir acontecimientos. Abundan las guerras, los cambios de autoridades, las amenazas, la pobreza, los genocidios y una larga lista de dolor, sufrimiento, injusticia.

Líder: Aquél que dirige, inspira, guía, motiva, propone, ordena, ejecuta, sanciona. Combina poder con autoridad en proporciones variables y fluctuantes.

Acontecimiento: Cualquier hecho  relevante, significativo, que marca un antes y un después. Pueden ocurrir naturalmente o ser desencadenados por un líder o un conjunto de ellos sumando seguidores.

Según el tipo de acontecimiento y liderazgo se suele adscribirlos a la PARANOIA:

Noos : pensamiento Pará: ir más allá (del griego)

Trastorno psicótico, delirios sistematizados sin otros trastornos de la personalidad

Una forma de desconfianza hacia los demás, extrema e irracional

Tipo de personalidad delirante caracterizada por la claridad y el orden de su vida psíquica

Sistema delirante lógico y bien organizado

LOCURA RAZONANTE

LOCURA LÚCIDA

Según textos y autores

Henry Ey: “Forma parte de los delirios sistematizados. Este tipo de personalidad delirante se caracteriza por la claridad y el orden de la vida psíquica, por su polarización en el sentido de una o varias creencias delirantes axiales, por la estructura sistemática y “razonante” de la “ficción”

Cabe aquí hacer un distingo importante:

Rasgo de personalidad: Característica de la personalidad por la cual una persona puede ser caracterizada y permite predecir ciertos comportamientos habituales. Pueden ser positivos o negativos según culturas y circunstancias. Son flexibles, adaptativos. No indican anormalidad. Amabilidad, extroversión, neuroticismo son algunos.

Estructura de personalidad: Similar al rasgo pero fijos, no flexibles y por lo tanto no adaptativos, lo que los coloca en la anormalidad. Estereotipia.

De este distingo surge la confusión habitual de llamar paranoicos a todos los sujetos con las características antes expuestas. Lo correcto es denominar como paranoides a quienes poseen los rasgos pero no la estructura; en tanto que serán paranoicos quienes están definitivamente estructurados de esa manera y por lo tanto actuarán en forma inapropiada, anormal, patológica, delirante al interpretar erróneamente los signos y las señales de la realidad.

Todos tenemos rasgos paranoides cuando enfrentamos por primera vez algo desconocido o razonablemente amenazante. Le llamamos prudencia, sana desconfianza. Nacemos así y el aprendizaje inicial de la mano de nuestros cuidadores va generando certezas y confianza que comienza por la voz, el olor y el confort que brinda la madre en primer lugar.

Se inicia el proceso de construcción del yo al reconocer que estamos separados de ese otro que está afuera y que permanece, aunque a veces desaparezca, ya que regresa. Surge además la filiación como resguardo de confianza sólido y la desconfianza al extraño hasta que lo conozcamos y evaluemos. Construimos el mundo de los valores anexándolo al conocimiento, que a decir de J.C.Goldar media entre lo vital: biología pura, genética, instintos, hambre, sexo, homeostasis, vida, entropía y neguentropía,  el carácter,  y lo intelectualmente percibido, el mundo de lo existente.

Así finalmente podemos decidir si nos interesa o no, si es bueno o malo, útil o inútil, seguro, neutro o peligroso y actuar en consecuencia: acercarnos, huir, atacar, amar, odiar, cuidar o abandonar, comer o aparearnos. Vemos así que de este aprendizaje fundacional y de las estructuras que lo posibilitan, pero también de la cultura aportada por los cuidadores, se irá elaborando un existir exitoso en tanto las acciones serán apropiadas a las circunstancias, las posibilidades, los deseos y las necesidades. Son muestras de la inteligencia y la razón. Falencias tanto de la biología como del vínculo niño cuidador en los primeros 12 años de vida y más importantes desde la pareja procreadora, la gestación, el parto y los primeros tres años, se estructurará una personalidad que será enferma, rígida y discordante.

Podrá ser solo un rasgo o una lamentable  estructura. Vale la pena detenerse en esto pues conocer esa etapa y circunstancias en los líderes desencadenantes de acontecimientos,  permitirá hacer ese distingo, comprender y explicar sus conductas y evitar ser seducidos por su ideación delirante,  que por otras razones contagia y arrastra irreflexivamente.

Suele decirse que los idiotas (no pensantes) solo pueden sentir, han quedado reducidos a lo puramente vital, en tanto que los razonantes sufren pues su percepción, valoración racional de la realidad les advierten de los peligros reales, por ello sufren ante la predicción de las tragedias en ciernes.

Un psicoanalista, Luigi Zoja, dedica un extenso estudio a aquellos líderes que a través de la historia han desencadenado verdaderas catástrofes.  Los considera paranoicos y por eso su libro se titula “Paranoia, la locura que hace la historia”. Se remonta a la antigüedad y llega a nuestra época con personajes harto conocidos que generaron violencia y sufrimiento.

Este fenómeno ha sido considerado como un trastorno mental  desde hace poco más de un siglo y solo en las 4 últimas décadas se ha comenzado a debatir su posible papel en la política en su conjunto y en los movimientos de masa. De ese modo la humanidad se ha visto obligada a distinguir más a menudo de lo que se tiene conciencia entre el paranoico y el líder inspirado. Zoja dice, y yo comparto, que la paranoia ha hecho correr mucha sangre como para dejársela a los psiquiatras.

Un psiquiatra puede detener la mano de un demente que aferra un cuchillo, pero no la de Hitler o Stalin,  ni de las masas que los siguen; precisamente porque los siguen. Creo ese es el quid de la cuestión. Miramos al líder pero no nos preocupamos por sus seguidores, por ese vínculo y las razones, el modo y las circunstancias en que lo construyen.

En nuestra actualidad local es evidente que buena parte de los seguidores del líder son desesperanzados, hartos, irritados y poco educados. Tristemente solo pueden sentir y entonces irracionalmente se movilizan por lo acuciante que no puede posponerse. No pueden pensar y frecuentemente se hace lo posible para que no piensen. El arte de la inmediatez.

El paranoico es un sujeto escindido entre su culpa por algún error moral que requiere arrepentimiento, castigo, perdón. Para zafar de su culpa proyecta en el afuera, crea un enemigo al que falsamente atribuye aquello que genera su culpa. Lo hace a través de una interpretación amañada de la realidad, pero con cierta verosimilitud. Hitler tiene una infancia poco feliz, le duele la derrota del imperio Austro Húngaro en la primera guerra, le duele el tratado de Versalles. Se siente inferior y por ello necesita proyectar creando un enemigo exterior. Utiliza el Darwinismo extremo que justifica la eugenesia y por lo tanto atribuye la derrota al dominio de una raza degradada que está afuera y se identifica con la pureza de la suya que la eugenesia avala.

Crea una proyección- relato poniendo en los judíos, los gitanos, los homosexuales y otras minorías la culpa de la derrota. Son razas inferiores, degradada y por ello lo que hacen, su cultura, su religión son tomadas como perniciosas; deben ser exterminadas.

El relato prende en el común de las personas dolidas por la secuela de una guerra perdida y así lo siguen ciegamente. Sienten más que piensan. Funcionan más que existen, diría Miguel Benasayag. El relato es creíble, se lo hace hábilmente creíble con la propaganda y los símbolos que apelan a las emociones y no a la razón. Todos necesitan escindirse y proyectar para no sentirse responsables y culpables. La banalidad del mal como señala Hanna Arendt. El rey está desnudo pero solo un niño curioso y sin prejuicios puede denunciar la manipulación y la mentira. La megalomanía parece justificar la veracidad del relato: grandes construcciones, desfiles y muchas armas embriagan. La realidad fatalmente hace su obra, pero tarde y con un tendal de desgracias.

J.C.Goldar, ya mencionado, mira a esta patología pero corporizada en  liderazgos que no son nocivos: los místicos y los artistas. Publica un trabajo junto a dos colaboradores analizando a Juana de Arco, el profeta Ezequiel y San Francisco de Asís. Por mi cuenta agrego a  S. Dalí,  P. Picasso y  André Breton.

Todos generaron acontecimientos que admiramos, producen respeto y admiración. Nos permiten tanto sentir como pensar. Lo cito: “Ellos oyen voces, Dios los inspira y comienzan a trabajar en el mundo y trabajan de tal manera que cambian la historia del mundo. Son sujetos histórico significativos .Son los genios que hacen la historia (coincide con Zoja). Se pregunta

¿las voces alucinatorias han existido realmente o son parte del mito de los héroes? Sin respuesta

Si las voces existieron realmente, estos personajes ¿estaban locos?

Si ellos estaban locos ¿pueden los locos ser personajes histórico significativos? Si      

Si un loco puede cambiar la historia ¿ no estaremos llamando locos a los genios?

En el caso de Juana ¿Por qué los curas primero la quemaron y luego la llevaron a los altares?

Goldar habla de dos tipos de hombres: los de la tierra, gente de trabajo, de la propiedad, de las espadas y la pelea, de guerra, sangre, mundo. De ese lado está la astucia, la política, la economía. Las leyes inmediatas, las consuetudinarias, los seculares. Saca la espada y mata. Están hechos de sangre, amor y fiesta. La vida plena del trovador.

La gente de los claustros no pelea, no trabaja, no tienen enemigos fácticos. Inventan enemigos teóricos. De este lado está la teoría, la regla, la doctrina. Los malos son esos. El enemigo no es un hecho, es una idea, un dogma, una doctrina. En el escritorio se piensa. El hombre del claustro es el inquisidor.

El pensamiento del resentido. Koch en 1891 los denominó los justicieros, una personalidad psicopática con especial sensibilidad para captar la transgresión. Construyen sistemas teóricos como los que leían Hitler y Mussolini. ¿A qué se dedica un paranoico? A hacer una teoría de dónde está el enemigo ¿existe el enemigo? No, sólo está en la teoría. Eso es paranoia en sentido estricto. La paranoia es una personalidad que detecta al trasgresor, que lo denuncia, que pide el juicio, que lo considera sin fundamento alguno el enemigo. Esto no es un delirio sino una idea sobrevalorada. Cita a Krestchmer: “un paranoico es un hombre con dos almas en el mismo pecho” Es un débil que no puede pelear en el mundo con la espada, se encierra en el claustro a pensar. Por otro lado tiene una idea sobrevalorada que incluye la muerte. Concluye: “después de 35 años de ver locos me he convencido que los paranoicos no son locos. Donde comienza el delirio se termina la paranoia. El núcleo no es el delirio del loco, sino la sobrevaloración crítica del psicópata. Nada hay más falso que un paranoico.

Por último, entra en escena el Síndrome de Hubris descripto en un artículo de David Owen y Jonathan Davidson publicado en la prestigiosa revista Brain en el 2009. Se dedicaron a estudiar parlamentarios británicos que desencadenaron acontecimientos muy negativos.

Encontraron en ellos 14 características de personalidad que se asemejan a lo observado en la paranoia. En estos sujetos se observó este tipo de conducta  vinculada con el ejercicio del poder. Citan a Roy Porter quien dice  “la historia de la locura es la historia del poder. Al imaginar poder la locura es al mismo tiempo omnipotencia e impotencia. Requiere poder para controlarla”.

La duda es si estos líderes eran así y seguirán así o si el poder los convirtió en eso, poseyeran una predisposición o no. Un libro reciente habla metafóricamente de ascenso y descenso de la montaña del poder. Tiende a pensar que este comportamiento es inherente a la función y en ese caso el político sería víctima del ejercicio del poder en vez de ser víctima de su propia personalidad en busca de poder.

No hay última palabra. Solo recordar la diferencia entre rasgo y estructura y ahora que se habla tanto de cambios de era y de verlo o no verlo tanto al cambio como a sus líderes y seguidores, no caer en el reduccionismo extremo de las neurociencias, que algunos hacen interesadamente. Hay mucho más que eso y no debemos ser ignorantes de la ignorancia

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Médico Neurocirujano

Psicólogo

Presentación hecha en CIMEJU Mar del Plata el 2 de mayo del 2024

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