Dicha paciencia ha sido superada por una larga serie de acontecimientos a nivel global con impacto por sus implicancias en nuestro ¿bendito? país, en el cual el modelo calesita o tropezador serial se alternan. Reconozco que estas características de mi personalidad, guía de mis conductas, es una peculiar e individual mezcla de desconfianza, curiosidad y tesón, herencia de grandes maestros iniciada por mis padres, convertida finalmente en un sesgo profesional como hombre de las preguntas y las neurociencias.
Mirar e intentar ver y estudiar ese Sistema Nervioso, tan complejo, con el cual he construido mi identidad permanente, a pesar que por ser plástico es remodelado constantemente sin perder la línea esencial. Peor aún es haber aprendido que lo utilizo como herramienta con la cual pretendo estudiarlo para conocerlo. Ni remotamente soy el primero, pero lamentablemente no somos muchos ni mayoría en reconocerlo y aceptar dicha limitación epistémica. He llegado a un punto de seria preocupación, y por qué no hartazgo, al ver la rápida difusión por todas las formas de comunicación, y en particular por la prensa de cambiantes opiniones supuestamente muy elaboradas por expertos.
Sorprenden las bruscas oscilaciones que van de un reduccionismo extremo que explica todo por el funcionamiento cerebral (criticado reiteradamente en mis libros, en particular La era del neuroTodo, artículos de difusión, presentaciones a congresos y charlas) para llegar a otra supuesta explicación, más bien un acto de fe en el extremo opuesto, atribuyendo génesis a una invisibilidad como la mano del mercado, el azar o una luz divina proveniente de un Dios sabio que nos guía, olvidando que también nos condena y hace penar.
Supuesto creador sin testigos. Malévolamente dicen que por apurado la cosa no le salió muy bien. En esencia se confunde sentimiento religioso, una aceptable necesidad humana de crear mitos para aliviar la angustia y el sufrimiento por lo que desconocemos, no controlamos, no le encontramos sentido.
Las religiones en su intento de re-ligar al hombre con algún esperanzador Dios, devienen iglesias que son entidades políticas surgidas en sus buenas y diferentes versiones por la necesidad de encauzar la vida de las comunidades en pos de la tolerancia, el reconocimiento del otro como semejante, aunque no idéntico, todo en búsqueda del bien común, variable según culturas y circunstancias, que en el fondo no son más que maravillosas abstracciones. Permiten mantener la especie a partir del impulso instintivo vital e irracional de la biología. Creer solo en esto último, es también un reduccionismo extremo.
La gota que rebalsa en vaso es oír hablar de libertad como un absoluto y aplicarlo a cualquier toma de decisión que puede ir desde pareja, comida, color de auto, doctrinas éticas, políticas, morales y la inacabable lista del todo, desafiando precisamente eso que llamamos esencia humana, un raro equilibrio entre el instinto inconsciente, basado en el duro mecanicismo biológico maravillosamente transducido (no confundir con traducido), en abstracciones simbólicas con las que pensamos, decidimos, hablamos e intentamos contrariarlo.
Por eso erramos tanto como acertamos, ya que el equilibrio inconsciente-biología versus consciencia-humanidad es meta-estable. Está más allá de la rigidez estable; oscila. Es en realidad una onda que se aleja del punto medio de equilibrio en ambas direcciones y hasta cierto punto. Los límites de ese desvío y su frecuencia son las variables que el cálculo estadístico nos ha enseñado a reconocer y diferenciar, normal, bueno, correcto, placentero, bello, de sus opuestos y la más importante: vida de muerte. Vida y lo aceptado como normalidad son la permanente oscilación dentro de ellos.
La rigidez lineal en cualquiera de sus extremos es considerada anormal; son ejemplos posibles ser siempre bueno o malo, atacar o huir constantemente, es decir: estar fuera de la norma, más allá de la misma que es la fluctuación correcta y adaptativa según circunstancias. La rigidez en el punto medio es la muerte, tan bien graficada por la línea plana (isoeléctrica) del electrocardiograma o del electroencefalograma.
Por lo tanto la libertad es siempre relativa y determinada por los límites de la observación registrada; de hecho se habla de grados de libertad como lo permisible para permanecer dentro de una cierta categoría. Esos grados de libertad están determinados rígidamente por la biología y en algunos casos los conocemos y manipulamos pero no los determinamos a priori, en cambio todos los otros obedecen a conductas humanas con intereses, intenciones, objetivos creados, modificados y aplicados conscientemente, precisamente son humanos.
No infrecuentemente lo hacen en beneficio propio desafiando la biología, las circunstancias y lo más grave, ese límite supremo que es la moral entendida como no hacer a los otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos.
En conclusión no prediquen más sobre el libre albedrío o la libertad a raja tabla, para peor coronada con un expletivo inapropiado, ya que de libre absoluto no tienen nada.
Llevado al extremo terminamos en absurdos y paradojas insolubles como la libertad para vivir o suicidarse, comprar y vender seres humanos o sus partes, o atribuir arbitrariamente valores. Es en definitiva reducir todo a otra falacia absolutista como reconocer y respetar la propiedad privada sin límites, ignorando que la misma es un cambio evolutivo para controlar la forma de posesión violenta al pasar de cazadores recolectores en la horda primitiva a los asentamientos inicialmente cooperativos-familiares pero luego posesiones espacio temporales bajo asechanza por otros grupos foráneos similares. Aparece la xenofobia pues el extranjero, el diferente amenaza apropiarse por la fuerza acuciado por necesidades semejantes.
La civilización condiciona esa conducta imponiendo respeto a la prioridad y el espacio ya ocupado, pero posibilitando la negociación, cosa contraria a la rigidez del respeto irrestricto. Un buen intento de controlar la violencia que impide la convivencia.
El control es siempre parcial pues la codicia lo condiciona fuertemente al provenir del irracional y fundacional instinto de vida. Por eso robar por hambre no es punible, cosa que nos enseñaban en la escuela, la iglesia y en casa, ya que se justificaría biológicamente como irrefrenable por necesario.
A pesar de mucho pregonar a favor, también es absurdo aducir libertad para elegir entre cosas que como tales no existen, no las conocemos o son difíciles sino imposibles de determinar, como por ejemplo un Dios creador (Darwin pateó el tablero dirían los muchachos) o el mercado (De Pablo, y Prat Gay, creo yo lo hacen cuando hablan de bajar a los hechos, o a la psicología y desconfiar de los cálculos estadísticos que reflejan más la psicología de los seres humanos que las atribuciones matemáticas de un cálculo).
La lógica matemática es criterio de corrección y no de verdad o realidad. Dos más dos son cuatro, pero no son lo mismo dos peras más dos melones, a menos que yo excluya la clasificación individual y la sustituya por la categoría frutas. Eso lo hace un ser humano que puede mirar, ver e interpretar racionalmente, o simplemente leer y difundir irracionalmente apelando a esa parte similar, biológica, instintiva, inconsciente de sus escuchas, no de sus interlocutores ya que a estos los excluyen de la conversación, el diálogo y consecuentemente del aprendizaje con argumentos variables como razones de tiempo, espacio o atribuyéndose una superioridad por la que sus oyentes o lectores no están a nivel para comprender.
Pueden ignorarlos, cancelarlos, suprimirlos o embaucarlos. Fomentan la discusión, lo primitivo de la ira y la agresión, el rechazo a priori, porque sí, las diversas y pomposas apelaciones a falacias usadas según convenga, corresponda o no, muy comunes en algunos foros y paneles. Eso es fanatismo fruto de adoctrinamiento.
Los que lo aprovechan no son inocentes y menos aún ignorantes, por el contrario fomentan la ignorancia y la dependencia de aquellos a quienes se dirigen. La ignorancia, muchas veces madre de la estupidez, a veces depende de ellos mismos por diferentes razones. No infrecuentemente es fomentada en beneficio propio por mercaderes, políticos, científicos, docentes y los más variados agrupamientos humanos llamados corporaciones, castas, grupúsculos, pueblo, muchedumbre, organizaciones, siendo víctimas en ambos casos. Debemos cuidarnos de aquellos que de una manera u otra apelan a lo irracional, a lo puramente afectivo. Freud fue otro maestro en patear tableros cuando dijo su frase lapidaria “el hombre no es amo en su casa” refiriéndose a eso mismo como el inconsciente.
La neurociencia hoy lo confirma. La posibilidad de poder acertar y mantenerse dentro de los límites es precisamente conocerlos racionalmente. Lleva esfuerzo, tiempo y educación, entendida como la creadora de sabidurías que permiten cotejar y decidir a partir del uso de la herramienta-experiencia en cada caso.
Finalmente recuerdo el consejo de mis padres y su disculpa cuando reconocían un error propio o ajeno, frecuente y especialmente los míos. El que no sabe es como el que no ve me decían, seguido por el gesto y las palabras de Ojo, ojito, ehhh.., acompañado de una sonrisa benevolente. La reiteración se atribuía a no haber prestado suficiente atención, por lo tanto no haber visto o escuchado, causa de un aprendizaje ausente o equivocado. Aquí la cosa se ponía seria y venia un OJO, seguido de un reto y generalmente un segundo perdón. La tercera era la vencida: “asumí tu responsabilidad, hecete cargo de las consecuencias y pagá por ellas”.
Sorprende entonces ver a la más alta figura del gobierno ocupar distintos escenarios haciendo cosas absolutamente contradictorias a veces en breve plazo.
Delegar en otros miembros de su entorno responsabilidades y desplazarlos u obligarlos de alguna manera a recomponer o disimular sus contradicciones, a veces verdaderos desaguisados. La última fue combinar un show mediático cuidadosamente programado para exaltar las pasiones, junto a una compleja exposición de teoría económica que sonaba a revuelto de ideas inapropiadamente dirigido a una audiencia que solo estaba atenta al simbolismo irracional.
En medio de eso, el resto de la dirigencia salvo honrosas y mínimas excepciones, parece estar sumida en un ombliguismo, hoguera de vanidades y pánico ante los cambios de era/circunstancias, que precisamente “no vieron venir” y “no vieron a sus gestores”. En realidad era todo francamente visible. No haberlo hecho fue por ignorancia o por haberse quedado anclados en una era ya pasada usando “anteojos que atrasan”.
Creyeron que si no se ve, no se sabe, no existe. Hoy el celular y las redes hacen que lo privado y lo aleatorio antes inexistente, ahora surja pueda ser visto, conocido y re-conocido en tiempo real por la mayoría sino por todos. Para qué se lo use, por quiénes y cómo se lo haga, es otra cosa. Políticos, periodistas, junto a politólogos y opinólogos diversos, han padecido esta ceguera que se afanan por no reconocer, dicen informar, a veces opinar, otras mezclan todo y terminan en lo opuesto, desinforman. Reducir lo complejo que requiere tiempo y esfuerzo a lo simple y rápido es una lamentable forma de comunicar.
Así es inexplicable difundir actos públicos encabezados por y en compañía de personajes condenados o procesados por delitos graves. Igual ceguera padecen los periodistas que en su bamboleo ahora pretenden advertirle al presidente que cambie su conducta; cosa muy difícil sino imposible por sus ideas sobrevaloradas, incluyendo la de sí mismo.
Lo hacen creyendo avizorar la inminencia de una crisis/estallido en ciernes, fomentado por los que “no lo vieron venir”, sin advertir que ellos también forman parte de los que “no la vieron”. Todos forman parte del país de ciegos como describió encantadoramente y con maestría Saramago. Mientras tanto muestran la tapa de una revista con la foto del líder argentino del momento con la que en su megalomanía él y sus seguidores se vanaglorian por considerarlo reconocido por el mundo y casi por la humanidad. No lo hacen inocentemente.
La lectura cuidadosa del artículo origen de la misma, es de todo menos elogiosa. Lo observan como un fenómeno digno de estudio más que de admiración por su peculiaridad, que entraña riesgos semejante a los que representan otros personajes nativos bien conocidos en el país de origen de la revista; no parecen precisamente encomiables ni dignos de vanagloria.
Claro, hay que saber inglés para poder superar la tapa que nos muestran y alardean para poder ver, leer, comprender el texto del artículo. La tapa, las imágenes, lo imaginario, las imaginaciones, las ilusiones, el delirio pueden ir de la mano, apelan a lo inconsciente, lo irracional lo puramente emocional e instintivo. Amor /odio, aceptación/rechazo, calma/ira.
Cierro con el pedido que relean el título, miren, vean y PIENSEN.
No hacerlo es peligroso y puede ser fatal para nosotros y las generaciones venideras ya no solo aquí sino en nuestro planeta.
Mar del Plata 25 de mayo de 1924
Médico Neurocirujano, Licenciado en Psicología
Autor del Niño Problema y La era del neuroTodo. Ed. Miño y Dávila



