Parejas, amor, nido, pichones herederos, me dan el tono poético como ese primer violín que en la orquesta hace sonar la nota guía por la que el resto afina sus instrumentos. Luego aparece el director que imprime a la partitura y la ejecución su toque personal, entonces pienso en conductas, instintos, asociaciones, vínculos, poder, acuerdos, habilidades, atención, memoria.
La poesía se esfuma porque no puedo evitar desde mi panóptico científico ver al cerebro; me cuesta encontrarle belleza y sin embargo la tiene, es aquella que emparenta lo bueno, lo real con el placer de lo bello, tomado como certidumbre. Es difícil conciliar poética con leyes y reglas, sin embargo lo hacemos todo el tiempo. Un sorbo y como en las historietas aparece en mi mente escenario uno de esos globos con un texto.
Es el título de un libro encantador leído hacen muchos años: ¡Qué porquería es el glóbulo! En él un maestro uruguayo (José María Firpo) transcribe comentarios de sus alumnos de escuela primaria. El que diera origen al título surgió en la desprejuiciada cabeza de un niño al conocer la complicada tarea de los glóbulos rojos. Con una carcajada celebré a mi inconsciente que había hecho esta asociación, tarea del cerebro, mi cerebro.! Qué no hubiera dicho el mismo niño al conocer las neuronas!
Entonces entendí el significado particular, especial, dado a esa palabra; surgió de un diccionario propio que compartimos el pequeño sorprendido y este viejo docente que no deja de asombrarse. Maravillas del lenguaje que vive en sus creadores y expresa como puede lo complejo y lo contradictorio usando los mismos símbolos, pero con diferente pragmática y contexto.
De ese modo, porquería usada para denostar, pasa a denotar; compleja asociación de admiración y frustración al mismo tiempo, certezas y dudas, saberes e ignorancias. Así jugando con las palabras y sus asociaciones fui derivando a la interpretación de la conducta de gobernantes, líderes, periodistas, intelectuales y personajes varios, agrupables en mi caso por ser personas actuales de conocimiento público, debido a los roles que ocupan en nuestra sociedad.
Como dirían Les Luthiers “porque rías”, hermosa manera de hacer, a través del humor, surgir la ironía y pasar un llamado de atención crítico. En el colegio nos enseñaban (en casa también) la famosa frase de Artigas: “con la verdad no ofendo ni temo” pero en diferentes épocas las/los porquerías la ignoran y solo el arte, el humor, pueden deslizar el mensaje, no sin riesgos. Censura, negación, autoritarismo, torpeza, ignorancia, brutalidad, poder sin límites y fanatismos, fueron y son los medios, las formas, las características para impedir saber la verdad. Sufriendo las consecuencias de las tropelías, conocer la verdad se refiere a conocer los orígenes de las mismas, sus causantes y responsables. Si quien decide es a su vez quien juzga y condena, no hace falta mucha imaginación para saber el resultado. República, división de poderes, democracia, van siendo términos vaciados de sentido.
Palabra hueca para los lingüistas, palabra vacía para Lacan, hipocresía para los ciudadanos del común. En realidad hipocresía es una manera burda de actuar como el niño que dice “yo no fui” al ser interrogado sobre el plato de postre vacío, a pesar que tiene dulce de leche alrededor de los labios. Los adultos nos acostumbramos a escuchar faltan pruebas, miran para el costado, duermen causas, son tiempistas, recorren los juzgados, lobistas, influencers, prescribe, falta de mérito o peor aún agresiones verbales, algunas como simples descalificaciones a los oponentes acusados de ignorantes o estúpidos.
Parece que existen múltiples bibliotecas e interpretaciones de la realidad y por ende de la verdad. No provienen precisamente de la filosofía o la ciencia que reconocen la endeblez de los absolutos y los totales, sino del fanatismo y la docta ignorancia. Todo fanático alberga un secreto profundo; yo agregaría o cambiaría por una contradicción profunda, no resulta, emocionalmente perturbadora y en busca de alivio.
La proyección es un mecanismo: es el otro quien tiene ese “entripado” que no puedo resolver y que genera culpa; conclusión, el culpable es el otro. Para eso también se debe desconocer al otro como poseedor de la razón y también ser un semejante.
La sonrisa ya se me ha borrado, merezco otro trago de café porque he pasado de sentirme un niño amigo de aquel otro uruguayo y su maestro, a ser un adulto con una larga y rica existencia dedicada a las preguntas, abierto y asombrado por las respuestas; buceador en las aguas de las neurociencias y el pensamiento complejo. Ya reconfortado me informo de lo que sucede y como dice A. Damasio siento lo que sucede. Me duele, me enojo, me entristezco.
Veo que podría agregar o recalificar la “porquería” con la estupidez, término igualmente complejo y difícil de definir por representar tanto carencia de inteligencia como posesión de aptitudes diferentes. Las noticias trabajadas por los medios han adquirido una velocidad y cantidad inusitada y por ello terminan generando el fenómeno de la habituación por el cual la reiteración lleva a la inatención.
Los publicistas en aras del marketing y el rating generan estrategias para contrarrestar el efecto y entonces aparecen los Urgente con colores y música apropiada. Todos pregonan tener primicias que el zapping demuestra son compartidas y a veces parciales o contradictorias.
La necesidad tiene cara de hereje diría mi padre y ahora vemos paneles o grupos periodísticos que además de la “cucaracha” con la cual se comunican tienen en su mano importantes celulares con los cuales “producen” en vivo generando en la audiencia tanto ansiedad como incertidumbre. En algunos casos sus preferencias personales son evidentes por el sesgo al entrevistar, preguntar, comentar, e “instalar” temas y opiniones. Mucho y rápido no significan más ymejor; terminan generando un vacío a llenar tarde y mal.
El proceso llamado razonamiento o simplemente pensar lleva un tiempo inevitable; ignorarlo lleva a los automatismos reflejos o a las respuestas puramente emocionales. Es fácil promover la ignorancia, fomentar la ira o la alegría boba. Dadas las condiciones actuales vemos pasar la desaparición de un niño en Corrientes, que además de lo horrendo que es en sí, muestra la degradación material y moral de grandes sectores de nuestra sociedad que piden a los medios no los abandonen y los ponen en un rol sustitutivo de las instituciones.
La corrupción y los desaguisados pasan y los responsables eluden las sanciones acusándose unos a otros en un cotejo parecido a los clásicos del fútbol. Aparece la palabra negociación en reemplazo de consenso y así vemos aprobar o bloquear leyes, condenar o absolver imputados, en una competencia de intereses y poder.
La frutilla del postre son las denuncias contra un ex presidente, primero por un hecho de corrupción de gran magnitud, luego por violencia de género, lesiones y uso inapropiado de la casa de gobierno en una especie de vodevil protagonizado en conjunto con su pareja y otras mujeres. Imputaciones doblemente graves por confundir su vida personal supuestamente privada, con su función, incluyendo el valor simbólico del lugar en que la desarrollaba con los atributos del mando.
Como si fuera poco duplica la gravedad por la violencia física, psicológica y moral a la primera dama, y psicológica a alguna de las restantes. La cronología puesta a la luz por la investigación (en realidad por la casualidad) hace que la personalidad y las conductas que lo caracterizan no fueran novedosas, no obstante las mantuvo ocultas para la ciudadanía (ignorancia intencional), no así para todos los que lo conocían de cerca y en especial para la persona que lo impuso en el cargo en un oculto acuerdo de intereses espurios; ahora todos niegan y dicen ser ciegos y sordos.
En realidad son hipócritas. Asistimos a un vergonzoso debate sobre culpabilidades, tipificación de delitos, procedimientos judiciales y abogados mediáticos que en una suerte de torneo de argucias presentan y guardan pruebas que luego son cuestionadas, en parte auspiciado por los protagonistas, que en un juego macabro acusan y rechazan, amenazan y esgrimen supuestas revelaciones multiplicadoras de involucrados, lo que va dando lugar a sospechas de confabulación o simplemente chantajes. Pocos reparan que hay más víctimas y que participaron y participan de esta tragedia farsesca: los pobres, los viejos desamparados, los niños desnutridos y analfabetos, los muertos por falta de vacunas, la economía destrozada, la educación otro tanto.
En el lado opuesto a las víctimas están los funcionarios, políticos, empresarios, sindicalistas, docentes, miembros del clero, diversos aprovechadores de prebendas e impunidad. En esta vorágine muchos hechos funcionan como cortinas de humo que los cambios múltiples y rápidos llevan a pasar de la primera plana al abandono en poco tiempo, lo que favorece el olvido y la impunidad.
Así es como van pasando las noticias del actual presidente: la motosierra, el diálogo con perros, su clonación, las agresiones verbales, la invocación a un Dios iluminador mediado por un rabino, los romances con damas de la farándula transitoriamente tratadas como primera dama, la obcecación con ideas llevadas al extremo del absurdo en algunos casos, la megalomanía, la política exterior tratada como cosa personal y no como representante de una nación no son vistas. De ambas partes se dicen “no la vieron venir” Cabe preguntarse por qué.
Otro trago y me pregunto eso mismo ¿por qué sucede todo esto? Hay varias respuestas, La primera: la ignorancia fomentada de muchas maneras para confundir estado con propiedad privada, docencia con adoctrinamiento, consecuencia con causa, emoción con razón.
De esa manera no se distinguen los límites de las fronteras y los bordes, los datos de la interpretación, la realidad consensuada del relato impuesto, el poder de la autoridad, la moral y la ética de las normas, reglas y leyes, las matemáticas como criterio de verdad y realidad en vez de criterio lógico de corrección del procedimiento, equiparar humanos con números, las estadísticas como demostrativas de causas ignorando que es el observador -investigador quien las interpreta y aporta las razones. Se puede seguir agregando.
La segunda sería la creación de fanatismos, sesgos y relatos en lugar del pensamiento crítico, meditación, escucha respetuosa, la valoración de mucho y rápido como metas y una confianza irrestricta en la ciencia como proveedora única e inacabable de progreso.
Una tercera puede ser fomentar la amnesia colectiva y selectiva para recrear la historia según sesgos e intereses ocasionales. Esto lleva a la aparición de mitos que repetidos se convierten en falsas verdades, enseñadas y aprendidas acríticamente al no ser detectadas. De serlo, las denunciaríamos como simples mentiras. Cuán lejos del maestro Borges que señaló la importancia del olvido facilitador de la memoria, diferenciando olvido de amnesia.
Por último, ya que se acaba el café, temo que al abalanzarse las ideas tropiecen y se atasquen. Me apuro con la cuarta posibilidad: la creencia en lo neuro, es decir el cerebro, como el generador único y absoluto de nuestras conductas con su función ejecutiva como base de la inteligencia, suponiendo existe un libre albedrío del que hace uso eficiente y eficazmente.
Las conductas del escándalo judicial, si así fuera, podrían explicarse simplemente a la luz de los estudios de las relaciones sadomasoquistas y del doble vínculo, tan bien trabajado por Watzlawick en referencia a la comunicación humana.
Mensajes contradictorios en un juego de poder que llevan al estrés y el atrapamiento por la imposibilidad de respuesta. Pero hete aquí que los sujetos involucrados tienen una historia personal, una existencia peculiar que los condiciona para entrar en ese juego como víctima o victimario con el deseo, el sexo y el poder articulándose de forma variable con el pleno conocimiento, el consentimiento y la libertad que no solo son derivados de la biología sino también creados por aprendizajes vehiculizados por la cultura según épocas, lugares y progenitores. La respuesta posible entonces podría se que el problema es tener ¡un cerebro de porquería!
Terminado el café y pasada esa nube cargada de lluvia tenía todo en orden. Me aprestaba a relajarme contemplando un rato más el jardín cuando aparece la madre del todo, la física, en particular la versión más moderna de ella: la física cuántica. Pone todo patas para arriba y por suerte pocos lo saben, menos la estudian y aplican y menos aún la entienden. Son una de esas minorías que sin quererlo, a veces sin saberlo, desencadenan un gran acontecimiento, un cambio de era.
Señalan el infinito como inabarcable excepto en el momento que un observador colapsa con la observación aquello realmente existente con lo supuesto o imaginado por la teoría. N. Böhr da el puntapié inicial y precisamente por parecer una idea muy lejos de la realidad aceptada tanto por Newton y otro académico paseando despeinado por Princeton, genera fuertes controversias que sin embargo poco a poco tratan de adaptarla o hacerla menos loca. En realidad cambian el manicomio.
El infinito, el todo, el universo, por inabarcable a nuestros sentidos lleva a la idea del azar cuando algo se hace aparente. El golazo de don Niels fue poder observar el mundo de las partículas muy pequeñas y descubrir que se mueven a tal velocidad que pueden estar en dos lugares al mismo tiempo. Genio o loco o ambas cosas.
El despeinado (A. Einstein) invoca a un Dios que no puede jugar a los dados. Obvio, diría mi tía Adelina, intelectual de la familia ¡cómo a alguien se le puede ocurrir que el universo es una timba! Tía, no es así, pero la idea del azar sigue siendo atractiva a menos que pongamos a Böhr y seguidores a jugar con objetos pequeños y nosotros aceptemos un casino de objetos grandes. Lo importante de todo esto, es que las partículas hoy se pueden ver, medir, han dado lugar a las partículas subatómicas. Si el universo está constituido por ellas funcionando según sus reglas, entonces nosotros también lo estamos y en consecuencia ideas como tiempo, espacio, identidad, determinismo, libertad entran en conflicto; realidad y causalidad tambalean con consecuencias para las derivadas como toma de decisiones, libre albedrío, justicia, responsabilidad, castigo, bien, mal, religión, pecado, hasta repensar ideas como las de universo único o múltiples, vida y muerte.
Una total porquería de acuerdo a mi diccionario. Borges se sube al globo con la Kodama y se divierte viendo un universo que no puede mirar pero que imagina, se lo ve feliz. Yo miro el jardín soleado otra vez, tiempo loco diría mamá, y como Borges y tal vez Böhr, imagino y especulo con ver a mis nietos crecer correteando por este jardín, universo cambiante pero idéntico a sí mismo, me digo yo soy Guillermo, pienso, existo y ahora mis átomos se regocijan con otro café que me trae mi esposa.
Todo renace, se continúa, sonrío y tiro esta nueva botella al mar con el mensaje: piensen y sientan, existan y trasciendan. Dedicado a Morita que hoy cumple 21 años y me deleito imaginándola discutiendo a Borges o a Shakespeare con este abuelo.
Mar del Plata 22 de agosto 2024
Médico. Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema y de La era del neuroTodo Ed. Miño & Dávila


Desperté de buen talante y el jardín soleado contribuyó a mantener ese estado de ánimo. Veo una pareja de palomas ir y venir juntas para posarse en una rama de la magnolia y hacerse arrumacos. El café añade calor y acelera los minúsculos engranajes en mi cabeza.