Sábado, 11 Octubre 2025 13:23

Atrapados en una recursividad que no es la del universo sino la de la estupidez, ahueca y deja vacío – Por Guillermo Javier Nogueira

Estoy exhausto pero feliz. Veo mi jardín lleno de vida a la que he contribuido con nuevas plantas, semillas, abono y riego. Todo comenzó a la mañana temprano, varias horas más tarde, como los artistas, los artesanos y cualquier humano reflexionando sobre su propia existencia, taza de café en mano, llegó el Ajá. Cansado pero contento; feliz sería una exageración.

El café sabe mejor que otras veces. El Ajá es cambiado por el OK, visto bueno, tarea cumplida, recuerdos del “bien hecho, te portaste muy bien” de mis padres y alguna maestra, acompañado de la recompensa inmediata en la mirada orgullosa de ellos, un 10 felicitado en el cuaderno, unas monedas para comprar caramelos o figuritas en el kiosko.

En el caso de los emprendimientos con mayor esfuerzo y dedicación el premio era diferido, muchas veces un libro con la dedicatoria de mamá en su hermosa letra. A veces los miro y siento lo mismo que ahora frente al jardín.

En este punto estoy relajado, sin un objetivo o intención que satisfacer. Parece un vacío que no es tal; es la disponibilidad de conocimientos, saberes, capacidades para procesarlos y convertirlos en acciones con finalidad y sentido. La cultura apropiada las controla a través de la moral y la ética: cuna y sociedad. El anglicismo “stand by” lo resume y actualiza. La llegada de un estímulo pone la rueda/ mente a gira/procesar en la buena recursividad. No es dar vueltas en círculos sino ascender en una espiral. Dos peligros Babel o calesita.

La primera advertencia con sesgo religioso, el segundo estupidez por carencia de advertencias o por ceguera ¿inducida?

De pronto un nuevo sorbo de café no sabe tan bien. Brotan las noticias y las novedades, como esas flores que antes me alegraban pero con efecto opuesto. Vienen de primera mano por la prensa, familiares, amigos, comentando las circunstancias que compartimos, sumadas a las personales que se parecen mucho entre sí. La alegría desaparece; ahora son nubarrones anunciando tormenta los que dominan esa escena interior con la que poco antes me regocijaba pues sol y naturaleza son vida y esperanza.

El panorama es desalentador porque por donde quiera se lo mire hay desigualdad, injusticia sufrimiento y muerte. Cielo gris, opresor como un techo bajo, tal vez impenetrable como el misterio. Comienzo a enojarme y angustiarme al ver que de alguna manera soy tanto víctima como de alguna forma partícipe de este devenir, porque sabiendo mirar y ver, no pude o supe transmitir, enseñar; algo alivia saber que lo he intentado denodadamente y algunos me llaman maestro.

Estamos metidos en un hueco que creemos nos refugia y protege. Es falso porque es un vacío muy difícil sino imposible de llenar en especial para aquellos carentes de los conocimientos y los saberes con que ponerse en modo disponible, atentos, con recursos para procesar esa elusiva realidad.

Como siempre el quid de la cuestión es ese: ¿Cuán real es la realidad? ¿Es dada o configurada? ¿Inmanencia o creación? ¿Naturaleza o cultura? Frente a lo dado, lo que sucede es que unos pocos piensan, investigan, se cuestionan, formulan hipótesis que van trabajosamente confirmando y refutando en una espiral de certezas temporarias e incertidumbres permanentes.

Otros pocos detentan el poder real, financian y deciden los objetivos desde variados intereses y éticas. La mayoría es llevada como las piedras o los camalotes por un río, a veces caprichoso, siempre caudaloso. Lo grave es que no saben o no pueden ver esa situación. Uso el verbo ver, pues el hombre es un animal muy especial que privilegia la vista entre las puertas de entrada sensoriales con las que es uno en el universo.

Desde la antigüedad se habla de “ver para creer” impulsada originalmente por Aquino, “se necesita un milagro para poder creer esto”. Ya entonces se aludía a un vacío a llenar y se intuía la disponibilidad como el recipiente a donde dirigir los estímulos para colmarlo. Estamos configurados desde la biología para buscar certezas y coherencia.

Es un proceso nunca acabado porque somos plásticos y estamos en un equilibrio metaestable. De allí que el vacío/disponibilidad alterna con el llenado aprendizaje/saberes, crucial para la evolución y la supervivencia. La recursividad universal. Lavoisier lo dijo: nada se crea ni se destruye, todo se transforma. Lo que no sé si dijo es que las transformaciones deben ser superadoras; la espiral, no el circulo reiterativo, monótono, cerrado en sí mismo.

La palabra, componente visible del lenguaje, con su poder simbolizante es el elemento clave que está tanto en el recipiente vacío como en el estímulo que puede llenarlo. Representan y transportan significados, intenciones, sentimientos y así dan sentido, pero cuidado cuando son dichas van cargadas de intenciones del que las dice. Así se puede ordenar, denominar creativamente, imaginar , también impedir, confundir y peligrosamente ocultar y mentir. El recipiente vacío debe poseer un decodificador que permita la escucha/lectura interpretación correcta y veraz de lo que se nos dice.

Esa capacidad es adquirida a través de los aprendizajes a lo largo de toda la existencia de un ser humano. Es parte de su humanización. Fallas o carencias nos hacen vulnerables. El riesgo que me interesa señalar es que pueden ser provocadas, inducidas como manera de mantener vacíos los vacíos, valga la redundancia. Dominación, esclavitud, dependencia, ciega obediencia, fanatismos son la resultante, generaciones de “cabezas huecas” que en nuestro medio matero-contemporáneo se los llama “cabeza de termo”, buena metáfora de recipiente vacío en espera de ser llenado.

Por qué, entonces hay una mayoría metaforizada por mí como camalotes o piedras del río, que no pueden ver o no saben mirar. Tampoco pueden o saben detectar a través del lenguaje incoherencias e intenciones.

Intento una respuesta y es la existencia de sujetos con ambiciones de poder, que eligen la política como su campo de acción. Inicialmente en Grecia era la administración de la comunidad de la polis en pos del bien común, ejercida alternativamente por aquellos que se consideraban ilustrados y capaces de hacerlo temporariamente. Tenían tiempo para ello pues el trabajo estaba en manos de sujetos esclavos considerados inferiores. La guerra era cosa de hombres dispuestos a matar y morir. En otros lares y épocas fueron seres de acción que conquistaban de ese modo el derecho de gobernar sin límites y según sus intereses acordes con la personal visión de la realidad.

Han ido cambiando las formas pero no el contenido. El instrumento ha sido no educar o hacerlo de tal modo que no se pueda mirar para ver bien y tampoco desarrollar un lenguaje que simbolice con veracidad. A esto los Psicólogos y los Filósofos lo han advertido conceptualizando la palabra como vacía o plena. Una no dice nada, no tiene sentido, la otra es lo opuesto. También han señalado junto a los historiadores la falacia del “relato” utilizado tendenciosamente como una construcción falsa de los hechos pasados, tal vez por ser a veces una mescolanza de palabras vacías.

Cual prestidigitadores, políticos, gobernantes, dueños del poder, medios de comunicación, divulgadores, influencers, relacionistas públicos, publicistas, asesores varios, periodistas y presentadores estrella, han utilizado estas estrategias para “hacer creer”, peor aún, para “educar para la ignorancia”, frase que me pertenece y que parece un oxímoron pero no lo es.

Si los comparamos con los magos, son creadores de enigmas que a pesar de saberlo hacen caer en la fascinación de aceptar lo imposible, lo absurdo, lo falso como un hecho prodigioso, un milagro. Por un tiempo la incertidumbre y la sospecha son acalladas. Es agradable y necesario creer en algo y más aún que todo es posible aunque sepamos que es altamente improbable.

El desafío provoca, es el señuelo que atrae en una dirección determinada por quien lo agita Divertido sacando conejos de una galera o haciendo desaparecer la Estatua de la Libertad. Ser dioses o demiurgos es tentador y la tentación es el anzuelo que captura. No obstante también es la falsa ilusión que encarcela y mata. No es bueno vivir en el reino del “como sí”. Tampoco convertir la mentira en la verdad.

Me preocupa y entristece que como la burra vuelvo al trigo (gracias abuela) ya que escribí varios artículos hacen algunos años con estas palabras clave como título y nada ha cambiado, tal vez empeorado.

Corro a buscar café recién hecho y me acuerdo del barrio y las frases de la sabiduría popular importante en aquella época: Ojo, a no avivar giles, a caballo regalado no se le miran los dientes, parece un vendedor de autos usados, quien mal anda, mal acaba, no creas todo lo que te dicen, te están verseando, el secreto es buen amigo, el silencio de los inocentes, pecaste de ingenuo, etc., etc.. En el fondo todas aluden a la incertidumbre, la ignorancia, la mentira y la manipulación.

Esta situación está dada porque aquellos que saben y pueden corregir terminan funcionando como si no supieran pudieran o quisieran. Me incluyo y de allí mi desazón, enojo y a veces angustia. Tomamos el síntoma por la enfermedad, el epifenómeno por la causa. Con una buena dosis de pensamiento crítico y amplio vale la pena intentar algo así como la ingeniería reversa que, partiendo de un resultado, un objeto, un mecanismo complejo llega a los componentes que lo determinan estructural y funcionalmente. De

esa forma se podría revertir este estado de cosas plagado de incertidumbres que llevan al miedo, la angustia y la desesperanza.. Honrar a Ortega y Gasset cuando fastidiado o sorprendido nos indicó “argentinos a las cosas” Me sale el barrio y diría “ni bola”, “no conviene” “no funca”,” no es negocio” “cuánto es la mía”, “vamo y vamo”. Este lenguaje denota que hay más barrios que academias, más pobreza que bienestar, mas “ni ni” que proyectos en ejecución

De hacer lo necesario, los camalotes o las piedras tomarían conciencia de lo que son y verían que el río es el problema. Deberían mirar en esa dirección para advertir que el río lo forman quienes gobiernan y detentan el poder, ignorando que les es delegado. El camino de las democracias imperfectas, las autocracias y algunas patologías con ideas delirantes o sobrevaloradas productoras de acontecimientos catastróficos.

La Historia Universal es un catálogo de esos ejemplos y como la historia de alguna manera se repite precisamente por la recursividad antes señalada. Debemos estar preparados porque estamos frente a uno de esos momentos y sus personajes promotores.

Descaradamente se dice que el secreto es estratégico para la gobernanza, pero no se dice que el secreto en general implica una mentira o un desconocimiento intencional a favor de quien lo posee, promueve y utiliza.

Personalmente me preocupa como hombre del campo de las ciencias cuando los creadores y expertos en las leyes y la justicia relativizan controversias y fallas con el argumento de las dos bibliotecas. No puede haber dos leyes de la gravedad por ejemplo, lo que no obsta para que Newton, Einstein y Böhr discreparan, pero ante las evidencias acordarán su validez según las circunstancias que determinan el campo de observación.

Lo que no significa igualmente válidas en cualquier contexto. Estaban pensando el universo, no si una banda de funcionarios es o no una asociación ilícita o si un condenado puede alegremente seguir influenciado en forma activa el destino de una comunidad con su moral y ética aberrantes.

Ahora entiendo por qué este estado de ánimo. Basta ver que en un acto eleccionario, la gran mayoría de los candidatos no pueden mostrar sus antecedentes; el resto son sencillamente desconocidos o advenedizos. Se habla de “rosca”, de “armadores” o de “sellos partidarios” para la venta o alquiler.

Nada es lo que parece y cabe otro de mis títulos “cuando la mentira es la verdad, “gato por liebre” dicho en el viejo Palermo de las bodegas. En un listado de máximas autoridades nacionales son mayoría los procesados y condenados en democracia, sin que ello les impida seguir pretendiendo retomar el poder para reiterar sus conductas. Un cómico decía “se dice pero no lo vamo hacé”, desembozada forma de anunciar una mentira.

Algunos de estos personajes luciendo alternativamente caras de poker o de piedra, pregonan su capacidad de cambiar el presente que atribuyen a fallas de la democracia por haber permitido elegir un gobierno de signo opuesto al suyo, generador de todos los males. Lo hacen los mismos que se negaron a votar ficha limpia, o juegan con interpretaciones sesgadas y discrecionales de los fueros. No es un fenómeno exclusivo nacional. Abundan ejemplos que abarcan líderes de las grandes potencias compartiendo el podio con los de las republiquetas bananeras, como solían llamarnos aunque nosotros no creíamos se dirigía a nuestro país y si a las dictaduras caribeñas.

Con los años admiramos y nos aliamos a algunas de ellas hasta hace muy poco. Se popularizó la expresión negacionismo o la algo más sofisticada “aducir demencia”. Palabras vacías frente a la realidad que golpea.

En el barrio dirían todos somos bananeros, agitando leones, motosierras, tobilleras, regalando heladeras, bicicletas, turnos para vacunas, concesiones de diverso tipo eufemísticamente llamadas capitalismo de amigos en vez de empresarios prebendarios. No la vieron fue la disculpa, cabeza de termo, otra explicación. Hartazgo, fin de una era, en el fondo carencia de veracidad en las actos y de verosimilitud en el relato llevan a la desconfianza, la incertidumbre para de ese modo aceptar opciones en vez de elecciones.

Una pérdida significativa de grados de libertad. Desconfianza, rechazo, finalmente indiferencia y abstención o optar sin respirar, con la nariz tapada. Colonizar las mentes y fomentar la ignorancia es colocar cárceles sin rejas que son portadas individualmente sin percibirlas. Verdaderos zombies. La IA usada malintencionadamente lleva a ese resultado en esta era de la rapidez, la inmediatez y los automatismos inconscientes, cargados de afectividad en vez de la razón. Pensar lleva tiempo, esfuerzo y requiere riqueza de contenidos/saberes.

Hace más de un siglo Sarmiento decía “educar al soberano” Alberdi “gobernar es poblar” Se me acabó el café y reaparece el rioba: no les dimos “mucha bola” un siglo más tarde.

(#) Médico, Licenciado en Psicología

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