Miércoles, 25 Marzo 2020 21:00

Autoritarismo y candidez - Por Carlos Berro Madero

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Creer que todas las cosas rodeadas de incertidumbre que nos acechan amenazadoras no tienen límite alguno, porque una mayoría de las pruebas que necesitaríamos para confirmar nuestra fe en uno u otro sentido no existen, no significa que debamos quedar presos de la desesperación.

 

Mucho menos aún, si insistimos en valorar algunas versiones de una realidad distorsionada por quienes utilizan los medios de comunicación en orden a su conveniencia…o su estupidez.

Muchos de ellos se valen –como se comprueba con frecuencia-, de explicaciones que solo son meras “inferencias”, las cuales no deberían alentar la divulgación de noticias de quienes intentan pavonearse ante los demás arguyendo pretextos de “información privilegiada” (¿), sin medir el daño que causan a la sociedad con sus mensajes engañosos.

Fernando Savater define en ese terreno la existencia del charlatán y el embustero, adjudicándole al primero sus ganas de presumir, en contraposición al segundo, que conoce la verdad, pero la oculta y la desfigura para obtener algún tipo de ventaja personal.

¿Cuál de los dos tiene preeminencia en estos días? Difícil saberlo, porque todos ellos se están colando por todas partes mediante actitudes especulativas que favorecen una eventual “ganancia” montada sobre nuestra candidez para obtener beneficios de diversa índole, favorecidos por una circulación desordenada y casi espectral de conceptos “inapelables”.

De la mentira y la especulación, se pasa así al dominio autoritario de la opinión pública, empujando a todos los eventuales contradictores fuera del escenario.

Todo esto acentúa nuestro escepticismo respecto de conocer alguna vez en plenitud en qué consiste la verdad “verdadera”, en razón de los intereses cruzados que alimentan la interacción de gobiernos, empresas y dirigentes inescrupulosos; algunos porque afecta su estabilidad y otros porque ven la prosperidad que puede brindar la incertidumbre como fuente de buenos negocios.

Frente a la actual pandemia, observamos con preocupación que mucha gente está adoptando algún tipo de creencias cuasi paranormales, en donde la mejora de la situación mundial es algo que estaría más allá de cualquier reflexión sensata y solo responderá a sistemas de control basados en hipótesis descabelladas.

La decisión de haber decretado la cuarentena en la Argentina por el gobierno de los Fernández parece sensata como un intento de “parar la pelota” y pasar a un segundo estadio, donde las medidas que le siguieran estuviesen acompañadas por evidencias técnicas ADAPTABLES A UNA SOCIEDAD QUE FUNCIONA “EN NEGRO” HASTA UN 50% EN EL MERCADO DE TRABAJO Y TRANSACCIONES COMERCIALES.

Es decir, un universo de individuos no registrados y sin ningún tipo de cobertura, a quienes no se conoce ni se puede detectar.

La comparación de lo que ocurre en otros países que no adoptaron rápidas medidas de control sanitario es cuanto menos bastante ingenua, ya que se trata de equiparar economías desarrolladas con inmensos recursos anteriores a la pandemia que permitirían amenguarla en el tiempo, con una sociedad como la nuestra, absolutamente exhausta en materia de finanzas públicas -que comienzan a ser utilizadas discrecionalmente-, lo que nos mueve a preguntarnos alarmados: “¿y después qué?”

El Presidente ha dicho respecto de los eventuales infractores de la cuarentena que “lo que no entra con la razón, va a entrar por la fuerza”, frase desafortunadamente si las hay, que nos recuerda el gen autoritario de un frente político encolumnado desde siempre detrás de un fascismo conceptual.

Porque pudo haberse referido a los hechos que lo molestan de cualquier otro modo menos violento y agresivo.

Si sumamos a esto la eventual llegada de médicos cubanos ofrecidos al gobierno para “ayudarnos” (¿) con la pandemia (hecho por ahora divulgado “en sordina” y bastante hipocresía), permite sospechar que muchas cuestiones pertenecientes a la expansión de ideologías no deseadas en las barriadas populares, podrían convertirse en peligros potenciales en un futuro, habida cuenta de las experiencias habidas con estos “abnegados” (¿) profesionales que desembarcaron en Venezuela hace unos años contribuyendo a consolidar la causa del bolivarianismo marxista que ha maniatado allí finalmente todas las libertades individuales.

La verdad es que la miseria que dejaron a través de 30 o 40 años los dirigentes peronistas y kirchneristas que gobernaron de norte a sur y este a oeste nuestro país, es el gran problema que tienen que resolver hoy, quizá demasiado tarde.

Y la disyuntiva no puede autorizar que se nos obligue a aceptar “sus” razones y “sus” supuestas deducciones sobre la validez de replicar experiencias foráneas en este combate contra un enemigo invisible al que, bueno es decirlo, se le están atribuyendo características letales que son superiores a otras epidemias, pero de ningún modo en niveles porcentuales que deban alarmar hasta el punto de creer que se trata de algo similar al diluvio universal y el arca de Noé.

El progreso de la humanidad desde aquel entonces lo impedirá seguramente y no hay más que ver cómo estas pestes estimulan hoy a todos los investigadores de la ciencia médica y química para trabajar rápidamente en el descubrimiento de antídotos y vacunas eficaces de control de las mismas.

Transcribimos para finalizar estas reflexiones de alerta unos conceptos de Fernando Savater que nos parecen muy oportunos para el momento que estamos viviendo: “En términos amplios, podemos considerar que los parámetros científicos son el método mejor para adquirir creencias justificadas. Sin embargo, una gran mayoría de nosotros tiene algún tipo de creencia paranormal –es decir, que viola alguna regla o principio científico-, sea de tipo religioso o profano (y en muchos casos, de ambos). La extensión y mejora de la educación hace por lo general disminuir el influjo de las creencias tradicionales, pero no altera y a veces hasta parece estimular el número de creyentes…en sistemas de sanación fantásticos e hipótesis históricas descabelladas”.

Sería interesante que quienes nos gobiernan tomen nota de estas palabras antes de actuar con imprudencia y recuerden un dicho popular que reza: “hay remedios que son peores que la enfermedad”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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