Domingo, 19 Abril 2020 21:00

Fernández, Larreta y un regreso al fascismo que creíamos sepultado - Por Carlos Berro Madero

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Es indudable que, para poder conocer de cerca las características de un problema por medio de TODOS los sentidos, no basta el uso de uno solo, para no atender ciertas circunstancias que se presentan con él por medio de una ilusión.

 

Se lo recomendamos especialmente a Alberto Fernández y Horacio R. Larreta, y, por extensión, a toda la plana mayor del gobierno nacional y los gobiernos provinciales, que han sido “pillados” in fraganti poniéndolos ante la exigencia de resolver problemas que han desatendido durante años, entusiasmados con el curso fervoroso de sus “roscas” políticas. El coronavirus es un misil que le ha dado en la línea de flotación al barco en que se transportaban plácidamente los dirigentes en general, mucho más allá de la prueba que significan sus efectos para todos los ciudadanos de a pie.

Afectos a propalar eufemísticamente sus mensajes, no saben cómo salir de la encerrona y nos engañan –o pretenden hacerlo-, con estadísticas de pretendida normalidad “comandada por ellos”, sin haber puesto a disposición de los eventuales contagiados ningún testeo masivo que evidencie con precisión el avance del virus.

En estos días, volviendo a utilizar el término peyorativo y casi denigratorio de “adultos mayores” –en lugar de nominarnos a muchos de nosotros como “ciudadanos mayores” simplemente-, el lord municipal de la Ciudad de Buenos Aires ha ido por más: ya no podremos salir de nuestras casas y tendremos que llamar a una línea telefónica (que andará bien o no, solo Dios sabe), para “pedir permiso” (sic), a través de la cual tratarán de “convencernos” (sic) para que no lo hagamos.

Al mismo tiempo, en la disposición original, se preveían multas y trabajos comunitarios, para los que sí deberíamos hacer lo que pretenden impedirnos: salir de casa.

La conferencia de prensa escenográfica de Larreta, el mejor discípulo actual de Fernández en materia de “cuidados”, aún para los que tenemos dos dedos de frente y hemos cumplido religiosamente las limitaciones razonables en forma voluntaria, fue patética, parodiando con algunos de sus ministros “embarbijados” una serie televisiva de enmascarados del far west sentados a una mesa de poker en un bar del Lejano Oeste.

Así como existieron las guerras púnicas en las que Cartago y Roma se disputaron el imperio del Mediterráneo, estamos frente a lo que podríamos denominar como “guerras pánicas”, que pretenden encubrir de qué modo nuestros “descuidados” gobernantes vienen haciendo toda clase de barrabasadas desde hace años, e intentan tapiar el rumbo abierto en el barco en el que se transportaban casi plácidamente, hasta que un murciélago, a un amante chino de las sopas obtenidas de su inmersión en caldo nos “encajó” una peste que nos acecha con vigor inusitado.

Dice Balmes al respecto de estas cuestiones: “percibir con claridad, exactitud y viveza, juzgar con verdad, discurrir con rigor y solidez, he aquí las tres dotes de un pensador”.

Tenemos la impresión de que la falta de estas virtudes han quedado sepultadas en el interior de quienes, en el fondo de sí mismos, solo quieren llevarnos a la inmovilidad casi absoluta, protegiendo la supervivencia de un Estado que pagará muy caro sus imprevisiones cuando haya logrado “aplanar” (nuevo término seudo científico de moda), la curva de la pandemia.

Muchos de nosotros, ciudadanos mayores, lúcidos, físicamente sanos y sin enfermedades preexistentes, queremos que nos dejen vivir Y MORIR como lo decidamos, más allá de las precauciones razonables a las que nos obliguemos de buen grado para colaborar con la no propagación irresponsable de un virus que se ha apoderado del sentido común de nuestros políticos.

Además de no tener ningún interés en recurrir obligados a algún psicólogo especializado, para sacarnos de la depresión que conlleva la falta de libertad.

Les pedimos que no nos cuiden tanto. O por lo menos mediante los métodos coercitivos que desean imponernos.

Ocúpense más bien con el mismo ahínco de la inflación y de la parálisis provocada por medidas tomadas sin ton ni son (vendidas como súper eficientes) poniendo un equipo económico razonable que se haga cargo del escenario “post pandemia”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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