Sábado, 06 Junio 2020 21:00

Si se quedan con la Corte, se quedan con la República - Por Jorge Enríquez

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Una vez más un gobierno peronista intenta manipular a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que sea un apéndice del Poder Ejecutivo.

 

Senadores del bloque del Frente de Todos han presentado un proyecto de ley para ampliar el número de miembros del alto tribunal de los cinco actuales a nueve. Así como para designar a esos jueces se requiere, luego de la propuesta del Poder Ejecutivo, una mayoría de dos tercios de los presentes del Senado, el número de integrantes de la Corte se determina por mayoría simple del Congreso.

A lo largo de su historia, iniciada en 1863, la Corte tuvo distintos números de miembros, pero por lo general ha estado conformada por cinco ministros. No hay ningún número mágico. Pueden ser 5, 7, 9... No es conveniente que sean muchos, porque a diferencia de lo que puede parecer a primera vista, la existencia de más jueces implica más lentitud en las resoluciones. Cuando Menem hizo aumentar, entre gallos y medianoche, el número de jueces de 5 a 9, se alegó también que era para darle más agilidad al tribunal. Pero eso solo se hubiera conseguido si la Corte se dividía en salas, lo que es de dudosa constitucionalidad. Sin esa división, es claro que el único propósito fue crear una Corte adicta.

En el caso actual, el tema sería aún menos justificable políticamente para el kirchnerismo, ya que la composición vigente de la Corte viene de una ley basada en un proyecto de la senadora Cristina Elizabet Fernández que redujo el número de miembros. Pero es verdad que la coherencia no es un valor que les importe mucho.

No fue en aquella ocasión ningún prurito republicano lo que animó esa iniciativa, sino una señal meramente oportunista a la sociedad cuando se acercaban las elecciones presidenciales y era necesario simular que se abriría una etapa de mayor calidad institucional. A la luz de lo que pasó después, no hay dudas de la hipocresía con la que se actuó.

Juan Domingo Perón había sido más directo. A poco de asumir su primera presidencia impulsó el juicio político a cuatro de los cinco miembros de la Corte. Una vez destituidos (una de las imputaciones fue haber avalado mediante una acordada el golpe de Estado dado, entre otros, por el mismísimo Perón), los reemplazó con figuras que le aseguraran una completa sumisión. Nada de molestas interferencias. La comunidad organizada.

Si se llegara ampliar la Corte, pero el oficialismo no tuviera los números en el Senado para designar a los nuevos miembros, se generaría una situación conflictiva si se pretendiera incluir en el tribunal a los conjueces, designados a gusto y piacere de Alberto Fernández o más probablemente de Cristina Kirchner.

Con una Corte adicta, ni le haría falta al oficialismo promover una reforma constitucional. Podrían hacer lo que quisieran, sin ningún límite ni control. Sería el certificado de defunción de la República. El proyecto es de una enorme gravedad institucional. Debemos alzar la voz para que la ciudadanía tome conciencia de los peligros a los que se expone. Es ahora, o no será nunca.

Jorge R. Enríquez 
Diputado Nacional (Juntos por el Cambio- PRO)

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