Sábado, 18 Julio 2020 21:00

AMIA, 26 años: impunidad de rebaño - Por Jorge R. Enríquez

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La impunidad sigue interpelando la conciencia de los argentinos.

 

Al cumplirse 26 años del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado en Buenos Aires el 18 de julio de 1994, mediante un coche bomba, la impunidad sigue interpelando la conciencia de los argentinos.

Fue el mayor ataque terrorista ocurrido en nuestro país, con un saldo de 85 personas muertas y 300 heridas, por lo que su conmemoración es siempre dolorosa. Pero es también mucho más que el recuerdo de la horrenda tragedia. Es la historia de una aberrante impunidad, urdida con mentiras y encubrimientos desde el comienzo. Y es la larga y emocionante lucha de los familiares contra el olvido y el perdón.

Es imperioso volver a decir, porque parece que fuera el relato de una pesadilla, que en 2013 el Congreso Nacional, por iniciativa del Poder Ejecutivo, aprobó un acuerdo con Irán, para que una comisión integrada por ambos países investigara la verdad de lo ocurrido, pese a que la justicia argentina había determinado que el régimen iraní y la organización terrorista Hezbollah habían sido los responsables del atentado.

También, como el tiempo va pasando, es necesario que no se olvide la verdadera naturaleza de esa claudicación constitucional y moral, expresada claramente en un editorial del periódico "Teherán Times" de esa época, que celebró ese pacto como un gran triunfo del gobierno de Irán y "un golpe contra el sionismo y los Estados Unidos" y agregó que “el gobierno argentino se ha dado cuenta de que ha sido víctima de una trama política mucho más compleja y de que la Justicia ha sido influida por grupos de lobby foráneos".

En esa misma línea, atribuyó la creación de la Comisión de la Verdad a un "claro cambio" en la posición de nuestro país, que habría descubierto entonces que el rumbo de la investigación que llevaba el fiscal, de la que surgió la imputación a los funcionarios iraníes, estaba completamente equivocado.

Esta es la verdad, por más argumentos que se hayan intentado elaborar para maquillarla. El gobierno argentino había renunciado a la búsqueda de la verdad y de la justicia. Había sacrificado la memoria de los muertos y el dolor de sus deudos en el altar de una inexplicable alianza política con el régimen teocrático y terrorista de Teherán. ¿Cuál fue la contraprestación de tamaña generosidad? No se dijo, pero podría haber abarcado desde beneficios económicos hasta un nuevo alineamiento internacional de la Argentina, más próximo al "bolivarianismo" amigo de la teocracia iraní.

El actual presidente de la Nación manifestó en esa oportunidad que el memorándum era un medio para procurar el encubrimiento de los autores del atentado. Por tal motivo fue citado por el juez federal Claudio Bonadio en la causa en que investigaba el presunto encubrimiento del atentado a la AMIA, y más tarde el periodista Nelson Castro, en uno de cuyos programas Fernández manifestara que la entonces presidenta, Cristina Kirchner, había sido la instigadora de la firma del pacto con Irán.

Al declarar como testigo, Nelson Castro ratificó los términos de le entrevista con Fernández, señalando que allí Alberto Fernández no había dado ninguna opinión política, sino que había brindado una opinión jurídica, utilizando en reiteradas oportunidades el vocablo de encubrimiento en términos claros.

Así, los falsos campeones de los derechos humanos terminaron abrazados a una dictadura que niega el Holocausto y que mantiene a las mujeres en una condición jurídica inferior. Ese infame acuerdo fue declarado inconstitucional por la Cámara Federal en 2014.La decisión del presidente Mauricio Macri de no apelar esa decisión hizo que quedara firme. Pero antes la imputación del fiscal Alberto Natalio Nisman a Cristina Kirchner por encubrimiento del atentado a través de ese memorándum le costó la vida al magistrado, lo que agregó nuevos motivos de dolor a una causa que es un lamentable símbolo de impunidad.

El gobierno de Cambiemos modificó drásticamente ese demencial alineamiento internacional, se comprometió a brindarla más amplia ayuda con todos los recursos necesarios para el avance de la investigación y creó un registro de organizaciones terroristas, a cuya cabeza figurará Hezbollah, que opera en Medio Oriente y se estima que tiene células dormidas en la Triple Frontera.

Pero ahora hay razones para temer que esa política, la única compatible con nuestra historia, con nuestros valores constitucionales y con los derechos humanos, sea dejada de lado. Alberto Fernández, el mismo que acusó de encubrimiento a Cristina Kirchner y que dijo de ella respecto de esta cuestión las palabras más duras, acaba de declarar que el pacto infame fue "un intento por destrabar y encontrar una solución".

Nada que asombre en un político sin convicciones de ningún tipo, que sirvió como operador de dirigentes de las ideologías más opuestas y ahora se mece como una pluma al viento. Un día hace manifestar al embajador argentino ante las Naciones Unidas su “preocupación” por la violación de derechos humanos en Venezuela y al día siguiente, interpelado por el relator de fútbol y vocero oficioso de Cristina Kirchner, Víctor Hugo Morales, balbucea que fue mal entendido y que no discute la legitimidad del régimen del dictador Maduro.

Estos giros vergonzosos no representan la voluntad mayoritaria del pueblo argentino, ni siquiera la de muchos que votaron engañados a Fernández. La lucha por la verdad y la justicia no cesará jamás. Está en juego no solo un imperativo moral, sino el prestigio de la Argentina ante el mundo. Los extravíos totalitarios del Instituto Patria están condenados al fracaso si nos ponemos de pie y hablamos con claridad. Que no confundan nuestra moderación, nuestro estilo, nuestras buenas maneras, con falta de firmeza. Encerrados en sus relatos fantasiosos, no están mirando a la sociedad.

Jorge R. Enríquez
Diputado Nacional (Juntos por el Cambio- PRO)

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