Lunes, 20 Julio 2020 21:00

Cristina y Alberto: tan diferentes y tan parecidos - Por Carlos Berro Madero

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Nietzsche señalaba que el drama de todo fabulador consiste en la creación de un escenario sin retorno para él, porque quienes han sufrido algún tipo de daño personal por sus mentiras, jamás le restituyen la confianza que alguna vez pudieron haberle dispensado.

 

A partir del momento en que el daño queda confirmado por algún “mal” acarreado a los otros, quien lo causa sufre un severo escrutinio de su rostro cada vez que intenta difundir nuevas falacias que pretendan disimular las anteriores, sin que nada vuelva atrás; porque “sin duda mentimos con la boca; pero con la jeta que ponemos al mentir, continuamos diciendo la verdad” (Nietzsche).

La pareja compuesta por Cristina y Alberto (ponga Ud. por delante a quien más le plazca), no escapa a esa regla general que define a ciertos fabuladores y los iguala con los mentirosos: el triste final que sufrirán sus esfuerzos para engañar a los demás respecto de algunos asuntos que son de su exclusivo interés personal.

En el caso de Cristina, por hechos escandalosos ya consumados por ella en connivencia con su cónyuge ya fallecido; en el de Alberto, por cuestiones que puedan emerger en el futuro respecto de excepciones, restricciones y ocultamientos puestos en marcha para consolidar un poder que no tiene, y pudiesen generarle acciones judiciales en algún futuro.

La historia enseña que por interesado que esté un individuo por ocultar el contenido de una mentira que se halle en el límite de lo delictivo, no consigue desembarazarse nunca de sus efectos colaterales.

Nos gustaría recordar también al respecto lo que decía Ortega y Gasset acerca de que frente a dos personas que han andado juntas y unidas durante un tiempo prolongado (en el caso del Presidente y su Vice, doce años en el poder), donde una sola de ellas es la que aparece como particularmente perversa, deberíamos reflexionar acerca de si ambas dos no guardan semejanza entre ellas, aunque la misma no esté a la vista.

Para dar un ejemplo al azar en el caso que analizamos: ¿el giro actual hacia la izquierda de Alberto no es similar en cinismo al de los tiempos en que Cristina decidió utilizar los derechos humanos (junto con Néstor), para tapar sus trapisondas “financieras”?

¿No podríamos quizá inferir que Alberto miente cuando apuesta públicamente a la sensatez, mientras busca convertirse en el adalid de una causa revolucionaria izquierdosa que pretende ser un traje a la medida de sus conveniencias políticas de hoy?

¿No es ésta una maniobra prototípica de alguien “sin principios” (Sebreli dixit)?

Para dar otro ejemplo al azar, ¿la reforma judicial que pretende imponer Cristina no habrá sido consensuada con Alberto PARA PROTEGERSE AMBOS A TODO EVENTO?

Cada vez que reaccionan con enojo, no exento de cierta violencia contenida cuando algo los contraría, ¿no evidencian que son víctimas de pasiones extremas similares, producto de un común espíritu arrogante?

Por otro lado, al presenciar sus apariciones públicas y oír sus discursos retóricos, ¿no deberíamos colegir que nos hallamos en presencia de dos personas que se sienten infinitamente superiores a quienes les rodean y en razón de ese complejo tienen una necesidad enfermiza de reivindicar constantemente esa supuesta superioridad?

En cualquier caso, ambos evidencian un deseo común: forjarse una trascendencia de cara a la posteridad, utilizando discursos retóricos acompañados por ademanes gestuales imperativos de mensajes empapados en la supuesta “majestad” de los cargos públicos que desempeñan.

No creemos pues que sean tan diferentes, aunque lo parezcan; y por la misma razón, tampoco vemos de qué manera pueda producirse una eventual ruptura política entre ellos.

Más bien nos inclinamos a creer que su suerte está atada a la mayor o menor suerte que tengan ambos para lograr sus proyectos personales en medio de una crisis sanitaria que nos ha puesto a parir.

Por lo que si continúan en sus trece: Cristina avanzando como una locomotora para anular las causas judiciales que la incriminan, mientras Alberto lucha para sostener una imagen de “padre” autoritario ralentizando las decisiones neurálgicas de su gobierno, lo único que van a conseguir, tarde o temprano, es la pérdida del favor popular.

Si sobreviene su fracaso, veremos cómo reacciona entonces una “corporación” peronista consustanciada desde su origen con la lucha por el poder.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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