Jueves, 23 Julio 2020 21:00

Tiro al blanco contra Alberto Fernández en medio del desconcierto - Por Daniel Muchnik

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En la Argentina no parece haber un poder bicéfalo. Sí hay un sector que quiere darle órdenes a otro, que lo condiciona, que lo obliga a contradecirse, a romper con promesas no tan viejas

 

El presidente Alberto Fernández está solo. Solamente una parte de gabinete le es fiel, como una gran cantidad de amigos de militancia y en esa soledad tiene y tendrá que lidiar con temas apremiantes.

No hay un poder bicéfalo. Sí hay un sector que quiere darle órdenes a otro, que lo condiciona, que lo obliga a contradecirse, a romper con promesas no tan viejas. Y lo que es peor: lo obliga a la incoherencia, aferrados a ideologías trasnochadas de los años setenta. Los cuestionadores no miran el mundo ni la realidad cambiante que los circunda. Son sectarios.

Las últimas semanas se han conocido voces críticas de la gestión de Fernández y eso demuestra que el Frente de Todos era ya un rompecabezas incluso antes de presentarse en las elecciones que lo consagraron.

En primer lugar, está la pandemia y en el pico de muertos y enfermos desde que llegó al país. El riesgo de la apertura reciente es que la sociedad no tome conciencia del peligro y se aglomere, no use protección, deje de lado los cuidados elementales. Porque el COVID-19 está libre, tanto en el aire como en el estornudo del vecino. T ataca al que lo provoca. En Europa hay nuevas olas. Ni los españoles, ni los italianos, ni los franceses, ni los ingleses, ni los norteamericanos usaron con inteligencia la apertura del encierro.

En esos países la pandemia –que se ha llevado más de 600.000 seres humanos a la tumba– volvió, mutada o no. Hay regiones sitiadas, no sólo ciudades. Igual que en España, en Miami volvieron a fase cero. Barcelona volvió al cuidado extremo y al encierro después de gozar lo que pude calificarse de “libertad”. Cada vez queda más claro que hasta que no aparezca la vacuna definitivamente probada no habrá facilidad de movimientos como cualquiera quisiera. Hay avances en muchos laboratorios, incluso con resultados optimistas, pero faltan numerosas etapas de ensayos clínicos para poder aplicarse a los seres humanos.

Como escribió el gran sociólogo argentino José Nun: “El COVID 19 no tiene moral ni ha creado nuevas injusticias”. No sabe a quién ataca, ni le importa, y la desigualdad económica ya existía de manera grosera.

Mientras tanto, los bonistas acreedores más poderosos han pedido 3 dólares más de lo ofrecido (“la última oferta”) que representan miles de dólares. Si el Gobierno no arregla, el default que está, aunque no declarado, pondrá en riesgo no sólo a la Casa Rosada sino a los empresarios privados que necesitan financiación para seguir produciendo.

La oferta de canje vence el 4 de agosto, aunque podría extenderse a fines de ese mes. De inmediato las autoridades argentinas tendrán que tocar el timbre del Fondo Monetario Internacional para ver la forma de enfrentar la deuda tomada por Mauricio Macri de más de 50.000 millones de dólares.

Con un detalle. La Argentina necesitará de ese organismo financiero y de todos para poder mover las piernas una vez que termine la pesadilla de la peste.

La asistencia a las empresas continuará y los bancos tendrán que atender a los cheques sin fondo, a la mora creciente y a su propia dinámica interna. Algunos crearon “supertiendas” propias donde ofrecen productos tan necesarios como innecesarios. Las ventas de los comercios y empresas han caído con mucho ruido porque los pasivos vienen arrastrándose con la recesión desde 2018. Comercios y empresas han cerrado para siempre.

Los avisos de remates de distintos bienes se multiplican. Los locales en venta crecen día a día. Desde comienzos de año cifras oficiales afirman que cerraron 22.000 empresas. Algunos economistas advierten que a fin de año serían 100.000. Las propias entidades que agrupan al sector privado indican que la ayuda oficial ha llegado a una minoría de compañías privadas. No fue una ayuda sin límites, como se dijo.

Dos problemas serios afligen desde hace tiempo. El empleo será el más castigado por la pandemia. En abril pasado 60.000 compañías suspendieron a 715.000 trabajadores. En los tres primeros meses, a partir de abril, las empresas dejaron de pagar aportes. En ese mes de abril los empleos registrados sumaban 11.700.000 y 6.500.000 formaban parte del mundo de la informalidad, es decir sumidos en la precariedad laboral.

El sector público tuvo su propio ritmo con un incremento de 104.000 puestos durante el tiempo electoral, contando provincias e intendencias para descender a 53.000 en los primeros cuatro meses de este año. El desbarranque laboral fue en el sector de la construcción, con 140.000 trabajadores. La industria, en general, perdió 111.000 puestos; el comercio, 83.000; el transporte, un poco más de 41.000; y hoteles y restaurantes, casi 40.000.

El nivel del salario sufrió. No se pudieron hacer las paritarias. Una parte significativa prefirió cobrar la mitad del sueldo antes que los echaran.

La pobreza habría llegado a junio al 47 por ciento. En poco tiempo se ubicará en el 50 por ciento, la misma proporción de la crisis financiera, económica y humana del 2002. Y si no hay reparaciones seguirá creciendo más. La clase media ha enfrentado padecimientos. Dejaron de cumplir con obligaciones como tarifas, impuestos y otros requerimientos. La situación de quebranto del mundo de la lechería se debería al bajo consumo de la población. Menos artículos especiales, menos yogurt, menos postres y menos flancitos para los chicos. La heladera está más vacía.

Sobre una población urbana de 41 millones de personas en el semestre pasado, la pobreza dañaría a 17 millones, según las zonas. Pueden llegar a fin de julio a 19 millones. Estas cifras son la demostración que la desigualdad, ese fantasma tan temido, azotará en mayor medida a la sociedad argentina.

Pero en este zafarrancho Fernández no responde cuando le piden planes económicos concretos para poder respirar. Es un error grave. La sociedad necesita pautas, esquemas de trabajo, un panorama menos incierto. Toda actividad humana, día tras días, requiere de planes. Se dice que lo lanzaría cuando arregle con el FMI. ¿Y mientras tanto? La economía pasará a ser tierra de nadie.

Y como si todo fuera poco, los pro-Alberto y los anti-Alberto coinciden en que hay que remozar el gabinete actual. Piden más acción, usar los presupuestos que poseen y que no han sido usados. Con tantos rumores es probable que haya cambios de figuras y un control más severo de las gestiones.

Sin duda Fernández no entregará los puestos que ocupan de dos mujeres laboriosas y fieles a su mandato. Una es Cecilia Todesca, una vicejefa de Gabinete que no ha escapado a informar sin subterfugios la realidad que estamos viviendo. Ni tampoco usó Twitter, ni agredió a nadie. La otra es Vilma Ibarra, secretaria Legal y técnica, una de las personas de mayor confianza del Presidente.

En política exterior no hay definiciones claras y cada uno trabaja por su cuenta. Fernández no se decide a tomar posición frente al drama de Venezuela: el cristinismo lo empuja a que se case con una dictadura que padece hambre y practica la tortura a mansalva de los opositores.

Tampoco hay definición sobre el Mercosur y las relaciones con Europa y Estados Unidos. El titular de la embajada en Washington, Jorge Argüello, brega por un acercamiento a toda costa entre los dos países para encontrar respaldo en la negociación con el Fondo.

Si no hay salvavidas y conducción firme en la tormenta crecerá el desencanto de muchos peronistas que ven, en la balanza, que Cristina y sus adláteres no terminarán de lanzar dardos al Ejecutivo hasta que no se eliminen los juicios de la vicepresidenta. Sería borrar la historia pasada y suficientemente investigada. La otra opción sería que Alberto salga a buscar aliados en distintos frentes políticos.

Daniel Muchnik
Twitter: @dmuchnik

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