Miércoles, 29 Julio 2020 21:00

Socialismo sanitario - Por Carlos Mira

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Como era lógico los principios que el gobierno pretende aplicar a toda la Argentina no podían variar en el caso del enfoque que intenta darle al tratamiento del coronavirus.

 

No es una novedad la fuerte tendencia socialista del engendro kirchnerista (aunque insisto en aclarar que estamos haciéndole un favor a esta banda planteando las cuestiones de la realidad en términos de “ideas” -aunque semejante palabra le quede grande al socialismo- porque en realidad el kirchnerismo es una agrupación con un fuerte contenido delictivo que adoptó la máscara ideológica del socialismo para venderse como algo potable ante la sociedad y no presentarse ante ella directamente como lo que es: una asociación constituida para delinquir desde el Estado).

Esa base, llamémosle “ideológica”, del gobierno invade cada decisión que toma y, como decíamos, la pandemia no podía ser la excepción.

Por lo tanto, el gobierno ha dispuesto una suerte de socialismo sanitario que abarca desde actividades comerciales hasta el fútbol, según el cual todos deben someterse al mismo tipo de normas sin que puedan admitirse excepciones que tengan que ver con la realidad de cada zona del país o de cada actividad,

Así, por ejemplo, ahora está la lucha entre el gobernador Axel Kicillof y el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta para discernir qué hacer con la continuidad de las reaperturas.

Como el gobierno hizo todo mal desde que todo esto comenzó -asesorándose solamente por médicos y sin traer a ese Concejo especialistas en otras materias, como en general lo hizo el resto del mundo (incluso en la región latinoamericana)- y mandó al país a encerrarse cuando había apenas una decena de casos en la Argentina -originando un parate económico de dimensiones oceánicas-, ahora, llevado por las circunstancias, se ve obligado a abrir en el peor momento de contagios, para intentar evitar el desastre.

Es increíble pero la Argentina aun habiendo tenido la cuarentena más larga del mundo está hoy entre los veinte países con más contagios en el mundo y entre los 10 con más de 100 muertos por día. Es decir, nos hemos quedado, como lo anticipamos aquí varias veces, con el peor de los mundos: los muertos, los contagiados y con la destrucción económica.

Entonces ahora, las jurisdicciones que están mejor -como la Capital, por ejemplo- quieren apurar las aperturas para detener el deterioro económico, mientras que las jurisdicciones que están peor –como la provincia de Buenos Aires, por ejemplo- buscan volver a cerrar lo poco que se ha abierto.

El problema es que, si Kicillof planteara esa cuestión para su distrito, se podría considerar como una cuestión puntual. Pero el pequeño marxista pretende meter a todo el mundo en la misma bolsa y arrastrar al encierro a todos, solo porque él tiene una provincia que el peronismo ha transformado en inviable. “¡Ahh…! ¿Inviable yo? ¡Pues entonces, todos inviables!”

Se trata de una especie de socialismo sanitario que pretende tratar a diferentes realidades del mismo modo, antes que asumir las responsabilidades propias.

El fútbol ofrece un ejemplo en chiquito de esto que decimos. En varios lugares del país los equipos podrían estar entrenando desde hace rato. Teniendo en cuenta lo que ocurre en varias provincias ese permiso podría haberse otorgado hace varios meses.

En toda Latino América ya se está entrenando cuando no directamente jugando los campeonatos. La Argentina es el único país que no tiene ni siquiera fecha de retorno.

Frente a las competiciones regionales, la Conmebol ya ha reiterado que no esperará a nadie; que los partidos por las copas Libertadores y Sudamericana ya han sido programados y que se llevarán a cabo de acuerdo a ese esquema. Pero la Argentina no les permite a los equipos que participan entrenar: como no entrenan los demás, estos tampoco: de nuevo el socialismo cavernícola.

El país parece negarse a aceptar la realidad de la convivencia con el virus al menos por los meses venideros. Desde su inveterada soberbia pretende desconocer, por vía de normas escritas, una realidad que nos envió la Naturaleza. Si tan solo el país (o el gobierno que tiene hoy) fuera un poco más humilde, aceptara lo que ocurre y se amoldara sumisamente a esa realidad, todos estaríamos viviendo mejor.

Pretender aplicar un régimen único, sin reconocer las diferencias entre las jurisdicciones y entre las actividades, va a llevar a un colapso de magnitudes insospechadas. Yo no quiero plantear esta cuestión sanitaria, finalmente, en términos de valentía o cobardía, pero llega un momento que los países y las sociedades deben asumir cierto riesgo para no perecer.

El gobierno de Fernández debe presumir que es efectivamente posible esconderse eternamente de la realidad que la Naturaleza impone. Pues no. No es posible.

No es posible negar lo que ocurre; no es posible negar que lo que ocurre, ocurre de modo diferente en diferentes partes del país y que, por lo tanto, lo que corresponde es un enorme esfuerzo de adaptación y coraje.

Adaptación para saber aplicar a cada actividad y a cada jurisdicción las mejores medidas para las distintas realidades que afectan esas actividades y esas jurisdicciones. Coraje para admitir que un día habrá que salir -con los cuidados que corresponda, obviamente- pero salir al fin a enfrentar la vida como la vida viene. Creerse con el poder de repartir las cartas de una baraja que está más allá del control humano, traerá más complicaciones que soluciones.

Si la Capital tiene un manejo determinado del problema que le permite seguir el curso previsto de reaperturas escalonadas, pues que lo haga. Si la provincia tiene algún inconveniente en seguir con ese proceso, pues que aplique un camino diferente. En ningún lado está escrito que debemos someternos a una dictadura del proletariado sanitario. Y, en definitiva, incluso para Kicillof, llegará el momento que se deberá tomar el riesgo. No podemos seguir mucho más tiempo como un chico escondido debajo de la cama. El mundo sigue andando. Los casos continúan, pero el mundo le presenta batalla en las calles, no debajo de las polleras de mamá.

Carlos Mira  
https://thepostarg.com/editoriales/socialismo-sanitario/#.XyL3NShKg2w

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