Lunes, 17 Agosto 2020 21:00

Codicia, miedo y discrepancias - Por Carlos Berro Madero

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Estamos convencidos que los argentinos tendremos que recuperar algún día el interés por interrogarnos, en soledad, sobre lo que estamos haciendo con una realidad que “se nos niega”, cual potro redomón.

 

Hoy queremos destacar algunas precisiones de Deepak Chopra, prestigioso médico indio radicado en California, quien ha dedicado su vida profesional a contribuir al conocimiento de nuestra mente, destacando la poca importancia que solemos dar a ciertas características negativas de la naturaleza humana.

En ese terreno, sostiene Chopra, existen dos sentimientos nefastos que paralizan cualquier potencia creativa: la codicia y el miedo.

Algo que estamos viendo hoy en el comportamiento de algunos miembros de un gobierno que en su intento de “reformarnos” -como si fuésemos adolescentes en edad escolar-, avanza con pasos de elefante.

Vemos así el despliegue de una codicia irrefrenable en procura de invadir todas las instituciones de la república a como dé lugar, con el fin de someterlas a sus imposiciones “temáticas”, mientras maneja los fondos del erario público “a piacere” para atender sus objetivos.

Por otro lado, se vislumbra su miedo a que se desmoronen antes de tiempo las bases del monumento ideológico que intentan reconstruir y hagan fracasar su intento de imponer ideas que hoy huelen a naftalina. Esto los lleva a imprimirle un vértigo frenético a disposiciones instrumentales con las que procuran encerrarnos a los disidentes en un callejón sin salida.

Su propósito es claro: arribar lo más pronto posible a su modelo de polis predilecta: una democracia donde nada esté permitido sin la anuencia del Estado (al cual pretenden quedar “pegados” de por vida), expulsando del escenario público cualquier idea alternativa.

Ha sido quizá la falla histórica que caracterizó las políticas tradicionales de su padre biológico, el peronismo, dedicado desde su origen a la construcción de “milicias” a las que inoculó culturalmente mediante dádivas y subsidios indiscriminados, mientras articulaba un discurso que permitiese acomodar la legitimidad de su autoritarismo.

George Steiner sostenía que ciertas manipulaciones degradantes de este tipo son una suerte de intento de “mediación” erudita y viciosa de algunos políticos con la realidad, asegurando con cinismo que lo hacen para promover el bien común.

Esto se observa hoy en las tribunas que emplaza en Olivos Alberto Fernández para perorar sobre la pandemia y la cuarentena que no es tal (¿) de acuerdo con su trabalenguas, -más fiel que nunca a su “cristinismo” implícito y su pasión por diseminar una cultura sostenida por comentarios gaseosos-, mientras despacha ciertas “floraciones parasitarias adheridas a su cuerpo”, como hubiera dicho Steiner, contaminando su discurso mediante una sintaxis incomprensible.

Representa el nuevo “experimento” peronista, y gobierna luego de haber sido ungido por Cristina Kirchner, quien, irónicamente, demostró siempre poco interés por el “movimiento” con el que se apaña. Tan poco como el nuestro por aprender sánscrito.

Una mujer que retornó al poder agazapada en la penumbra para lograr el “lavado” judicial de sus fechorías, escondida detrás de un “operador”, tan infatuado como ella, a quien le ha costado comprender hasta ahora que es el presidente en ejercicio.

A pesar de que ya han existido oportunidades suficientes para anotar en una hoja de ruta las características del libro de bitácora del peronismo para tenerlas presentes en tiempos de elecciones, muchos de los que hoy están disconformes con “los que mandan” (y mandan mal como los Fernández), suelen perder sus “apuntes” al momento de depositar su voto.

Porque ¿cómo es posible que propiciemos desde hace años el mismo paradigma histórico que resultó ser un insigne fracaso desde los albores de su creación?

Por eso, a pesar de los posibles contagios, la manifestación popular del 17A representa el despertar de quienes luchamos por el amanecer de una nueva república; discrepando totalmente con las recientes declaraciones del inefable Julio Bárbaro: no es el peronismo que debe “sacarse de encima al kirchnerismo” como él sostiene, somos los argentinos quienes debemos sacarnos de encima a los dos, porque son la misma secreción de una herida infectada.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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