Lunes, 07 Septiembre 2020 21:00

Una fatalidad llamada Peronismo - Por Carlos Berro Madero

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Se ha escrito bastante sobre la historia del peronismo, y está bien, porque toda aventura humana tiene un origen y una razón de ser; es decir, causas y escenarios originales que la explican e iluminan su presente.

Pero ello pertenece al campo de los historiadores y las bibliotecas como análisis objetivo; lo que nos importa hoy, sobre todo para quienes hemos sido testigos vivientes de este fenómeno que ha capturado el “alma” de millones de ciudadanos, es que continúa su vigencia opresiva, multifacética y nociva que invade a los argentinos –sobre todo a los “no peronistas”-, de este a oeste y norte a sur del territorio nacional.

¿Será acaso porque sus adeptos se reproducen como los gatos como decía Perón? ¿O porque el General supo “penetrar” en la raíz de nuestra naturaleza humana esencial?

Muchos dirigentes nostálgicos que intentan “aggiornarlo” y siguen interpretando la democracia como una escalada hacia el poder, o aquellos que los combaten, pero no tanto, siguen cavando en la fosa donde yacen las promesas incumplidas y algunos restos (unos pocos) de una Argentina que fue algo antes que asomaran a la vida pública y se constituyeran en un magma gelatinoso.

Hoy nos circundan, nos aplastan, nos imponen la “V” de una supuesta victoria “índice-mayor” y se abrazan (sin barbijo), por considerarse únicos y “distintos”, repartiéndose muy alegres las migajas que han quedado de su siembra inorgánica y descontrolada: una miseria que atraviesa nuestro país –digámoslo otra vez-, de norte a sur y de este a oeste.

¿Quién o quiénes serán capaces de ponerle el cascabel al gato y meterlo en un cajón cerrado para que haga allí sus deposiciones, más aún cuando el mismo está invadido hoy por las huestes de una mujer vengativa y traicionera?

¿Su contracara “Fernández” con la tropa de “cuatro o cinco” que lo rodea?

¿La oposición discursiva y “berrinchera” que se ve sometida por su candidez; o porque en el fondo no saben cómo instalar un ideario distinto, moderno, menos “a igual función, igual salario”, con el que han contribuido, también ellos, a desalentar la productividad en el ámbito del trabajo “activo”?

¿Podemos esperar algo de quienes dicen ser de otro cuño, pero actúan en los hechos de acuerdo con el mismo realismo mágico peroniano?

Esta fatalidad ha sido acompañada por la violencia moral ejercida por la rama más conflictiva del peronismo: las organizaciones obreras; comandadas por sindicatos que le aprietan el cogote a todos los que discurren sobre abstracciones en el Palacio Legislativo y los distintos ministerios, y llenan la calle de quienes veneran el “dolce far niente” y la “dolce vita” que les prometieron alguna vez, levantando sus banderas  contra una inflación que no cede y la falta de trabajo, propiciadas (¡oh ironía!) por las políticas públicas de sus mismos conmilitones.

Al respecto, recordamos que Lenin no sugirió en su tiempo que los comunistas tuvieran posibilidad de llegar al poder a través de medios parlamentarios, sino que un bloque revolucionario en el parlamento podía ayudar A DESACREDITAR AL SISTEMA DEMOCRÁTICO y paralizar la respuesta de un gobierno ante los levantamientos masivos de la sociedad como un todo.

Bueno, los peronistas de hoy, llamados kirchneristas, han aumentado su bloque parlamentario y solo les queda sofocar los levantamientos masivos aludidos. Han superado las mejores expectativas de Lenin, sin duda alguna. Porque durante ciertos períodos breves –hasta ahora-, han logrado tener éxito, mientras nos abofetean el rostro señalándonos que tienen la autoridad emanada de una “legitimidad” que les debemos reconocer “in totum”.

Están convencidos además que los partidos del orden (siempre la oposición que los enfrenta), PERECEN ALGÚN DÍA BAJO LAS CONDICIONES LEGALES CREADAS POR ELLOS MISMOS, como sostenía Hegel, propiciando una ingobernabilidad promovida por un peronismo extorsivo que actúa casi fuera del marco legal de las instituciones, como acaba de ocurrir con la disputa sobre el valor presencial de opositores al momento de aprobar leyes de su interés.

¿O pensamos que el fenómeno Moyano es solamente Moyano? ¿Y Cavalieri? ¿Y Barrionuevo? ¿Y Pereyra? ¿Y Daer? ¿Y todos los demás, que integran una lista interminable de primeras y segundas líneas “acomodadas”, “gordas” e inmensamente ricas?

O los que manejan los nuevos “sindicatos inorgánicos” como Barrios de Pie, Grabois´s fans, Movimiento Evita y los otros nombres de fantasía de raigambre “peronista”, que se han ido multiplicando por toda nuestra geografía gracias al terreno que le fueron cediendo los “ortodoxos” con sus errores y sus cínicas omisiones.

Todos tratan de apoderarse así de la miseria que ha quedado a la vista, y se reparten las migajas de los eufemísticos “planes sociales” que les tiran por la cabeza quienes no se hacen cargo de sus fracasos y creen que con el asistencialismo revivirá el entusiasmo popular por los sacrificios necesarios para salir del estancamiento.

Mientras tanto, absolutamente todos ellos, aprovechan para llenarse los bolsillos gracias a los múltiples vericuetos que han “insertado” dentro de disposiciones administrativas confusas -donde cualquiera que no sea un explorador “peronista” se pierde fácilmente-, encontrando algún artículo o inciso que “favorezca” sus tropelías.

Se ha hecho así imposible tener un mercado de producción y transacción de bienes y servicios que nos permita salir del estancamiento, porque no existe movilidad ni flexibilidad, y todo se atasca, se traba y termina en un “dead end”.

¿En beneficio de quién? Del peronismo, por supuesto. La supervivencia del “movimiento” –hoy kirchnerista, massista, lavagnista y ayer nomás menemista-, se sigue reproduciendo gracias al esfuerzo de muchos irresponsables que en su deseo de “no me toquen lo mío” han impedido que se evaporara la nube de humo más formidable de los siglos XX y XXI, simbolizada por los desvíos de un militar que, como Perón, llegó tarde siempre a todas partes, llegando a apoyar al régimen nazi de Hitler

hasta días antes que los aliados lo aplastaran y copiando el sistema de “corporaciones” de tercer orden de Mussolini y sus camisas pardas que lo fascinaron por su intrínseca disciplina militar, renegando durante años del poderío de los Estados Unidos.

Una potencia a la que debimos aliarnos inteligentemente para progresar y desarrollar nuestra economía. Aunque la misma no sea del todo “complementaria”, como manifiestan algunos supuestos “expertos” en políticas públicas.

Se difundieron así los sueños impracticables del “vivir con lo nuestro”, “combatiendo al capital”, la “tercera posición”, “ni yanquis ni marxistas” y hoy ha desembarcado al kirchnerismo (¿o cristinismo?) en las costas de la  China continental para castigar “moralmente” al monstruo imperialista norteamericano (eso dicen), a cuyas ciudades muchos argentinos viajan todos los años -¡eso sí!-, para hacer shopping y traer computadoras de última generación, que cuestan un tercio de los “elefantes” informáticos que están a la venta en nuestro mercado a precios prohibitivos.

Elefantes que quizá se perpetúen “sine die” (¡minga que hasta el 31 de diciembre!) gracias al decreto de congelación de precios de telefonía celular, sistemas audiovisuales e informática, dictado con el pretexto de que los “pobres” puedan tener acceso a la tecnología a precios razonables.

Una tecnología que dichos pobres, abandonados “a la buena de Dios”, usan para “jugar” con google play ¡hasta en los ámbitos de trabajo!, como puede comprobarse fácilmente; o en bocacalles cruzadas con imprudencia, idiotizados con los “profundos” programas que llenan los bolsillos de quienes los producen a la caza de imbéciles como ellos.

¡Qué país señores! Y también hoy ¡qué cuarentena exitosa planificada por el peronismo! ¡Cuánto tenemos que enseñarle al mundo respecto a la misma!

Sobre todo, a Noruega, a Suecia, a Finlandia, a Italia y a todos los países que se levantan cada mañana con la ingrata tarea de desmentir las aseveraciones del Presidente de los peronistas (por obra y gracia de Su Majestad CFK), que no da pie con bola con sus “machetes”, asesorado por aquellos que rescató del mismo universo que frecuenta.

Lo más trágico de todo esto es que los peronistas siguen sin entender (como ha ocurrido siempre) que ninguna acción centralizada de un gobierno es capaz de abordar con éxito los problemas fundamentales de la economía moderna en toda su complejidad, determinando las preferencias del consumidor, asignando recursos, decidiendo entre distintas técnicas de producción, creando incentivos y coordinando la actividad económica en conjunto.

Como tampoco existen ejemplos de sociedades que hayan tenido éxito con otro de sus paradigmas, el “cierre de fronteras” auspiciado por un colectivismo que es un verdadero fracaso en todas partes.

Frente a este escenario que observamos con asombro e indignación, solo nos resta decirles a los ilusos “independientes” que todavía creen en las variantes del camaleónico “movimiento”: “es el peronismo estúpido”.

¿Consenso entonces con quienes desean llevarnos por las narices como siempre?

¡Las pelucas!

Así es que basta de “biri biri”, como dicen algunos jóvenes. Mirémonos al espejo y dejemos de mentirnos, porque ninguna supuesta “grieta” (de la que nos acusan) es mala, si propicia el florecimiento de ideas alternativas a las de quienes ya han demostrado una ineficiencia e inmoralidad de marca mayor.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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