Viernes, 18 Septiembre 2020 12:59

La Argentina de la vergüenza - Por Carlos Mira

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La Argentina ha tomado un camino que no solo es fascista y que archiva para siempre la República, sino que también es profundamente inmoral, mentiroso, decadente, racista y vergonzoso.

Confieso que desconozco otro país donde los imputados puedan remover a los jueces que los van a juzgar. Haber llegado a este límite de caradurismo, de arremeter abiertamente contra la estructura institucional de la nación para hacer zafar de la cárcel a una sola persona que, por lo demás ha arruinado al país perpetrando el defalco a la administración más gigantesco que recuerde la Argentina (y, probablemente, muchos otros países) supone una caída tan vertical en un precipicio profundo y oscuro, que uno ya va perdiendo las esperanzas del retorno a una vida civilizada.

El kirchnerismo, y particularmente su jefa, es un movimiento profundamente egoísta y egocéntrico. Odioso por definición (muchas veces no hay más que ver sus caras, sin necesidad de que hablen) no duda en sumir al país en un caos judicial para sacar las papas del fuego de sus comandantes más conspicuos.

A veces uno tiene ganas de decir: “está bien, les reconocemos su inocencia… Pese a todo lo que han robado, los declaramos libres de culpa y cargo… ¡Pero por favor detengan la máquina de destruir!”

Mr Misery, el presidente Fernández, (porque es un personaje miserable y porque dirige al país hacia la miseria más humillante) es un inmoral. No hace falta darse ningún trabajo para encontrar en los archivos referencias de suyas al cepo cambiario original de 2012 contra el que se manifiesta espantado porque Cristina Elisabet Fernández ha dispuesto intervenir en su libertad para ahorrar en dólares. Allí aparece poniendo el grito en el cielo por un sistema policial que se mete con su bolsillo.

Pero ahora, mientras todos sus funcionarios -desde Santiago Cafiero hasta Mercedes Marco Del Pont- ahorran en dólares, él se lo prohíbe a los argentinos de bien que solo intentan proteger el fruto lícito de su trabajo. Esos mismos argentinos a quienes el presidente del BCRA trata de narcotraficantes y traficantes de armas. ¡Pero hasta cuándo va a aguantar este país semejante atropello y a toda esta banda de delincuentes inmorales!

Han destruido todo. La moneda, la escala de valores de lo que está bien y de los que está mal, han robado, han desaparecido gente, han quemado campos, mandado a romper silobolsas, han liberado delincuentes y violadores; reparten droga en ambulancias, propiciaron el cierre de más de 50 mil pymes; liberaron chorros del Estado como Boudou para quienes dispusieron, además, que la sociedad les pague una jubilación retroactiva; no han tenido la dignidad frente a gente que se está muriendo de hambre, que se está fundiendo, de bajarse un centavo el sueldo, al contrario: la vicepresidente le inició juicio a la ANSES para que le pague tres jubilaciones con más adicionales retroactivos y con la pretensión de que no le deduzcan nada por el impuesto a las ganancias; han mandado a sus fuerzas de choque a tomar tierra y han mandado intimaciones a los propietarios que reclamaban por la protección de sus derechos; instigan una avanzada sobre la ciudad de Buenos Aires, el distrito que siempre se les paró de manos y que jamás fue peronista, bajo el argumento de que es “bella y opulenta” como si confesaran abiertamente que quieren arrastrarla al barro de la miseria que ellos mismos produjeron en las otras jurisdicciones que han gobernado históricamente; han echado empresas del país por la vía de hacer inviable su operación en la Argentina; llevaron la pobreza a más del 50% de la población; han confinado al país a un encierro inútil, el más ineficiente del mundo; salieron a comprar fideos a cuatro veces el valor que tienen en un simple almacén de barrio; llamaron a los argentinos que quieren reconstruir la república “gente de mal”; el presidente es el primer violador de las restricciones que él mismo impone; encabezan un gobierno racista por clase porque condenan al que tiene éxito mediante el ejercicio de la industria lícita que la Constitución estimula.

Castigan el triunfo en la vida, gravando a quien lo alcanza, enviando un mensaje subliminal con el que quieren adoctrinar a la gente en la senda de la vagancia y del robo, como si la única manera de tener algo consistiera en ir a sacárselo a otro por la fuerza.

Envilecen todo lo que tocan. Han envilecido a la Argentina. La han humillado y la han dividido entre delincuentes (defendidos, apañados y sostenidos por el gobierno) y esclavos fiscales (a los que el gobierno exprime, humilla e insulta). Buscan reinar en ese páramo de miseria, en esa toldería congourbana que pretenden extender a todo el país, como si fueran una corte medial, rodeada de señores feudales y servida por vasallos.

La calamidad peronista se ha potenciado con la naturaleza delincuencial del kirchnerismo. Con el mismo plan que en su momento trazaron y ejecutaron en Santa Cruz (provincia rica a la que convirtieron en un baldío) llegaron a la nación para destruirla en beneficio propio. Lamentablemente contaron para cumplir su cometido con un pueblo resentido, envidioso e hipócrita que endosó su ideología falsa y su discurso inflamado, creyendo que, con eso, mejoraría su condición. Siempre la pelotudez y el rencor ciego son los principales socios de la estafa.

Carlos Mira   
https://thepostarg.com/editoriales/la-argentina-de-la-verguenza/#.X2TWHGhKg2w

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