Martes, 06 Octubre 2020 14:21

Las “sarazas” del populismo neo marxista del Gobierno - Por Carlos Berro Madero

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Algunos apuntes de los discursos del “Che” Guevara cuando fue Presidente del Banco Central de Cuba en los albores de la revolución caribeña, permiten encontrar curiosas similitudes con algunas “sarazas” del Ministro de Economía de los Fernández, Ricardo Guzmán, cuando asegura que el gobierno que lo ha convocado no apunta a bajar el gasto público (ineficiente y corrupto) desde ningún punto de vista, implicando que sostendrá a rajatabla la vida de un paquidermo que nos está triturando los huesos desde hace años.

 

Conceptos que reciben el eco del mismo Presidente cuando señala: “los dólares deben destinarse a la producción y no al ahorro”, o “el Estado debe estar siempre presente en todos los planes de desarrollo de una sociedad”, o “la pobreza torna indispensable la intervención excluyente del Estado en la economía, para lograr una adecuada distribución de la riqueza”.

Son las mismas premisas de algunas endechas solitarias del revolucionario Joseph Stieglitz (mentor de Guzmán), quien viene intentando (sin éxito) “reordenar” al capitalismo mundial a través de la aplicación de medidas coercitivas a la actividad privada usando un palabrerío deletéreo, mientras asienta sus posaderas en sillones de fino cuero “capitalista”.

La ideología neo marxista tradicional, proclama que un gobierno no sólo tiene el derecho, sino la obligación de dirigir las transacciones económicas de cualquier tipo, y las mismas deben estar subordinadas a los principios de un “partidismo” de corte socialista, propiciando escenarios donde las ideas alternativas son ignoradas olímpicamente.

Al seguir las explicaciones de nuestro joven ministro, puede advertirse también las características sorpresivas que adquirirán las “correcciones temporales” -y eventualmente intempestivas-, que promete muy suelto de cuerpo, que contribuirán a acentuar aún más la desconfianza que han comenzado a generar las primeras.

La calma impostada de un individuo que aterriza proveniente del “academicismo” de izquierda en el que vivió siempre al lado de su maestro Siruela, no logra ocultar la mala calidad de ciertos artilugios intervencionistas basados en rígidas ideologías trasnochadas.

Por otro lado -y esto es más trágico aún-, Guzmán causa la sensación de ponernos en presencia de otro niño que se abraza a un juguete nuevo (un cargo gubernamental con el que quizá no soñó jamás), al igual que ocurre con el Presidente que nos “colocó” en el sillón de Rivadavia la “abogada exitosa” CFK, mediante el voto de sus fanáticos irredentos.

Como Alberto, el ministro parece sentirse muy cómodo con ese aire de “señorito satisfecho” tan bien descripto por Ortega y Gasset; el que destaca a un individuo que “sabe muy bien su mínimo rincón de universo, pero ignora de raíz todo el resto. Un hombre que es un sabio ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor que se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial puede ser un

sabio” (sic).

Quienes aún crean que existe alguna posibilidad de que el FPT emerja victorioso del laberinto en el que se debate concentrando esfuerzos dispersos de muy mala calidad, están aviados; porque sus estrategias de corto y largo plazo marchan en realidad en una sola dirección: mantener a sus contradictores amarrados y sin derecho a réplica.

A nuestro modo de ver, el gobierno kirchnerista tiene un fervor ciego por el poder de un Estado ante el que se prosterna casi religiosamente, sin advertir que el mismo es una mera creación humana sostenida por supuestos que pueden evaporarse a las primeras de cambio, frente a una realidad que no suele dar tregua a los artificios de sus románticas ensoñaciones políticas.

Nos están diciendo en esencia que la espontaneidad de la sociedad libre y emprendedora va a quedar definitivamente violentada por la intervención constante de dicho Estado para que todos contribuyamos a alimentar una maquinaria que continuará chupándonos el tuétano aún después que pase la pandemia.

Para el joven “saracero”, con el fin de vivir mejor, debemos estar al servicio de actividades productivas reguladas de acuerdo con los criterios de quienes se arrogan el derecho de imponer sus verdades aún a los disidentes Y SOBRE TODO A ELLOS.

Porque la ideología que profesan subordina la libertad personal a los intereses del gobierno que representan, prometiendo descaradamente la plena y libre expansión del mismo en forma excluyente.

Mientras ello ocurre, resulta paradójico que este kirchnerismo neo marxista pretenda disolver la función específica de las fuerzas policiales para contener a delincuentes que asaltan, roban y matan en cualquier esquina, pero ejerza la fuerza del Estado para amarrarnos a todos los demás a la coerción de un orden económico autocrático.

¿Es eso lo que deseaban quienes buscaban alternativas “innovadoras” que superaran al gobierno de Macri, infinitamente más respetuoso de las libertades individuales?

Pues ya llegaron. Volvieron los de siempre, y están entre nosotros funcionando a pleno, mientras su corazón revolucionario pone en marcha nuevamente la máquina para aumentar la fabricación de pobres que les siguen sin chistar y los votan una y otra vez, recibiendo de ellos a cambio unas indignas migajas.

Fusiles y corbatas se han fundido en una sola imagen: la decapitación de las libertades individuales y el nacimiento de algunas ideas mejoradas por la irrupción de algunos audaces que forzarán además “la volatilidad para castigar a la especulación” (Pesce dixit).

Estamos convencidos que si fracasan Guzmán y compañía (y como van las cosas no hay que ser demasiado pesimista para advertirlo), el FPT se radicalizará aún más, agregando más presencias seudo marxistas al gobierno (Heller, ideólogo del impuesto extraordinario a la riqueza, es un avanzado para el terreno que se prepara).

Acusarán entonces a sus contradictores de representar a un sistema capitalista que detestan, porque obstruiría sus planes de “ir por todo” (Cristina dixit), creando la nueva oligarquía del “demérito” (de la que forma parte seguramente el ex diputado Ameri), propiciada por Bergoglio y sus adláteres, mediante una interpretación evangélica sumamente discutible.

Lo que quizá no hemos advertido aún es que nuestra sociedad toda está virando desde hace años hacia concepciones políticas y económicas dirigistas, que todos consumimos con actitud “gattopardista”: que todo cambie, para que nada cambie.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero 
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