Jueves, 29 Octubre 2020 10:37

El “despegue” político de Cristina Fernández - Por Carlos Berro Madero

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Muchos “arranques” de tipo emocional provienen de un asalto nervioso que declara dentro del individuo un estado de emergencia, desencadenando en él reacciones intempestivas que lo mueven a hacer elecciones de vida incomprensibles y desafortunadas.

 

Solo recurriendo a determinaciones de la psicología clínica, pueden entenderse algunas actitudes y mensajes de Cristina Fernández, que provienen, con seguridad, de crisis interiores relacionadas con sus ansias de ser reconocida “urbi et orbe” por su augusta majestad.

En el cráneo de todos los seres humanos se aloja una denominada “amígdala”, órgano muy pequeño que se asienta sobre el lóbulo frontal, cerca de la base del anillo límbico, señala Joseph Le Doux, neurólogo de la Universidad de Nueva York, que es como una almendra interconectada con el cerebro. Ésta suele recibir la influencia de ciertos temores que mueven a muchas personas “a explorar compulsivamente cada experiencia nueva en busca de problemas” (sic).

Dicha amígdala se pone en acción antes que la neocorteza –algo más lenta y plenamente informada de lo que ocurre-, despliegue un plan de acción más “refinado”.

Cuando una emoción desbordada le quita “contención” a este pequeño órgano, se desata en el individuo un torrente emocional, frente a un eventual peligro que percibe su intimidad, y éste actúa como si hubiese recibido una descarga eléctrica inesperada.

No importa tanto el tiempo transcurrido desde que el estallido se produce, sino la intensidad y duración del mismo.

En nuestro análisis sobre la personalidad de la ex Presidente de estos últimos años, hemos insistido en señalar que el lado flaco de Cristina se asienta sobre una estructura psicológica muy dañada. Probablemente por acontecimientos vividos durante su infancia y adolescencia, según abundantes constancias habidas en testimonios publicados.

La que podríamos denominar como “CARTA A LOS ARGENTINOS DESDE EL PEDESTAL EN QUE ME ENCUENTRO”, tiene toda la apariencia de provenir así de los temores de alguien que intuye el eventual derrumbe de un mundo soñado: su reingreso a la cumbre de la historia moderna, rodeada de masas vitoreándola y reivindicando su figura ante quienes osen atentar contra el fulgor de su “reinado”.

Al no resistir el impulso de sumergirse a sí misma en un escenario de “pompa y circunstancia”, la carta que comentamos resulta dañada en cuanto a la validez de su contenido, por razones fáciles de colegir:

  • a) El gobierno actual fue pergeñado por Cristina en soledad, COMO SIEMPRE;
  • b) la elección de Alberto no le puede ser imputado a nadie más que a ella misma, demostrando una vez más su inhabilidad para ungir candidatos que la secunden en sus cruzadas épicas;
  • c) evidencia la manifiesta incapacidad de su autora para persistir frente a la decepción de un fracaso que se le presenta de improviso e inesperadamente, como una tormenta para su proyecto político;
  • d) resquebraja la pared que comenzó a levantar con su esposo Néstor hace años -luego de huir de La Plata y asentarse en Santa Cruz-, que se está viniendo abajo por la fragilidad de sus cimientos;
  • e) revela de su parte la “atención libremente flotante” de la autora (característica psicológica señalada por Freud), lo que la mueve a actuar COMO UN TESTIGO QUE TUVIESE INTERÉS EN EL PROBLEMA, PERO NO ATINA A REACCIONAR ADECUADAMENTE;

Por otra parte –esto pertenece al campo científico y no es peyorativo en absoluto-, las mujeres, como indican los estudios del psicólogo estadounidense Edward Diener y otros autores, experimentan emociones positivas y negativas con más fuerza que los hombres.

La historia indica claramente que Cristina actúa en algunos temas “político-afectivos” como una persona insípida “hacia afuera”, por lo que no debe sorprendernos que la carta comentada parezca haber sido enviada desde el extranjero y no denote ira, tristeza, ni esperanza alguna.

Su contenido proviene de quien, una vez más, habla desde el Olimpo donde mora, exhibiéndola como un páramo neutral, aislado y separado de la realidad.

Estamos convencidos que detrás de su retórica “principista” solo existe una mujer muy ambiciosa, proclive a patear cualquier tablero político que no aloje las fichas en el orden y el modo que ella considera apropiado.

Lo más notable de los ecos de la carta comentada, es que Alberto, una creación de Cristina y destinatario principal de la misma, no siente haber recibido un cachetazo fenomenal y solo atinó a decir que se siente “respaldado” por ella.

Ambos dos forman parte de ciertos grupos humanos que se distinguen por su “incompetencia social”, en los términos analizados por Lakin Phillips, psicólogo de la Universidad de Washington, quien señala su origen en un fracaso por “aprehender” determinadas cuestiones atinentes a la interacción humana.

En esas manos está hoy, desafortunadamente, el vértice de la política “ejecutiva” argentina.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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