Miércoles, 04 Noviembre 2020 14:00

El fallo de la Corte debilita la confianza en la Justicia - Por Jorge Enríquez

Escrito por

 

Hace aproximadamente un mes que los argentinos estamos esperando un fallo de la Corte sobre la cuestión de los traslados de tres jueces, Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli.

 

 

El tribunal había admitido el recurso extraordinario por salto de instancia (per saltum), que es una vía extremadamente excepcional y supone no solo la existencia de gravedad institucional sino de gran urgencia. Esa urgencia se evidenció en la brevedad de los plazos que concedió al Procurador General para dictaminar y a la parte demandada para contestar el traslado.

 

Sin embargo, la celeridad quedó ahí. El presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, según todos los trascendidos periodísticos, elaboró rápidamente su voto. El resto de los jueces fue demorando los suyos, lo que no puede interpretarse más que como el intento de acordar posiciones entre ellos y, sobre todo, de reinterpretar las dos Acordadas que habían dictado hace un par de años en las que avalaban el criterio de los traslados que ahora se cuestiona.

Finalmente, la Corte se expidió sobre los casos de los dos primeros jueces. La mayoría sostuvo que tales Acordadas no habían expresado que la aprobación de tales traslados convertía a estos en definitivos. Un pase mágico, que logra extraer agua de las piedras, porque tampoco habían dicho antes que los traslados eran provisorios. Se mantiene a los jueces en sus actuales cargos hasta que se complete el proceso de designación de quienes los sucederán, para lo que el Consejo de la Magistratura deberá organizar nuevos concursos. Estos pueden demorar cierto tiempo, pero es claro que a partir de ahora Bruglia y Bertuzzi son jueces a plazo fijo.

Rosenkrantz, por su parte, mantiene la posición que ya había adoptado. Recuerda que la práctica de los traslados es una práctica que data de por lo menos siete décadas y ha sido convalidada por la Corte. Y que los jueces trasladados de acuerdo a las pautas constitucionales y reglamentarias vigentes en cada caso gozan de la garantía de la inamovilidad. El Consejo de la Magistratura, agrega, puede modificar esas pautas, pero no puede aplicar las nuevas reglas retroactivamente.

Es notorio que la mayoría de la Corte dictó un fallo más político que jurídico, destinado a no irritar a quienes actualmente gobiernan y, en especial, a la vicepresidente de la Nación. Para lograr ese objetivo debe apelar a contorsiones dialécticas que pretenden disimular que está borrando con el codo lo que no hace mucho escribió con la mano. Estos constantes cambios de posiciones solo consiguen debilitar la confianza pública de la ciudadanía en su Poder Judicial, que es la clave de bóveda de la República.

En el ámbito jurídico es frecuente que pueda haber distintas interpretaciones acerca del derecho vigente. Lo que no debería ocurrir es que un mismo tribunal cambie drásticamente su jurisprudencia sin razones muy sólidas que expliquen esa mutación, porque queda la sospecha de que la política metió la cola donde no debía. Cualquiera puede disentir respecto de los votos de Carlos Rosenkrantz, pero estos responden siempre a un claro criterio jurídico. Es una lástima para la consolidación del Estado de Derecho que esa manera de abordar los casos en los que falla suela ser minoritaria.

Jorge Enríquez
Diputado Nacional CABA - (PRO-Juntos por el Cambio-PRO)

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…