Martes, 01 Diciembre 2020 12:25

Una carrera desenfrenada para controlar lo incontrolable - Por Carlos Berro Madero

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Dice Ortega y Gasset que el más y el menos de una cultura se mide por la mayor o menor precisión de las normas; agregando acto seguido que donde éstas son excesivas y penetran hasta el detalle en todas las actividades, provocan automáticamente “muy poca cautela y cuidado por ajustarse a la verdad de los que hablan y escriben” (sic).

 

En este escenario -que hoy nos agobia a quienes seguimos creyendo en ciertos principios éticos inamovibles-, aumentan las disposiciones inconsultas del gobierno de los Fernández, que penetra tosca y desordenadamente en nuestra vida de todos los días haciendo uso de un palabrerío infernal.

Su fisgoneo impertérrito, acumulativo y creciente a través de disposiciones normativas que causan espanto, ha terminado provocando un caldo social ácido, alimentado por funcionarios y legisladores que nos inquietan con disposiciones sumamente “raras”, mediante una superabundancia discursiva que confunde y lastima el entendimiento del ciudadano medio.

La consecuencia de este estado de cosas ha terminado provocando reacciones populares –de uno y otro lado del “mostrador”-, por el modo al que se ha apegado el peronismo para imponer sus opiniones, creyéndose con derecho a NO tener razón si esto “descomprime” las presiones que no logra soportar. Es decir, entronizar la cultura de una “sinrazón” asistida por apelaciones de orden psicológico.

De tal manera, no acepta discutir con los demás el valor de las opiniones de funcionarios que utilizan los artilugios legales insertos en el maremágnum detallista señalado, con el fin de sacar ventajas que les permitan ganar tiempo a todo evento.

Es evidente que así es imposible organizar una sociedad en pos de objetivos comunes para obtener la vida de paz y concordancia a la que - ¡oh ironía! -, todos ellos apelan como si se tratase de un mantra catequético.

¡Cuánto daño le ha hecho la cultura peronista a la sociedad y cuán peronistas hemos sido todos en nuestros hábitos sin advertirlo, convirtiendo la política –y la vida misma-, en un verdadero duelo “a primera sangre”!

Algunos acontecimientos recientes deberían movernos a profundas reflexiones y pocas palabras. Porque el manejo ambivalente, pretencioso y confuso de las cuestiones epidemiológicas y las vacunas, y la despedida del féretro de Maradona, son dos buenos ejemplos que tomados al azar evidencian que nos hemos perdido en un bosque de controles “detallistas” que nadie atiende ni respeta, y muchos ni siquiera entienden.

Al respecto, una frase atribuida en estos días a la Ministra de Seguridad “antropológica” Sabina Frederic mueve a espanto, cuando al analizar los sucesos que ocurrieron durante el velatorio del astro futbolístico dijo: “no tenemos un 10, pero el balance es positivo”. No hace falta agregar nada que permita tener mayor certeza de que ella y muchos que la rodean viven en una nube de gas.

Pero no es esto todo. En la vereda lateral, su Presidente terminó admitiendo que el gobierno había subestimado la participación de “barras bravas” que habían “copado” la calle.

A ambos habría que decirles: no estuvimos tan siquiera cerca de un 4 y tampoco fueron barrabravas en su totalidad quienes transgredieron las normas. Fueron muchos argentinos desafiantes que intentaron despedir a un finado irreverente como ellos como les vino en ganas, emulando a los personajes de la serie de TV “The walking dead” al llevarse por delante a los custodios del orden público.

Es evidente que estamos viviendo una época política de instituciones muertas y valoraciones de la realidad sin ningún sentido, donde el frenesí de un primitivismo peligrosamente arraigado en la cultura popular nos lleva derecho a una disolución social definitiva.

Si nos preguntan cuál es “la salida de todo esto” -apelación eufemística típicamente argentina-, nos manifestamos incapacitados para hacer un pronóstico que se aparte mucho de una sentencia algo primitiva, pero que será entendida perfectamente bien: “nos estamos yendo a la mierda”.

El dibujante francés Pierre Juin nos retrató hace poco en una viñeta del periódico “Liberation” recordando al fallecido humorista Quino, donde aparece Mafalda abrazada a un ser esmirriado, escribiendo en ella: “Quino est mort, les argentines, pas encore” (Quino ha muerto, los argentinos todavía no).

Mientras tanto, nosotros le seguimos buscando afanosamente “el pelo al huevo” sin decidir antes quién le dará de comer a la gallina.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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