Miércoles, 24 Febrero 2021 12:16

¿Cartón lleno? ¿O habrá más noticias para el boletín “K”? - Por Carlos Berro Madero

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La igualdad de los derechos, la justicia social, el considerar injusta la explotación del hombre y el repudio a la opresión de los “poderosos”, han sido las banderas obsesivas del discurso kirchnerista.

El tema de los vacunados “vip” que ha salido a la luz inesperadamente, ha sacudido los cimientos de estos postulados “revolucionarios” (¿).

¿Por cuánto tiempo durará la condena popular?

Nos manifestamos escépticos de que sea por mucho más que unas tres o cuatro semanas, porque el gobierno representa la cultura de una mayoría “nacional y popular” que parece haber perdido la vergüenza desde hace rato, convirtiéndonos en una nación donde las mismas palabras de las víctimas de la corrupción confirman su derrota, en lugar de rescatarnos de ella.

Un país donde todo se “cocina” en la oscuridad “fabricando” relatos públicos, sin advertir que hay quienes siempre andan a la pesca de secretismos y “agachadas”, y finalmente las exhiben impúdicamente frente a toda la sociedad.

El nuevo percance del gobierno de “los Fernández”, parece reavivar una vez más el amargo dictamen de Gottfried Benn, irreconciliable con cualquier conmemoración entusiasta del pasado: “dentro del mundo histórico”, dice, “no hay bueno y malo. Solo existe lo malo, pienso yo. Quien no lo ve así tiene la carne débil y el espíritu inmaduro”.

Para quien analizase específicamente la historia del partido de gobierno, resultaría muy difícil poder refutar al poeta y ensayista alemán, muy influido, como muchos de sus contemporáneos del siglo XX, por el pesimismo nietszcheniano.

La filosofía nos recuerda al respecto de estas cuestiones que la identidad de un “grupo” –eso es el kirchnerismo, al fin y al cabo-, está formada por un conjunto de rasgos que le hacen ser lo que es y como es. Si los rasgos cambian, cambia la identidad y el grupo deja de ser el que era, aunque siga siendo un grupo.

Esa es la esencia que cultiva con esmero cada uno de los integrantes del Frente para “Todes”.

Por ello, Ginés González García resulta ser solo una anécdota más de una historia política que refrenda el pesimismo de Benn: la obscenidad de “correligionarios” que renuevan constantemente sus prácticas execrables, tanto o más corruptas que las que van desplazando como pueden en su andar torpe y atropellado.

Resulta claro pues que el combate del mañana deberá librarse por parte de quienes estén decididos a desmitificar una suerte de “identidad tribal” en la que estamos inmersos hasta las narices, para restituir un mito “sanador” muy antiguo: una decencia mínima imprescindible para reconstruir una sociedad que se base en las diferencias, como un antídoto “depurativo” contra sistemas políticos autoritarios, que suelen terminar siempre en las preferencias que se “cocinan” dentro de las cúpulas del poder.

Volatilizadas como están hoy la justicia y la moral, hemos quedado sin mecanismos para paliar ningún exceso de los que mandan, por lo que deberíamos tener presentes al efecto las palabras de Ortega y Gasset: “es falso decir que en la vida deciden las circunstancias; al contrario, las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos: el que decide es nuestro carácter”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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