Martes, 16 Marzo 2021 13:01

El verdadero triunfo del kirchnerismo es haber “instalado” una nueva oligarquía corrupta e ineficiente - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

 

 

El “activismo” kirchnerista ha evidenciado con creces su perfecta futilidad conceptual, mientras utiliza a la “masa” para consolidar una aventura hegemónica que nos está hundiendo – cuanto menos-, en la irrelevancia.

Lo están logrando por ahora, a pesar de las quejas retóricas e insustanciales de opositores que le reclaman una ética que ha desaparecido desde hace años del escenario político argentino, de uno y otro lado del mostrador.

Se advierte al mismo tiempo con sorpresa la desproporción que existe entre el provecho real y la gratitud que le presta dicha “masa” a un movimiento que solo ha servido para sumergirla en una aguda degradación social y cultural, incluyendo –entre otras cosas-, su máxima idiotez: un “lenguaje inclusivo” que convierte a sus adeptos en una auténtica mascarada.

En ese escenario “en continuado”, cada nuevo día aparecen medidas supuestamente benéficas del actual gobierno K, que resultan a la postre meros analgésicos para una situación desbordada por una realidad que marcha por otro carril.

Todo esto nos recuerda el contenido de una novela de Honoré de Balzac, “Las ilusiones perdidas”, donde el protagonista, Lucien Chardon, un joven intelectual de provincia moralmente puro, encandilado por las “luces” de París, viaja hacia allí con el fin de instalarse y triunfar en el medio artístico y literario, para terminar finalmente enredado en la corrupción imperante en dicho ambiente, quedando finalmente sumergido y degradado dentro de ella.

La tragedia refresca una moraleja que debería alertar a los ilusos: las apariencias engañan.

Quienes sentimos que es posible aspirar a “otra cosa”, que reivindique la esencia de una república donde las instituciones sean respetadas como tales, vemos un escenario donde la pornografía política desvergonzada de “milicianos” ambiciosos y sin escrúpulos domina el territorio político, tratando de afirmar la supuesta supremacía “intelectual” (¿) de una mujer bastante trastornada, como la actual Vicepresidenta, quien solo trae en sus alforjas “imperiales” más miseria y desilusión para toda la sociedad.

El saber histórico, nos recuerda Ortega y Gasset, es una técnica de primer orden para proteger una civilización provechosa. En nuestro país, solo parece existir como referencia de supuestos fracasos del pasado que se intentan corregir… ¡utilizando los mismos métodos equivocados de siempre!

El filósofo añade algo más al respecto, a modo de advertencia: es un error caer, dice, “en la simplicidad de entablar un pugilato con tal o cual porción de dicho pasado, EN VEZ DE PROCEDER A SU DIGESTIÓN” (sic).

En ese sentido, hemos demostrado no haber digerido aún que el kirchnerismo constituye la más flagrante confirmación del atraso y la marginación. Un movimiento que solo ha llevado a aumentar la cantidad de privilegiados y corruptos que han terminado posesionándose del Estado, para hacer lo que les venga en ganas, en tanto convenga a sus intereses personales.

Estos días especialmente ajetreados por la escasez de una vacuna para la pandemia, una Ministra de Justicia que no se sabe si se va del cargo porque está “agobiada” o porque no

conviene mantenerla en el gobierno para no irritar a Cristina, los vaivenes “non sanctos” de los juicios que debaten la corrupción de la “abogada exitosa” y la tienen procesada en la justicia en base a innumerables pruebas “con nombre y apellido”, y ciertos axiomas kirchnerianos del tipo: “hemos regresado para poner a la Argentina a la altura de los tiempos” (sic), solo siembran más desconcierto y desesperanza.

Porque está claro que su brazo ejecutor, “la Cámpora”, está resuelto a gobernarnos a todos, predicando las características de un nuevo orden creado a su imagen y semejanza.

Para ello, han ido ocupando lugares decisivos dentro de la administración de un gobierno cada día más obeso e ineficiente, que hace y deshace al ritmo impuesto por estos jóvenes vulgares e inexpertos que han resuelto imponer sus opiniones ramplonas, sin miramientos, contemplaciones, trámites ni reservas, según un régimen de acción directa, que ha terminado dejando al Presidente Fernández “pintado a la acuarela”.

Está probado que con ellos no se puede acordar ni pactar, y mejor será que lo entiendan quienes participan aún del ensueño de un eventual “consenso” político. Hay que ganarles en el mismo terreno que intentan monopolizar: las próximas elecciones legislativas; demostrándoles que existe una Argentina posible, basada en otros fundamentos morales.

A buen entendedor pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…