Martes, 23 Marzo 2021 13:00

¿Se agotan las apuestas de Cristina? - Por Carlos Berro Madero

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Jaime Balmes dedicó una parte de su obra a describir el mundo, clasificándolo según las chances de máxima o mínima concreción “posible” para la vida humana, recordándonos que la palabra “imposibilidad” expresa siempre la repugnancia entre dos objetos.

En este aspecto, en el caso de Cristina Fernández crece una importante resistencia hacia ella de parte de una mayoría de la sociedad, que la percibe inmersa en contradicciones “antinaturales” respecto de la realidad “real”.

Es gente que no termina de aceptar sus modos y que, a pesar de sentirse desilusionada por las fluctuantes alternativas que ofrecen los opositores, rechaza la destrucción de la libertad con la que todo individuo pretende resolver legítimamente sus problemas cotidianos dentro del marco de la ley.

Balmes probablemente añadiría que la actual Vicepresidente se ha constituido en “una oposición al curso regular de ciertos sucesos naturales”.

Su fanatismo y desesperación –propios de una psiquis siempre alterada-, la empujan, no obstante, a forzar continuamente situaciones audaces, apelando al respaldo que aún mantiene entre un grupo de fieles fanáticos que, para ser sinceros, no le aportan más que sumisión y muy pocas ideas originales.

¿Hacia dónde va? ¿A afirmar la preferencia del 25% de los fanáticos que la sigue ciegamente, o a tratar de convencer al 75% restante que no la puede ver ni en figurillas?

Una de sus nuevas apuestas está centrada en su hijo Máximo, un joven de quien se sabe poco (salvo su participación en los hechos que dieron lugar a la fenomenal acumulación de riqueza de sus padres) y funge como cabeza de una “escuadra de guerra” integrada por jóvenes muy ambiciosos, con escasa preparación intelectual y muchos deseos de acceder al poder de manera “brutalista”: la autodenominada “la Cámpora”, en recuerdo elíptico del sumiso odontólogo de San Andrés de Giles que Perón usó de “chirolita” en 1974 al regresar de su ostracismo.

Es una verdadera “jauría” que intenta insuflar a sus conmilitones con un “suplemento adicional para el alma” (Savater), mediante promesas de transportarlos a una nueva vida más justa y equitativa; algo que hasta hoy no han logrado para nadie más que para ellos mismos.

En nada se parecen en realidad al mencionado odontólogo, un carcamán cuyo “chupamedismo” carente de pudor alguno provocaba la risa de sus mismos partidarios.

Sin embargo, el soporte de algunos aliados impresentables como los sindicalistas obesos de la CGT y CTA, los punteros barriales que manejan organizaciones sociales de comportamiento soviético y gobernadores que cierran sus provincias desde hace años como feudos, les están haciendo más difícil el camino.

No obstante ello, la “abogada exitosa” lucha denodadamente para quedar inscripta en los anales de la historia mundial reservado a personalidades descollantes (aunque la Argentina se vaya “al tacho”).

Para lograrlo, deberá barrer sus antecedentes “prontuariales”, salvándose del acoso de seres “minúsculos” (Cristina dixit) como los jueces, que solo se limitan a aplicar la ley de acuerdo con evidencias que se han acumulado a través de filmaciones y

testimonios escandalosos de la corrupción imperante durante los años que gobernaron Santa Cruz y la Nación con su esposo fallecido.

Para eso ha llegado también Soria, nuevo Ministro de Justicia que no disimula con sus primeros aspavientos el objetivo que le ha encargado su “mandante”: embestir contra la justicia, hasta sacarla del ring.

Lo que hace dudar de la efectividad de estos planes, es observar que el peronismo, una vez más y fiel a su historia, ha comenzado a “reproducirse como los gatos”, como solía decir Perón.

Eso conspirará, tarde o temprano, contra los planes de unanimidad que abriga la multiprocesada Vicepresidente, que sufrirá los inevitables efectos negativos para “su” gobierno de una situación económica desbordada, que ella misma se ha encargado de acentuar inmiscuyéndose en cuestiones técnicas que nunca entendió.

Eso es lo que se ve hoy. En cuanto a lo que sigue, debemos esperar la sentencia final de un tiempo, “que no vuelve, ni tropieza” (Góngora). Sospechamos que la suerte del actual gobierno se juega en el terreno de las vacunas y el mayor o menor contenido de la “heladera” de muchos sectores de las clases media y media baja, que han demostrado tradicionalmente tener su cerebro adherido al estómago.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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