Martes, 04 Mayo 2021 12:57

Los subsidios como eje central de un gobierno degradan a cualquier sociedad - Por Carlos Berro Madero

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“El mendigo dista de sentir su miseria con tanta intensidad como la finge, si quiere vivir de la mendicidad”  
- Frederich Nietzsche

 

La sociedad que ha diseñado el kirchnerismo, perfeccionando intentos realizados en la misma dirección por parte de su padre putativo, el peronismo, ha contribuido a convertir a millones de argentinos en el mendigo aludido por Nietszche.

Principalmente, porque quienes padecen la miseria y la pobreza no alcanzan a distinguir que la ayuda que reciben para paliarla es la consecuencia de una utilidad política que ha terminado por desterrar los valores culturales del esfuerzo y el sacrificio, virtudes capitales que permiten desarrollar una sociedad pujante.

Esa incomprensión, aleja psicológicamente a dichos beneficiarios de cualquier principio superior a la mencionada utilidad, reduciendo su capacidad de comprender la dimensión de la pobreza moral en la que quedan sumergidos, convirtiéndolos en individuos que se abandonan a un instinto de autocompasión que los vuelve más exigentes a medida que transcurre el tiempo, mientras miran a su alrededor con aire provocador.

Resulta claro que una sociedad moderna no puede desarrollarse adecuadamente mediante la utilización de prebendas indiscriminadas para atender, paradójicamente, una mendicidad que el mismo sistema elegido para gobernar contribuye a expandir.

Sin embargo, vemos que muchos políticos del kirchnerismo parecen descreer en la moral de ninguna clase e intentan convertirse en el motor de falsos impulsos de bondad, compasión y benevolencia, que solo contribuyen en realidad a revelar su falta de condiciones personales para la solución efectiva de problemas económicos y sociales que no atinan a resolver.

La enfermedad psicológica causada por el populismo marxista que los subyuga los lleva a sacarse de encima todo lo que comprometa la visibilidad de su ineficiencia y el fracaso de un sistema político cuya

provisionalidad termina sumergiendo a mucha gente en una suerte de vergüenza psicológica permanente.

¿Estamos dispuestos a seguir engrosando nuestra abundancia pandémica de mendicantes? ¿Quiénes ocuparán el espacio que vayan dejando vacío las fuerzas de la producción cuyo desaliento aumenta su actual morosidad? ¿Cómo podremos despertar nuevamente nuestra pujanza colectiva si no logramos expulsar del poder a benefactores de la mendicidad que actúan como si fuesen misioneros divinos?

“En la primera fase de la humanidad superior”, dice Nietszche. “se considera la valentía como la virtud más noble; en la segunda, la justicia; en la tercera, la moderación; y en la cuarta, la sabiduría. ¿En qué fase vivimos nosotros? ¿En cuál vives tú?”

Sería bueno distinguir quiénes, dentro de la oferta variopinta de candidatos a manejar la res pública, tienen condiciones para retornarnos a otros tiempos en que supimos estar en la vanguardia del progreso mundial.

Probablemente estén escondidos y no participen de una gritería que ensordece, pero habrá que descubrirlos. Concisión, serenidad y madurez deberían constituir su característica sobresaliente.

Mientras tanto, nos gustaría preguntarles a los que aún creen en el sistema político del diabólico kirchnerismo: ¿es razonable suponer que “estamos condenados al éxito” (Duhalde dixit) manteniendo una inflación del 50% anual y un Estado macrocefálico, mientras vemos que la mayoría de nuestros vecinos mantienen guarismos aproximados al 4%? ¿Aceptaremos seguir sometidos a un discurso oficial que habla de sus errores como si fueran las mejores verdades?

Quizá deberíamos decidirnos a no confiar nunca más en políticos “que dejen entrever su intención de escribir un libro y LEER SOLO A AQUELLOS CUYAS IDEAS FORMAN IMPENSADAMENTE UN LIBRO” (Nietszche)

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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