Jueves, 13 Mayo 2021 12:15

Todos somos piqueteros - Por Luis Tonelli

Escrito por

 

La aparición de los piqueteros en el paisaje político argentino vino de la mano de un gran cambio en nuestra sociedad: el fin del pleno empleo, disfrutado por décadas, y clave para el poder casi único en América Latina del que gozaron los sindicatos argentinos.

El aumento de la exclusión social, de la informalidad, de la precarización del trabajo; en síntesis, el resultado del agotamiento/cambio del paradigma productivo, y la sucesión de crisis luego de períodos de auge, llevaron a la destrucción empleo formal y al aumento escandaloso de la pobreza.

En las épocas del pleno empleo, las demandas de los trabajadores se canalizaban naturalmente a través de los sindicatos, siendo los más poderosos los ligados a la industria: la Unión Obrera Metalúrgica, o SMATA. EL poder de estos sindicatos radicaba en su capacidad de paralizar la actividad de sus empresas correspondientes por medio de la huelga.

Los desempleados, o empleados informales no tienen esa capacidad de amenaza ya que no tienen empleador a quien hacerle perder dinero con una huelga. La práctica adoptada por ellos fue la de cortar avenidas y rutas para afectar al público en general, generar así un hecho mediático y atraer la atención del gobierno nacional para que interviniera a favor de ellos.

La nueva matriz comunicacional, que permitía el vivo y en directo, ahora ya optimizada por la grabación de videos directamente desde los celulares, sumados a la desestructuración social producto de la crisis de la Argentina inclusiva, se combinaban para generar uno de esos “efectos fusión” que siempre le interesaron a Gino Germani. Las nuevas tecnologías eran usadas por sectores marginados para sustentar sus prácticas. Y algunos dirigentes se dieron cuenta, y se pusieron a la cabeza de ellos, creando organizaciones como Barrios de Pie o el Movimiento Evita.

Lo sorprendente es que los sindicatos los han ido adoptando las prácticas piqueteras de demandarle al Estado antes que a las empresas, ante la evidencia que el Organismo Público es más permeables a sus reclamos que los empresarios, aparte de evitar un conflicto directo con los que les brindan trabajo a sus representados. Así por ejemplo, un conflicto interno en el Gremio que agrupa a los colectiveros, ha motivado en estos días que una minoría exigua de sus afiliados cortaran los accesos a la Ciudad de Buenos Aires, sin ser reprimidos por las fuerzas de seguridad, que más bien los protegen de la bronca de automovilistas y afines.

No por nada, los sindicatos ligados a los servicios, especialmente Comercio, fueron los que ampliaron o al menos mantuvieron su caudal de votos. Pero como signo de los tiempos, un gremio se iba a destacar por su capacidad de amenaza, a pesar de no ser el que más afiliados tiene. El de los Camioneros ligados a un duro como Hugo Moyano. El camionero es indisoluble de su camión. Si el para, no solo afecta a las empresas. Sino que un camión cruzado en la ruta vale como cientos de manifestantes (el dictador Onganía sufrió tempranamente del poder de ese gremio). Y así mismo, Moyano astutamente aprovecho la reducción del servicio ferroviario para volverse monopólico, y también, se hizo de la empresa de recolección de residuos. Un verdadero revolver en la sien de los intendentes, ya que su estabilidad no soporta una semana de olor hediondo en su ciudad. Por esto, Néstor Kirchner lo puso al frente del PJ bonaerense, luego de la derrota de la lista oficialista con las candidaturas testimoniales en el 2009, ya que él estaba convencido de que los intendentes lo habían traicionado y habían partido boleta con la del Colorado De Narváez.

Pero para no ser injustos solamente con las organizaciones populares, digamos que la Argentina entera tiene una matriz piquetera.

Razonemos a partir de una frase que nuestro tan recordado y extrañado Manuel Mora y Araujo me dijo en los primeros años de la década del 80, “la Argentina no tiene problemas típicos de los países subdesarrollados. Nosotros, anticipamos y amplificamos los problemas que tendrán los países desarrollados, si serlo”. La sociedad argentina le demandaba al Estado cosas que estaban fuera de su alcance, generando una “sobrecarga de demandas”, lo que redundaba en déficit fiscal, que solo podía ser aminorado con inflación o con deuda. Y cuando se acababan ambos recursos, entonces el ajuste lo producía naturalizado la crisis (cualquier parecido a la actualidad es pura coincidencia).

O sea, el Estado pierde capacidad de arbitrar en los conflictos redistributivos, tiene el “si fácil”, en vez de ser el que con su poder (y en última instancia su mentado monopolio del uso de la violencia legítima) arbitra entre los sectores en conflicto.

El Estado pasa a ser un hipermercado en donde uno se lleva lo que puede, antes de ser un árbitro, una arena donde se pulsa poder (como lo es la calle, aunque “más suave” y con más probabilidades de satisfacer las demandas que a él se dirigen). Claro, en algún momento hay que pagar la cuenta. Con tanto dinero dando vuelta, aumenta la demanda de dólares que se fugan y en general una restricción externa lo detona todo (claro que mientras tanto todos los grupos poderosos en pugna se llevaron algo y se cubrieron de la crisis, salvo el Popolo minuto que se creyó que estaba en el Primer Mundo y ahora tiene que pagar sus deudas).

En un punto, esto es lo mismo que decir que no hay crisis de representación en la Argentina.  Que lo que tenemos, más bien, es una crisis causada por una sobrerrepresentación: el Estado no puede decirle que no a nadie (menos a los poderosos) y termina perjudicando a los que no tienen la capacidad de proteger lo suyo frente a las crisis.

Todos así somos piqueteros: los que cortan calles en el desangelado conurbano, los que protestamos frente a los subsidios o los que son ñoquis del gobierno nacional, provincial o de alguna intendencia o todos ellos, y también los contratistas del Estado o los que sobreviven gracias a las tarifas a la importación de cosas que costarían muchísimo más baratas esos que se comunican directamente con los de arriba con el celular desde el Cigar Bar del Hotel Duhau.

Así, se establece una dinámica del manoteo, que sigue la lógica del famoso dilema del prisionero. Todos ponemos como excusa que estaríamos dispuestos a no manotear más, si todo el mundo deja de manotear. Un típico problema de cooperación colectiva. ¿Pero quién lo resuelve? La respuesta fácil es un líder. Alguien que rompa esa lógica individual con metas colectivas creíbles.

El problema, amigos, es que un líder es un hecho azaroso, que no se compra en el quiosco de la esquina. La otra respuesta es que la dirigencia política y social tenga una epifanía y se dé cuenta que la torta se ha reducido tanto que su comodidad, como dice Martín Lousteau, puede quedar amenazada. Pero esa dirigencia casi no existe ya que también está sujeta a la lógica del manoteo. Algunos hablan de que el tocar suelo producirá la epifanía que necesitamos. Pero los países no tienen piso en su decadencia.

Lo único que nos queda es generar una corriente de opinión que, dejando de lado la grieta, se ponga a trabajar en los problemas coyunturales y estratégicos que exhibe la Argentina, y a partir de su energía, interese y agrupe a los dirigentes argentinos.

De nuevo, cosa fácil de escribir, pero difícil de lograr en la realidad. Pero como en todo, la solución del problema empieza siempre con un Darse Cuenta.

Toda la política sanitaria pasa por vacunar

Toda la política de crecimiento pasa por vacunar

La educación pasa por vacunar.

La política electoral pasa por vacunar.

Pero la vacunación se da en cuenta gotas que por un lado permite al gobierno usar el gerundio, pero que no logra al no tener el instrumento moderno ir a la metodología arcaica, ya no medieval del encierro

Creo que pide superpoderes para que sea la oposición que le diga que no.

El presidente fue a un SPA.

O a dejarle claro a CFK que Europa no es lo que piensa ella. Fue a decirle a Europa que quiere.

Atendido el mostrador por su dueña.

Luis Tonelli

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…