Martes, 18 Mayo 2021 13:37

Sin propósitos de enmienda - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

 

El historiador polaco Leszec Kolakowski señala que la palabra “problema” implica por lo general que existe una técnica para resolverlo, y que, con mayor o menor dificultad, podemos llegar a encontrarla. En tal punto, agrega, el susodicho problema dejará de ser tal.

Una gran mayoría de los argentinos, nos destacamos por convertir los problemas EN CUESTIONES SIN RESOLVER PARA SIEMPRE, por nuestra resistencia a aceptar la realidad de las cosas como son, insistiendo desafiantes en evitarla directa o indirectamente.

Esto se ha acentuado en los últimos tiempos, debido a una educación social que ha ido “en descenso” y nos ha llevado a vivir consumiendo una suerte de leyendas urbanas sostenidas por una cultura adolescente, esperando siempre que algún milagro nos cure de nuestra supuesta mala suerte.

Como consecuencia, vivimos sumergidos en pequeñas reyertas domésticas, plagadas de ideas insustanciales, que solo contribuyen a resaltar acrobacias verbales sin sustancia.

Mientras esto sucede, nuestros negocios andan “como la mona” y pedimos constantemente a nuestros acreedores del mundo entero que nos ayuden a solucionarlos, prolongando sine die el pago de deudas contraídas por nuestra mala costumbre (¿o vicio?) de gastar más de lo que producimos.

Hallándonos pues frente a nuevos vencimientos contraídos con organismos multilaterales de crédito que vencen durante este año 2021 –Club de París y FMI-, el gobierno K ha comenzado

una ronda de negociaciones, que en sustancia resumen el pedido oficial de siempre: una refinanciación de los mismos en condiciones que no guardan ninguna relación con las leyes que regulan el mercado financiero internacional,

No obstante, lo atrevido de una propuesta formulada por un “defaulteador” consuetudinario, podemos asegurar que debido a la pandemia, nuestros acreedores no tendrán más remedio que salir en nuestro auxilio una vez más, para evitar que nos convirtamos en parias de un sistema de equilibrio frente a la crisis de un continente que nada en la incertidumbre, la pobreza y la rebelión.

Los organismos mencionados apoyarán pues a “los Fernández” tapándose las narices; como antes hicieron con Macri, para ser justos.

Lo harán POR NECESIDAD ESTRATÉGICA, a pesar de que observan que seguimos hablando, como siempre, en “un idioma que el resto del mundo no entiende”, como le dijo el ex Presidente uruguayo Jorge Batlle Ibáñez a Eduardo Duhalde en un coloquio privado hace algunos años.

Ahora bien, ¿después que la tormenta haya pasado y el fin de la crisis pandémica devuelva al mundo a una vida más parecida a la de antaño, ¿qué haremos con nuestra sociedad que se destaca por sus índices escandalosos de pobreza, su ignorancia casi olímpica de las instituciones, su haraganería y su inocultable espíritu fascista?

¿Dejaremos que los políticos que dicen representarnos retumben sus bombos exultantes, diciendo una vez más que “finalmente el mundo entendió nuestros reclamos como justos y verdaderos” (sic) soslayando la degradación en las que se vive en extensas zonas del territorio nacional, muy similar a la que ocurre en países considerados inviables y con quienes hoy compartimos el podio de mayor “involución” mundial?

¿O haremos un propósito de enmienda, enfocando la realidad con mayor protagonismo y sacando del camino a las corporaciones mafiosas que nos asfixian?

Por el momento, solo se ve una insistencia suicida en atribuir malicia o bondad a las cosas que nos lastiman o nos agradan visceralmente, sin relacionarlas racionalmente con nuestros errores conceptuales.

Mientras esto ocurre, quienes se regocijan con nuestra realidad son los integrantes de muchos países marxistas aún subsistentes –Rusia y China principalmente-, que encuentran en nuestra supuesta desgracia nuevos argumentos para denostar al capitalismo “neoliberal”, usando los síntomas de nuestra decadencia como un auténtico cobayo experimental.

Nos cobijamos así bajo su manto de supuesta benevolencia, sin advertir que su táctica consiste en aflojar ciertas presiones sobre nuestra sociedad, para “entrar” más fácilmente a la “llave” de un sometimiento final por sorpresa, como ocurre en el yudo.

En el camino hacia nuestra supuesta “liberación”, solemos olvidar que “muchos axiomas falsos, definiciones inexactas, suposiciones gratuitas y preocupaciones en favor de una doctrina que se abraza ciegamente, suelen ser abundantes manantiales de percepciones equivocadas, Y DE JUICIOS FINALMENTE ERRADOS” (Jaime Balmes).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…