Jueves, 20 Mayo 2021 13:53

Gobierno de curanderos - Por Luis Tonelli

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La sociedad es posible gracias a que todos cumplimos infinitas rutinas diarias que no las problematizamos, y si lo hacemos, en términos casi oníricos. Es lo que consideramos normal hacer.

La irrupción de la pandemia, obviamente, rompió esa normalidad, generando incertidumbres de todo tipo. Entre ellas, el “miedo gótico” por excelencia: el de morir o que mueran nuestros seres queridos. Precisamente, toda la arquitectura teórica del oximorónico realismo geométrico de Thomas Hobbes para sustentar su idea de Estado/Leviathan parte de ese miedo en una situación de anarquía. En ella, el “estado de naturaleza” donde el “hombre es lobo del hombre” la vida es “solitary, poor, nasty, brutish, and short”, hasta que el pacto por el cual todas las personas ceden sus armas a un artefacto “el Estado” termina con la violencia congénita. Gracias a ese monopolio de la violencia que detenta el Estado, pueden ser posibles los “otros mercados”, desarrollarse así la sociedad civil.

La existencia de ese miedo gótico por la pandemia es una espada de dos filos: por un lado, brinda la posibilidad de que los gobiernos en nombre de la emergencia se excedan y sean arbitrarios. Pero, por otro lado, si el Estado no brinda seguridad, no genera certidumbres, su propia razón de ser queda en disputa.

De allí que los gobiernos se abocaron a restaurar esa normalidad lo antes posible, aun generando efectos adversos, cometiendo errores, o simplemente no teniendo las capacidades para hacerlo. Por eso, nos resulta tan difícil explicar lo que el Gobierno de Alberto Fernández tiene como objetivo al no solamente sufrir las incertidumbres que genera el contagio y las enfermedades asociadas al COVID 19, sino transformarse el mismo Gobierno en una fuente inagotable de incertidumbres y temores.

Hasta podemos hacer un paralelo entre los problemas más acuciantes de hoy día: la inflación y la pandemia. Para enfrentarlas el gobierno ha ejecutado un concierto disonante de medidas contradictorias.

Casi podríamos decir que más que un gobierno de científicos, como lo autodenominó el Presidente, pareciera un gobierno de curanderos. Para enfrentar tanto la inflación como la pandemia, utilizamos recetas arcaicas al no querer, no saber o no poder instrumentar las herramientas modernas. Dirigismo controlador para combatir la inflación. Restricciones y controles para combatir la pandemia.

Hay algo de quijotesco en todo eso: si fuera por el Gobierno, y especialmente a muchos de los integrantes de La Cámpora, el ejemplo a imitar es China. Un control absoluto de las personas, para combatir la pandemia y regular la economía como se hace también con los opositores. Claro que aquí tenemos, dos problemitas para ello: gracias al cielo, no tenemos a las personas dispuestas a aceptarlo, valorando gran parte de ellas, a la libertad. Por el otro lado, no tenemos ni por asomo un Estado con la capacidad de controlar ni a una sociedad controlable, dado su enorme nivel de informalidad.

No hay nada de lo que esté sucediendo que no haya sido previsto que sucediera desde hace muchos meses. Tanto en lo referido con la pandemia como con la inflación. Con la pandemia, gracias al adelantamiento que tiene el hemisferio norte viviendo su invierno, sabíamos que venía la segunda ola, y el gobierno mismo se ufanaba y difundía que iba a tener el instrumento moderno para enfrentarla: la vacuna. También sabíamos que más pronto que tarde, todos esos papelitos de colores iban a presionar sobre los precios, vía demanda o vía aumento del dólar, cuando se emitía alegremente con una economía formal urbana cerrada sin ensayar otras medidas que un pretendido cierre total.

La inflación no para de subir y cuánto más anclas y controles le ponen para que frene, hay menos oferta y más incertidumbre. Por el lado de la pandemia, vamos a nuevas restricciones que solo serán cumplidas por los que cumplen, ya que todavía sin ninguna explicación coherente por parte del gobierno, el operativo vacunas falló con cumplir con lo dicho desde el Gobierno y por mucho.

Y no sabemos si el gobierno es ineficiente por ideología, por internas feroces, por simple imbecilidad o por una cuota abundante de cada una de estas posibilidades. Pero dejo un solo indicador, no tenemos a disposición ninguna vacuna estadounidense: cada facción se jugó con un laboratorio amigo, y finalmente estamos con 5 millones de personas en riesgo que ni siquiera recibieron una dosis. Y quedan otros 13 millones supuestamente sin riesgo grave que ni siquiera han (hemos) entrado en el coronograma.

El gobierno en los dos campos el gobierno se muestra confundido, y por otro lado, todo la atención que se llevan estas dos cuestiones y la justificación de la emergencia pareciera ser utilizada para ingresar por la ventana proyectos autoritarios. Como el que cambia las reglas de juego a su favor para nombrar a un funcionario clave para el funcionamiento de la Justicia como el Procurador General. Son los mismos que están inculpados los que impulsan nombrar un fiscal afín. Disimular, para el kirchnerismo, es debilidad. Explicar es debilidad. Y pareciera que para ellos se honra al poder abusando de él.

Nada, en fin, que le sea ajeno, con su norte autoritario siempre presente y potenciado por la pandemia. Restricciones para todos, todas, todes y toditos.

 Luis Tonelli

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