Jueves, 22 Julio 2021 13:33

“¡Un médico allí!”. Las nuevas estrellas de la política - Por Laura Di Marco

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“Por favor, un médico allí”, decía Raúl Alfonsín en los actos por la campaña presidencial de 1983, contrastando esa empatía con el cajón funerario de Herminio Iglesias. Nadie podía imaginar entonces que aquella misma frase, pronunciada treinta y ocho años más tarde en otra campaña política muy diferente, trastocaría por completo su sentido, pero mantendría la misma urgencia. La urgencia que imprimió la pandemia sobre la política.

 

El neurólogo Facundo Manes hizo punta quitándose el traje de médico para ponerse el de candidato. ¿Podrá trasladar la alta imagen positiva que cosechó como médico a su nueva vida de político? La respuesta que ofrecen consultores como Mariel Fornoni, de Management & Fit, es poco esperanzadora: “Cuando se meten en política todos bajan porque lo que está desprestigiada es la clase política”. Eso lo sabe bien la verdadera joya al lado de Larreta: el ministro Fernán Quirós quien, en algunas encuestas porteñas, figura por encima, incluso, de su propio jefe político.

 

¿Le interesa la política a Quirós, el médico más medido por propios y ajenos? Sí y mucho, aunque no será candidato en este turno. Ser candidato en la grieta arruinaría, en su caso, su principal activo: hablarle a la totalidad o mostrase comprensivo con personajes polémicos del kirchnerismo, como sucedió esta semana con Ginés González García. Su corazón político, que es pura potencialidad, deberá esperar.

El equivalente de Quirós en el frentetodismo es el ministro Daniel Gollán, talibán K y potencial acompañante de Victoria Tolosa Paz allí donde verdaderamente se juega esta elección: en el territorio bonaerense. Pegado a Gollán, en las últimas horas, también se venía jugando el nombre de su viceministro: el cristinista doctor Kreplak. Para el Gobierno –y también para JxC– es mucho más amigable discutir la pandemia que la economía.

Pero en medio del desopilante debate por los penes de madera, la danza de médicos-candidatos o mencionados para integrar listas incluye a muchos más: Aldolfo Rubinstein amaga en la ciudad con un armado espejo del de Manes. El doctor Kambourian –a quien en JxC apodan, en broma, “el doctor Muerte”, por sus pronósticos sombríos– se alistó en la tropa de Santilli. Otro que orbita en el armado electoral del vicejefe porteño es el pilarense Sebastián Neuspiller, médico obstetra y presidente de la obra social de la Policía de la Ciudad. El mediático Carlos Regazzoni, ex titular del Pami, es referente del Pro en Almirante Brown y, aunque hasta ahora no tuvo una oferta concreta, su nombre sobrevuela en las mesas de negociación de los cambiemitas.

Un año y medio de convivencia con una epidemia mundial transformó el debate sanitario en un insumo clave de la maquinaria mediática y, junto con ella, disparó la popularidad de los médicos en una campaña que rotará sobre dos ejes: la gestión y la economía.

Como develaba a fines del año pasado el lúcido André Comte-Sponville, en una entrevista con La Nación: “La medicina tiende a reemplazar a la religión. Esto es lo que ilustró una caricatura de Sempé, hace unos años: una mujer rezando frente al altar en una iglesia vacía. Ella está hablando con Dios. ¿Y qué le dice ella? ‘¡Dios mío, Dios mío, ¡confío tanto en ti que a veces me gustaría llamarte Doctor!”. Dios ha muerto, ¡viva la salud!”.

Sponville, uno de los filósofos más respetados de Francia, alertaba así, tempranamente, sobre un sistema de creencias que se reforzó con la pandemia y penetró fuerte en la política: el panmedicalismo ¿Qué es? Una ideología que tiende a delegarlo todo en los médicos, no solo el manejo de nuestras enfermedades, que sería lo lógico, sino también –y esto es lo amenazante– la gestión de nuestras vidas.

En tiempos de “corrección sanitaria” –una disfuncionalidad prima hermana de la “corrección política” y que oficia como un bozal impidiéndonos decir aquello que creemos verdadero–, los médicos también han devenido una suerte de “nuevos padres”: voces tranquilizadoras –o no–, pero que, en definitiva, pueden resultar una guía útil y contenedora para una sociedad infantilizada por el miedo activado por el Covid.

Popularidad, paternalismo, candidatos outsiders: una fórmula ideal, que los convierte en las apetecibles nuevas estrellas de la política, como antes lo eran los artistas o los deportistas famosos. Como dice Santilli, mitad en broma, mitad en serio: “Médico que veo, médico que meto adentro”.

Laura Di Marco

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