Miércoles, 04 Agosto 2021 12:17

La irrupción política de algunos individuos mesiánicos - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

 

En épocas de crisis suelen surgir algunas personas que, amparadas en discursos alambicados, irrumpen en el escenario social alardeando de poseer una supuesta “ficha limpia”, que las convertiría automáticamente en una suerte de candidatos políticos “iluminados”.

 

Se presentan así a elecciones con este argumento, anunciando su decisión de liquidar las trenzas políticas tradicionales, apelando a un proclamado “diseño inteligente” que se sostiene sobre frases basadas en muy discutibles explicaciones sobre procesos naturales y acontecimientos históricos, centralizando la atención de sus oyentes respecto de conceptos de imposible refutación, por constituirse en auténticas obviedades.

 

En efecto, ¿quién no quiere igualdad social, socorro al necesitado, comportamientos públicos éticos y morales, respeto por los derechos humanos, productividad acorde a las necesidades de los consumidores y la defensa de una justicia eficiente para todos?

El dilema consiste en cómo arribar a estos fines en el marco de una democracia republicana.

Su convencimiento y una llamativa seguridad en sí mismos - mucho más que los contenidos concretos que intentan transmitir como manifiestos épicos-, los “pinta” generalmente como charlatanes.

Al respecto, el filósofo estadounidense Harry G. Frankfurt señala que la charlatanería es inevitable cuando las circunstancias mueven a alguien a que hable sin saber de qué está hablando, mientras enturbia engañosamente la verdad como hace el embustero; pero también sin oponerse a ella. Es más: SIN PRESTARLE NINGUNA ATENCIÓN EN ABSOLUTO. Por lo cual, sostiene el filósofo, su charlatanería termina siendo finalmente peor enemiga de la verdad que la mentira.

Establecen así visiones parciales y subjetivas de dicha verdad, dictadas fundamentalmente por sus intereses personales.

Son personas que se jactan de ser políticamente correctas, pretendiendo edificar descripciones supuestamente “originales” pero que responden en realidad al más puro subjetivismo, mientras sostienen, simultáneamente, que no hay ninguna diferencia entre hechos e interpretaciones, lo que equivale a establecer de hecho la imposición de un determinado punto de vista: el suyo.

Para ellos, sigue diciendo Frankfurt, la veracidad está reemplazada por la “autenticidad”, tratando de desnudar su alma mediante un lenguaje emocional muy rebuscado sostenido por la hipertrofia de una personalidad mesiánica, “que mira por encima del hombro, con desdén, el discurso trabajoso y plano de quienes tratan de dar cuenta de aquello de lo que se dan cuenta” (sic).

La política es una ciencia que exige un cierto grado de profesionalismo. Y de ninguna manera puede ser juzgada como una “aventura” por quienes maldicen a los que la ejercen, llenando los oídos de la gente con reflexiones que provienen a menudo de ciertas perplejidades que los tienen confundidos a ellos mismos.

Porque hay que tener siempre mucho cuidado con determinados supuestos de “verdad” que ponen en marcha un proceso de deterioro crítico, QUE DEBILITA LA CONVICCIÓN DE QUE HAYA ALGUNA VERDAD SEGURA EXPRESABLE EN SU TOTALIDAD, PROVOCANDO COMO CONSECUENCIA UN ENORME DESALIENTO EN LOS DEMÁS.

Que se ponga pues el sayo aquel a quien le quepa.

Lo único que deberíamos tener presente, es que el mesianismo suele ser el primer paso –a veces tembloroso y disfrazado-, hacia el totalitarismo y el pensamiento único.

Aunque algunos supuestos demócratas se escandalicen, la historia es clara al respecto y sobran los ejemplos de muchas “transiciones”, que terminan enterrando a las sociedades libres bajo el yugo de temibles dictaduras -denominadas “blandas” durante un tiempo-, para dar paso luego a la persecución de todos aquellos que no acepten sumarse al discurso oficial.

A buen entendedor, pocas palabras

Carlos Berro Madero

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…