Lunes, 09 Agosto 2021 12:22

La peña de Olivos: formateados para consumir discordia - Por Pablo Sirvén

 

Hubo doce mil visitas a la residencia presidencial en el período de mayores restricciones. Dónde ponemos el foco y para qué

 

El cielo plomizo y el clima desapacible prenunciaban el inminente invierno más triste de los argentinos. El domingo 7 de junio de 2020, cuando las restricciones por la pandemia regían implacables en todo el país, el auto conducido por Luis Brandoni ingresó en la quinta presidencial de Olivos por el portón de la Avenida del Libertador.

 

A las 13.30, la mesa estaba servida para cuatro con la debida distancia: de un lado, el Presidente y la primera dama; del otro, el actor más militante de la oposición, que hoy integra una de las listas de Juntos por el Cambio que competirán en las PASO. Fernández había sorprendido a Luis Brandoni cuando lo llamó a su celular personal para invitarlo unos días antes. Acompañaba al actor su productor teatral y amigo Carlos Rottemberg.

En un clima distendido, y esquivando hablar de política para no chocar, el Presidente recordó pasajes memorables de películas protagonizadas por el gran Beto. Después, todo giró sobre el parate total de los trabajadores del espectáculo por la pandemia y también se habló de la polémica ley del actor. No mucho más.

El episodio referido, que trascendió en estos días, pasó sin pena ni gloria en el contexto de la enorme repercusión, aún en curso, que produjo el escándalo de llamativas visitas a la residencia presidencial, algunas de ellas en horarios aún más llamativos, que, según registró el sitio Chequeado, ascendieron a más de doce mil ingresos, entre el 19 de marzo de 2020 (fecha en que se dispuso el aislamiento obligatorio) y el 30 de agosto (cuando se empezaron a autorizar las reuniones sociales al aire libre).

Sin embargo, Chequeado no pudo constatar el ingreso de Brandoni a la quinta de Olivos, tal vez porque los registros examinados hasta ahora hayan sido únicamente los de la calle Villate, por donde entra el grueso de las visitas. Doce mil ingresos suenan a una enormidad, pero hay que entender que la residencia de Olivos es otra sede oficial de gobierno y que allí se producen infinidad de reuniones con distintos miembros del gabinete y representantes de sectores que concurren, sin necesidad de que esté presente el primer mandatario en cada una de ellas.

El encuentro entre Fernández y Brandoni sirve para sacar algunas conclusiones. ¿Era una noticia destacable? Lo era: que un presidente que gobierna en nombre del justicialismo pueda departir amablemente durante un rato largo con alguien que se encuentra en la vereda de enfrente de sus ideas sin enojos y que ambos se concentren en procura de encontrar soluciones prácticas a problemas pendientes es algo auspicioso que hasta puede generar un bienvenido efecto imitativo en otras personas. Única manera, por otra parte, de empezar a resolver en serio cómo salir del pozo en que estamos metidos.

Sin embargo, los protagonistas de aquella “cumbre” informal prefirieron entonces guardar silencio absoluto (¿vergüenza de que trascendiera que personas que piensan distinto pueden hablarse civilizadamente?, ¿miedo de desilusionar a los fanáticos de la propia tropa?). Tampoco el periodismo, ahora que se enteró, se interesó en potenciarlo. El espectáculo áspero a favor y en contra de la visita de Florencia Peña a Olivos copó la parada y se convirtió en tema excluyente. Nos encanta sufrir, insultarnos, no llegar a nada.

Los argentinos nos hemos formateado ya hace tiempo solo para consumir hechos escandalosos o generadores de discordia, en una suerte de vodevil sobreactuado en el que las partes en pugna se presentan como faros morales sin jamás asumir sus flagrantes contradicciones que todos vemos, con el único objetivo de cancelar y abochornar al bando contrario. Aquello que no chisporrotea ni enfrenta a unos contra otros lo dejamos de lado. No nos produce interés.

Pero hay un agravante: el show de procacidades, demandas judiciales cruzadas y cinismos de distintas cepas a uno y otro lado de la grieta a propósito del llamado “Olivosgate”, en un país en el que la mayoría de sus habitantes tuviesen sus necesidades básicas resueltas, sería apenas un entretenimiento tosco y periférico, tal vez solo para cabezas inestables.

Que esto haya sucedido en paralelo a que el Indec diera a conocer que hay en el país 2,5 millones más de nuevos pobres y que esa franja social se expandió en marzo último al 39,5% de la población (casi 5 puntos más que un año atrás) confirma que las dirigencias de este país, tanto del oficialismo como de la oposición, no están seriamente enfocadas en los problemas más graves de la Argentina. Meros generadores de ruido, consolidan un statu quo cada vez más ruinoso para la población. Ya no son siquiera los violinistas del Titanic tocando bellas melodías. Hemos decidido hundirnos mientras suenan partituras horrorosas.

Pablo Sirvén

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