Miércoles, 11 Agosto 2021 12:13

El mayor peligro que afrontamos no es el kirchnerismo - Por Carlos Berro Madero

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Muchos argentinos creemos saberlo todo y no solemos distinguir la diferencia que existe entre la verdad y la veracidad.

 

Según señala Jaime Balmes, la verdad es la conformidad del juicio con la realidad, mientras que la veracidad es la conformidad con una visión subjetiva de dicha realidad. 

Algunos de los análisis políticos sobre la misma, terminan convirtiéndose así en una suerte de “fe de vida” -por decirlo de algún modo-, ya que hacen hincapié en lo que no son más que opiniones parciales al respecto.

Siguiendo este camino, hemos elegido durante décadas distintos “chivos expiatorios” para justificar nuestras frustraciones, sumando conclusiones erróneas sobre por qué nos pasa lo que nos pasa, perdiéndonos en los meandros de juicios de valor totalmente subjetivos: me conviene, lo detesto, me conmueve, etc.

En estos últimos años, señalamos al kirchnerismo como principal culpable de nuestros males, olvidando que solo se trata de un “aggiornamiento” del peronismo, un movimiento de masas que siempre ha confundido verdad y veracidad, constituyéndose en el corolario perverso de nuestros “espantos desordenados del pensamiento”, como diría Savater.

Así nos preparamos en estos días para afrontar el veredicto que arrojarán las urnas en las próximas elecciones, asistiendo al tradicional forcejeo de candidatos que se presentan para ser

votados, que aseguran lograrán sacarnos del estancamiento en el que vivimos desde hace décadas, utilizando los mismos métodos fracasados de siempre.

Haciéndose eco de un exacerbado espíritu nacionalista, reclaman urbi et orbe -en nuestro nombre-, una reparación por el supuesto daño que nos han causado algunos angurrientos que suponemos están agazapados para expoliarnos, sin reconocer ni por un instante nuestra propia responsabilidad individual respecto de la construcción de una “zona de catástrofe” que se llama República Argentina.

De tal modo, vivimos inmersos en una suerte de “colchón folklórico” (Savater), ahogados por las decisiones de una mayoría adocenada que sigue votando al peronismo bajo cualquiera de sus rótulos políticos, reproduciendo un revival del síndrome de Estocolmo.

A quienes no terminan de entender lo que nos pasa, o buscan explicaciones por caminos equivocados, les transcribimos nuevamente una severa advertencia de Ortega que merecería particular atención: “A veces la opinión pública no existe. Porque una sociedad dividida en grupos discrepantes cuya fuerza de opinión queda recíprocamente anulada, no da lugar a que se constituya un mando. Y como a la Naturaleza le horripila el vacío, ese hueco que deja la fuerza ausente de opinión pública se llena con la fuerza bruta”.

Ese es el escenario que vivimos hoy, con gente que sale a la calle masivamente y con cualquier pretexto, para quejarse del gobierno que siguen votando una y otra vez, constituido por los mismos mentirosos de siempre, que compiten entre ellos mediante trifulcas y acusaciones cruzadas sobre “quién la tiene más larga” (perdón por el vulgarismo).

Nuestro pasado inclemente, impacta así sobre nosotros, dejándonos atrapados en lo que Alvin Toffler denominaba “el rebote del tiempo”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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