Viernes, 13 Agosto 2021 08:53

Los puentes entre Washington y el conurbano - Por Jorge Raventos

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En una semana en que el gobierno de Alberto Fernández ofreció muestras de autonomía al procurarse un acercamiento más estrecho con el de los Estados Unidos, la designación de Jorge Taiana como nuevo ministro de Defensa quiso ser interpretada, desde usinas opositoras, como un paso atrás en esa actitud y un nuevo gesto de diciplinamiento ante Cristina de Kirchner.

 

La visita de Jake Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, constituyó el nivel más alto de interlocución de la Casa Rosada con la administración de Joe Biden hasta el día de hoy. En rigor, se trabaja para escalar ese punto y concretar (en lo posible antes de noviembre) un encuentro entre los dos presidentes. 

De cualquier modo, ya la conexión con Sullivan implica una instancia de mucha influencia: el funcionario ocupa un cargo estratégico que abarca competencias de seguridad nacional y relaciones internacionales, es hombre de confianza de Biden, tiene experiencia en funciones de poder y no procede de la burocracia estatal, sino del sistema de cuadros políticos más experimentados del Partido Demócrata.

La interlocución preparatoria con Sullivan, que condujo a su extenso encuentro con Alberto, estuvo a cargo de dos jugadores de jerarquía del equipo presidencial, el embajador en Washington, Jorge Argüello, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz. Todo indica que el alto funcionario estadounidense llegó con la impresión clara de que se puede abrir una rica etapa de colaboración entre los dos países.

Washington está interesado en recuperar iniciativa y neutralizar los avances de China en la región. Esto implica revisar la línea áspera que impuso en su momento Donald Trump y buscar en la caja de herramientas una estrategia más suave.

Si Trump, por ejemplo, impulsaba iniciativas fuertemente confrontativas y potencialmente intervencionistas en el caso Venezuela (que se mostraron infructuosas y se desgastaron sosteniendo la figura del opositor Juan Gualdó como presidente virtual), ahora Washington parece inclinarse por alentar una salida negociada de la tiranía de Maduro. Hoy se inician en México negociaciones entre el régimen venezolano y la oposición, en las que participa Henrique Capriles, uno de los líderes más respetados. Entre otros objetivos, se busca alcanzar acuerdos que permitan dotar de la máxima transparencia a las elecciones regionales que ocurrirán el 21 de noviembre, un primer paso en la búsqueda de una solución democrática a la crisis política, económica y humanitaria.

Washington considera que Argentina puede jugar un importante papel mediador en ese proceso y auspicia la participación del país en esa mesa.

La estrategia moderada de la Casa Rosada y la Cancillería (acompañar los reclamos de la ONU por violaciones a los derechos humanos, pero no sumarse a los más aventurados del Grupo de Lima, impregnados en la línea que impulsaba Trump) ha encontrado oídos receptivos en la Casa Blanca.

La visita de Sullivan confirmó esa tendencia. Estados Unidos no sólo aportará más vacunas para que Argentina combata la pandemia, sino que ofreció apoyo tecnológico para que el país las produzca; también hubo propuestas de ayuda para fortalecer la custodia del litoral marítimo y para conversar sobre material de defensa. Lo que más le interesaba a Fernández: Washington apoyará en el FMI un acuerdo razonable para Argentina.

Cuando una de las partes acude con los brazos abiertos sería necio responder con los puños apretados. Aunque a veces la sobreabundancia de palabras en que incurren tanto el gobierno como los diversos actores del oficialismo induce a errores o a falsas expectativas a propios y extraños. Para no equivocarse hay que recordar el consejo que Kirchner dio a los empresarios españoles en su primera gira por la madre patria: "No se fijen en lo que digo, sino en lo que hago''. La realidad impone su lógica a las ideologías.

Con esa óptica hay que observar también otras muestras de pragmatismo, como la reflexión de la propia señora de Kirchner (rectificando una resolución de su bloque de senadores) sobre la conveniencia de usar los fondos que aportará en derechos de giro el FMI, para pagar deuda con el propio Fondo.

 

VERTICES DE LA POLITICA EXTERNA

En ese contexto, interpretar la designación de Jorge Taiana como "una concesión a Cristina'' o como un hecho que alarma a las fuerzas armadas suena a puerilidad. Agustín Rossi, el ministro de Defensa anterior, era, si se quiere, más cristinista que Taiana (que estuvo largamente alejado de la vicepresidenta); Rossi, pese a que hoy la desobedece y sufre su desdén, sigue enarbolando su compromiso con ella. Este Rossi, dejó la cartera respetado por los militares y en su último acto público, el 29 de julio, como describió un cronista, "en un hecho altamente inusual para el mundo castrense, el cierre del discurso del Ministro fue coronado con un cerrado aplauso de pie por parte de los altos mandos presentes''.

La foja militante de Taiana no parece, por otra parte, una anteojera que lo haya enclaustrado en visiones anacrónicas. En una reciente nota sobre el centenario del Partido Comunista Chino se mostró muy comprensivo con el introductor de las reformas de mercado que transformaron la República Popular: "Deng Xiaoping, que dotó a la economía de un enorme dinamismo. Fue este modelo el que le permitió a sacar a 800 millones de personas de la pobreza en apenas 40 años. Sin duda un logro sin parangón que contribuyó de manera muy importante a la reducción de pobreza global''.

El nombramiento en Defensa de un ex canciller como Taiana subraya en todo caso un asunto más profundo: la ineludible imbricación de las cuestiones de defensa en las estrategias de política exterior (y viceversa), como lo muestra, si es preciso ejemplificar, la función que cumple el visitante Sullivan en la administración estadounidense.

POBREZA Y POBRISMO 

La evocación de San Cayetano, patrono del trabajo, empujó el último sábado a las calles a decenas de miles de personas que sufren la carencia de un empleo formal o, lisa y llanamente, de una ocupación remunerada de cualquier tipo. Según la Encuesta Permanente de Hogares, hay casi un millón y medio de personas estadísticamente desocupadas, sobre una población económicamente activa (que tiene o busca empleo) de 12,9 millones. Entre los que no se contabilizan como desocupados,hay más de 6 millones de personas que trabajan en la informalidad. Los movimientos sociales, que lideraron las manifestaciones, son el canal de expresión de esa amplia masa que ha crecido con la pandemia y que reside principalmente en el conurbano bonaerense. El ministerio de Trabajo acaba de conceder personería gremial a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), que agrupa más de dos millones de miembros, empleados en cooperativas y redes en condiciones semiprecarias y sin relación de dependencia. La CTEP seguramente se integrará en la CGT en los próximos meses, cuando la central obrera consume la renovación de su vértice; entretanto -y desde principios de este siglo- los movimientos sociales se han convertido en un actor reconocido e influyente del paisaje político

En su última columna en Clarín, la periodista Silvia Naishtat recordaba una advertencia formulada cinco años atrás en Mar del Plata por Paolo Rocca, el número uno del holding Techint. Fue en el coloquio de IDEA de 2017 cuando señaló: "Si no resolvemos el Conurbano con una pobreza del 40%, va a ser muy difícil la gobernabilidad y tendremos hacia delante una alternancia con un populismo disruptivo''.

LA POSTERGACION 

En aquel momento gobernaba Mauricio Macri. Hoy, con Alberto Fernández en la Casa Rosada y pandemia mediante, el conurbano no ha cambiado, salvo en que alberga muchos más pobres. Su problemática sigue siendo el nudo gordiano de la gobernabilidad y las posibilidades de convivencia en el país. Pero, aunque la cuestión es destacada por los empresarios más fuertes y más lúcidos, por movimientos sociales y trabajadores y también por la Iglesia, no hay a la vista ni propuestas políticas ni acuerdos enfocados en desatar ese nudo.

La fijación de la llamada grieta es un obstáculo que se agrega para alcanzar ese objetivo. Parece difícil que el proceso electoral de renovación parlamentaria que ya está en marcha pueda determinar un desempate en la pulseada que libran las dos grandes coaliciones políticas.

Más allá de la contabilidad de los sufragios, que decretará que una de ellas consiguió más votos que la otra, todo permite aventurar que, así sea con leves variantes, la actual relación de fuerzas en el Congreso se mantendrá: el Frente de Todos conservará su ventaja amplia en el Senado y su condición de primera minoría -sin quórum propio- en la Cámara baja.

Lo que sí habrá cambiado en noviembre, cuando las urnas hayan cumplido su misión, es el nivel de apremio que impone la crisis de fondo del país, apenas anestesiada o diferida con procedimientos que ya tocan el límite.

Un persistente derrame social va colmando los rangos de la población menesterosa, empujando hacia abajo a las clases medias y convirtiendo en indigentes a los pobres. El parche del subsidio - un recurso desgastado- se financia con una inflación que agrava el mal y genera más víctimas y que crece pese a congelamientos de tarifas y controles de precios que fatalmente deberán abandonarse o serán abolidos por la realidad.

La vinculación activa con el mundo, la producción exportadora, la resolución del acuerdo con el FMI, el reingreso a las posibilidades de financiamiento genuino constituye aspectos del giro que el país debe encarar. Allí se perciben los puentes entre la cuestión del conurbano y el vínculo con Washington.

Lo que ha comenzado a descongelarse es el juicio sobre los subsidios. Voces fuertes señalan que no se puede convertir en permanente un instrumento transitorio por naturaleza. El presidente de la Asamblea Episcopal, monseñor Oscar Ojea, en su mensaje por la conmemoración de San Cayetano recordó la posición del Papa Francisco, en el sentido de que "la práctica de ayudar a la gente con dinero tiene que ser siempre una situación provisoria” y que hay que apuntar "a la creación de empleo genuino''. Hasta voces de La Cámpora coinciden con esta idea.

Desde el gremio de trabajadores de la economía popular y desde los movimientos sociales se insiste en la misma tesitura: "Si no cambiamos la ecuación vamos a tener una sociedad de planes y lo que queremos es discutir el trabajo''. Estos señalamientos nada tienen que ver con el pobrismo que suele adjudicárseles a estas organizaciones.

Por el momento, sin embargo, la política parece optar por el paliativo, que calma parcialmente el corto plazo y agrava las condiciones de fondo.

Jorge Raventos

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