Jueves, 26 Agosto 2021 11:43

Las preocupaciones electorales del kirchnerismo - Por Vicente Massot

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Más allá del discurso de campaña y de los vaticinios respecto de un triunfo seguro en las próximas elecciones, que sus principales voceros proclaman a los cuatro vientos, el kirchnerismo arrastra preocupaciones que no puede -por razones obvias- hacer públicas.

 

De puertas para afuera, se lleva el mundo por delante y no se baja de la soberbia que lo ha caracterizado desde sus orígenes. De creérsele a las declaraciones de las primeras espadas que rodean a la vicepresidente -Axel Kicillof, su hijo Máximo, el Cuervo Larroque, Wado de Pedro y Oscar Parrilli, entre otros- no existe la más mínima posibilidad de que Juntos por el Cambio se transforme para ellos en un dolor de cabeza dentro de dos semanas. La victoria es cosa segura. De puertas para adentro, en cambio, la historia es distinta. Cuando, en petit comité, deben sincerarse, el panorama que pintan no es el que desearían. 

Por de pronto, no pueden sacarse de encima ni tampoco hacer callar a un presidente -devaluado como ninguno de sus pares en nuestra historia reciente- que abre la boca a diario y obra -de manera indefectible- el efecto de espantar o disgustar a la gente. No hay una sola encuesta que no registre la caída estrepitosa de su imagen positiva. Nadie en el circulo íntimo de la Señora se anima a decir algo que, en el confesionario, hasta la jefa indiscutida del frente que los agrupa, reconocería: que Alberto Fernández es un inservible. Si se tratase de un tinterillo con ínfulas, el tema carecería de trascendencia. Pero es el primer magistrado y -en el medio de una campaña como la presente- resulta indispensable cuidar las formas y hacer, de la necesidad, virtud. Una tarea casi imposible de cumplir.

La segunda de las contras con la que deben lidiar se relaciona con los contenidos de la campaña. Insultarlo a Mauricio Macri, echar la culpa del desastre económico a la pandemia, enojarse con el Fondo Monetario, o hacerse los distraídos frente a los más de cien mil muertos, son tópicos que pagan mal. Quizá en algún momento le hayan sido de utilidad al oficialismo. No obstante, lo cual, hoy resultan contraproducentes porque el kirchnerismo choca con la realidad y no puede disimular la contundencia de los índices que miden la miseria, la indigencia, la inflación, la inseguridad y las muertes por efecto del COVID. Esto hace que se vea en figurillas a la hora de encontrar un eje sugestivo, convocante y abarcador, en derredor del cual conseguir que gire la campaña. Basta repasar lo que dicen Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro, por ejemplo, para caer en la cuenta de lo desteñidas que resultan sus palabras. El problema es que no tiene mucho que mostrar.

El tercer obstáculo que se le presenta al gobierno viene dado por los números que arrojan los relevamientos de opinión publica que -muchas veces- no llegan al gran público. Preocupados por las pifias de hace dos años y lo esquiva que se muestra una parte de la ciudadanía al momento de trasparentar sus preferencias políticas, hay encuestadores que sólo le muestran el resultado de su trabajo de campo a quienes los contratan. Por lo tanto, no es faltar a la verdad decir que los estados mayores de los partidos que competirán en las internas abiertas del domingo 13 de este mes, tienen datos que se reservan y apenas conocen unos pocos. Lo que no quita que algunos terminen filtrándose y vayan a parar a las redacciones de los medios.

Así como la preocupación excluyente de Juntos por el Cambio se vincula con la cantidad de fiscales requeridos para que el día de la elección no haya sorpresas desagradables, con la eventual merma de votantes y el eventual crecimiento de Randazzo, Espert y Milei, al kirchnerismo las dos primeras cuestiones les tienen sin cuidado. Fiscales le sobran y, en punto a quienes no concurran al cuarto oscuro, sabe de memoria que su núcleo duro no faltará a la cita. A menos de veinte días para que se substancien las PASO, lo que le quita el sueño al oficialismo -en términos estrictamente electorales- es, por un lado, la puja por la renovación de 24 bancas en la cámara alta del Congreso Nacional -que estaba perdida de antemano pero que ahora puede terminar en una catástrofe- y la situación en el principal distrito electoral del país.

Como es de sobra conocido, en pocos días más se renovarán senadores en ocho provincias: Catamarca, Tucumán, La Pampa, Mendoza, Santa Fe, Córdoba, Chubut y Corrientes. En las cuatro primeras difícilmente vayan a producirse cambios. Inversamente, en las segundas cuatro el kirchnerismo perderá casi con seguridad una banca por provincia, y hasta dos si hiciese una mala elección en Santa Fe. Si se considera que en la actualidad el bloque del Frente de Todos en la cámara alta cuenta con 41 representantes, perder cuatro significaría que a partir de diciembre bajaría a 37; y, si acaso fuesen cinco las bajas, ya no contaría con quórum propio.

En cuanto a la provincia de Buenos Aires, hay que prestarles atención a dos datos que, por supuesto, no le han pasado desapercibidos ni a los funcionarios que se desempeñan en la Casa Rosada ni a los habitués del Instituto Patria. Lo que primero que les ha llamado la atención son las diferencias que presentan las encuestas hechas en las últimas semanas respecto de la intención del voto bonaerense. La mitad da ganador al kirchnerismo mientras la otra mitad muestra a Juntos por el Cambio imponiéndose a simple pluralidad de sufragios. Con todo, eso no parece lo más serio. En realidad, cuanto encendió las luces rojas en las tiendas de campaña kirchneristas es el porcentaje que alcanzan Tolosa Paz y Gollán, inclusive en aquellos relevamientos en los cuales le sacan una diferencia de hasta seis puntos a Santilli y a Manes. En ningún caso -sumados los indecisos- se acercan ni por asomo al 50% necesario para retener los diputados que renuevan.

La idea de que superar a sus adversarios -aunque sea por un voto- representaría un triunfo para los K, es un slogan que no resiste el menor análisis. La cantidad de sufragios no resulta, en esta elección, tan decisiva como en las elecciones presidenciales. Por supuesto que salir primero siempre paga. Pero el Frente de Todos expone 19 diputados, y si estuviese lejos de obtener ese 50 %, perdería fuerza en la cámara baja. No necesariamente los votos que se le escapen irán a parar a la coalición de macristas, radicales y seguidores de Elisa Carrió. En realidad, el crecimiento de Florencio Randazzo y de José Luis Espert, si se confirmase, le hace fruncir el ceño tanto a estos últimos como al kirchnerismo por igual.

Vicente Massot

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