Miércoles, 01 Septiembre 2021 11:56

Una cínica permisividad - Por Carlos Berro Madero

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“El hombre se realiza únicamente en la medida que sabe imponerse exigencias a sí mismo”
- Jean Guitton

 

La permisividad que nos obliga a consumir un kirchnerismo tolerante con la inseguridad y la delincuencia, el desorden económico, la innecesaria identidad sexual “no binaria”, la falta de respeto a las jerarquías, el desprecio por el mérito y su manifiesto desinterés por todo lo que no le sirva para mantenerse en el poder, está provocando el fracaso de cualquier intento de su parte para resolver su crisis de identidad. 

Su tesis política versa sobre una suerte de éxtasis absurdo por recomenzar siempre desde el principio, encogiéndose de hombros ante tropiezos a los que define como “circunstanciales”, mientras sus militantes se comportan como animales acoplados para reproducirse (“garchar” Tolosa Paz dixit), incapaces de resistirse al vértigo que imponen en todas las cuestiones que debe atender un gobierno alucinado, que exhibe sus falencias en forma casi pornográfica: una fiestita “equivocada” por aquí, una vacuna “privilegiada” por allá.

La prédica de “los Fernández” y sus secuaces se basa en la felicidad que exhiben impúdicamente por el solo hecho de estar juntos, “a la vez triunfantes y vencidos”, como diría irónicamente André Comte-Sponville. Y con una ligereza con la que miran a los demás como si fueran un desecho del que hay que desprenderse cuanto antes.

Se han convertido así en una agrupación de intereses mediocres, unida por malos hábitos y ambiciones desmedidas.

Además, parecen ignorar que el universo, como es bien sabido, está hecho de azares; es decir de encuentros y desencuentros que aparentan ser fortuitos, pero que terminan convergiendo hacia fines que no necesariamente se corresponden con los deseos de cada quien.

Desconocerlo, es una ilusión propia de los que creen, como ellos, que la superioridad está basada en la “posesión” de algunos a costa de la frustración de otros, sin comprender que la permisividad a la que hemos aludido se convierte, tarde o temprano, en desorden y termina fagocitándose a quien la provoca, engendrando una aguda crispación social.

Vayan unas palabras finales para estas breves reflexiones, respecto del “coraje” que el kirchnerismo enarbola en nuestras narices para destacar supuestas virtudes de su praxis política, cacareando machaconamente sobre su “heroísmo” por hacerse cargo del poder para mejorar nuestro estilo de vida.

¡Qué cinismo!

Olvidan que el héroe en la antigua Grecia (“heros”), era el hombre divinizado, el semidiós. Y en la definición popular, es quien se distingue por acciones extraordinarias, llegando a dar hasta su vida por una noble causa. Es el coraje llevado al extremo, liberado del miedo a la muerte y PURIFICADO DE TODO INTERÉS PERSONAL.

En el kirchnerismo, por el contrario, ha quedado en evidencia que dicha “noble causa” es una lucha sin cuartel con la que intentan maniatar a la sociedad mintiéndole sistemáticamente, mientras promueven sin pudor alguno la fortuna de sus “militantes” a costillas del erario público.

Todo lo contrario de lo que señala Guitton como base fundamental de la virtud humana y que hemos recordado al comenzar estas líneas.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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