Miércoles, 29 Septiembre 2021 12:07

La vigilia obstinada de los embaucadores - Por Carlos Berro Madero

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El kirchnerismo está constituido por fanáticos que suelen utilizar las palabras como si fuesen precipitaciones pluviales, dando pábulo a las suposiciones de Adolfo Bioy Casares, cuando decía: “detrás de cada una de estas manifestaciones de afectación, ligeramente sorpresivas y ridículas, ha de haber un señor vanidoso, que se desvive porque lo admiren”.

 

Luego de las recientes elecciones -y siguiendo esta mala costumbre-, están tratando de instalar que “aquí no ha pasado nada”, con una verborragia demoledora, reponiendo en la primera línea parlante a dos figuras muy polémicas y desacreditadas, para poder borrar las huellas de su mala praxis: Aníbal Fernández y Juan Manzur. 

Mucha gente humilde –pero no idiota, como cree el gobierno-, dirá para sus adentros, con seguridad, algo semejante a una frase célebre de Friedrich Nietszche (sin saber de él): “no es el que tú me hayas mentido, sino el que yo ya no te crea a ti; eso es lo que me ha hecho estremecer”.

Porque en el mundo del extravío conceptual que lo distingue, el gobierno K sigue creyendo que sus “embaucados”, a quienes les arroja por la cabeza calefones, heladeras, bicicletas y aumentos de subsidios, han perdido la dignidad.

El planeamiento de las estrategias kirchneristas para dar vuelta los votos de los eventuales desencantados se siguen asentando además en la misma verborragia machacona de sus “celebridades obscenas”, quienes minimizan el valor del cachetazo recibido hace unos días, creyendo que la “platita” (Gollán dixit) solucionará un problema de fondo que los tiene en jaque desde hace tiempo: su incapacidad para reconocer la realidad y gobernar en consecuencia.

Como si se tratara de un “dejà vue”, el robusto nuevo Jefe de Gabinete ha comenzado a marcar el paso –¿para bajar de peso? -, indicando la supuesta presión de los medios como eventuales coautores del zafarrancho que sufrieron sus planes de gloria eterna, agregando que “alguna vez habrá que hacer algo con ellos”, siendo apoyado en sus dichos por el inefable Mario Ischi (¡tan sólo él!).

Al mejor estilo “goebbeliano” y adornando su pregón con supuestas buenas noticias para salir de una situación acuciante, reviven las tradicionales invocaciones del peronismo “fino” del que se reía Bioy Casares, cuando señalaba que para ellos “el imperativo de la hora consiste siempre en aglutinarse”.

Para que esto quede más claro aún, Gildo Insfrán, el sultán de la República de Formosa (un dirigente “enorme”, según Alberto) añadió en una charla al paso con el presidente delegado: “nuestro partido debería adoptar una postura aperturista, únicamente si le conviene”.

Kirchnerismo en estado puro.

Todo el sainete “reinvindicativo”, montado por los funcionarios más resistidos del movimiento, ocurrió mientras el “profesor” Alberto recorría un territorio que presumían era propio por toda la eternidad, donde pudo apreciar los cadáveres esparcidos de sus amigos, sin reconocer que la gente, harta, los dejó en la estacada.

Posiblemente iría canturreando con desencanto la canción premiada en el Festival de San Remo 1970:

“La Piti, piti, piti
Me quiere gobernar,
Y no sabe que yo tengo
Mi personalidad”

Todos ellos parecen olvidar que “el arte de pensar bien no pertenece solo a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas”, como señala Jaime Balmes. Y el entendimiento de lo que nos pasa es un don precioso que está ínsito en la naturaleza humana, “para guiarnos en nuestras acciones y no andar a tientas” agrega.

Eso es lo que ha ocurrido. Atolondrados y ensimismados en su marcha ansiosa e intolerante hacia el poder total y absoluto –el “vamos por todo” de Cristina-, los K divagaron sobre la realidad “real” y creyeron que permanecería intacto el viejo fuego sagrado que encendió el General Perón en los 40.

Y se encontraron, repentinamente y sin aviso, con quienes les dijeron, como los partisanos alemanes, búlgaros, polacos, yugoeslavos y rumanos al poderoso imperio soviético en 1989: “nos han engañado por más tiempo del soportable; fuera de aquí”, como hemos señalado hace pocos días.

Es imposible hacer pronósticos demasiado certeros en esta era llena de sucesos impredecibles y quizá pueda haber cambios levemente favorables al gobierno actual el 14 de noviembre. Pero lo que intriga, es qué harán con una sociedad que huele la sangre de las heridas de sus captores y les hará la vida imposible hasta 2023.

La situación económica –basta leer los mismos informes oficiales-, es tan acuciante como la social, mientras la tropa de “los Fernández” exhala a través de sus poros conceptuales un insoportable olor a naftalina.

Si la oposición sigue unida y no se mete en el barro al que desea llevarla el gobierno, quizá podamos servirnos al kirchnerismo muy pronto, “al horno con papas”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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